Se queja Pilar Cernuda en Onda
Cero del trato irrespetuoso de algunos periodistas a los políticos más
representativos de los principales partidos. Dice, y con toda la razón, que no
es justo ni digno que algunos periodistas
se dirijan a ellos cuando entran o salen de las Cortes llamándolos a
gritos por su nombre de pila.
Ciertamente es una descortesía,
mayor con personas que ocupan un cargo de relevancia. La crítica política es
otra cosa, debe ser tan dura y contundente como respetuosa. Pero en España,
cosa de la evolución política de la Transición, hemos confundido los derechos
que a todos nos reconoce la democracia por igual con el “todos somos iguales”,
una gilipollez de arriba abajo. No todos somos iguales porque no todos tenemos
los mismos méritos ni cualidades. De ahí al “todos somos iguales de chabacanos”
no hay más que un paso.
El avance generalizado del tuteo
y la consiguiente desaparición del tratamiento de usted es un síntoma de
degeneración del que no hemos querido tomar nota. Que un camarero te pregunte
“¿Buenas, qué tomas?”, en un restaurante de 25 ó 30€ el cubierto, se considera
normal y es estimulado por parte de la población; que el director de una
oficina de ahorros se dirija de tú a un anciano al que no conoce (he vivido ambos
casos) es comprendido como algo propio de nuestro siglo… sin embargo es algo
incomprensible en cualquier país civilizado, Francia, Inglaterra, o incluso
otras culturas tercermundistas y atrasadas, obsérvese que lo digo con ironía,
donde todavía mantienen el apego a tradiciones y maneras que nosotros,
muchísimo más evolucionados y progresistas, hemos abandonado hace tiempo.
Hemos perdido el paso de la
evolución, hemos perdido el tiempo y hemos perdido el norte. Ese “todos somos
iguales” nos lleva a tutear al catedrático, al cirujano o al maestro de escuela,
nadie parece encontrar méritos suficientes en nadie… “porque todos somos
iguales”. Cierto que todos tenemos los mismos derechos, cosa que nadie discute,
pero no todos somos iguales. La edad, la dignidad u otras condiciones deben
otorgar más respeto y una consideración especial al que se lo haya ganado. Pero
nos llegamos en eso, en “Oye, Mariano, qué opinas de Bárcenas? ¿Oye, Alfredo,
qué pasa en tu partido?” dicho a voces y en tumulto al paso de un ministro o
del presidente del gobierno. Y lo llaman periodismo, y hay emisoras que ganan
dinero con ello porque a miles de espectadores les parece bien.
Comparados con otros europeos,
más atrasados y bárbaros que nosotros, somos unos privilegiados, somos el país
que más tacos tiene en su idioma, el que más tacos dice y el único que lo
considera muestra de hombría, cultura y elegancia. Y es que somos así de
progres, qué le vamos a hacer.
Y ahora pónganme a parir por
antigualla, cavernícola y ajado. Y retrógrado, que soy de los que aprendieron
aquello de respetar a las personas mayores en edad o dignidad.
1 comentario:
Si, D. Pedro, pero esta gente lo ha venido consintiendo, más bien promoviéndolo. Se ha perdido el respeto al profesor, al médico, etc.
Tenemos una sociedad idiotizada que idolatra al becerro de oro que no es otro que la juerga, el vicio, y el trabajo y el esfuerzo es de tontos.
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