Palencia es una emoción:

15 diciembre 2013

Desprecio España

No, esta vez no se trata de la habitual semi depresión prenavideña que me acompaña en cuantito las fechas se acercan y los hielos caen como tijeras sobre la meseta. La verdad es que eso no ayuda, salir a la calle con seis grados bajo cero y encontrarte la cencellada vistiendo el paisaje desanima a cualquiera. Muy bonito si te pudieras quedar detrás de la ventana viendo pasar ante ti la ciudad vestida de invierno riguroso.

No, ni siquiera es malo tener que salir así a trabajar. Debo dar gracias al dios del empleo por tenerlo y porque mis "clientes" me lo ponen muy fácil. Trabajar sin excesivas dificultades ayuda a sobrellevar otras circunstancias adversas. Por ahí tampoco viene mi depresión.

Es España la que me deprime. También a mí, de manera infinitamente más humilde, me duele España, me deprime España. Me deprime Belén Esteban y su best seller; me deprime que los sucesivos ministros de Educación sean incapaces de pactar una ley válida y duradera, sobreponiendo el bien general a sus intereses partidarios y electorales.

Me duele que la evolución social de España esté marcada por Telecinco, sus programas para mentes alienadas y sus comedias casposas, me ofende que España sea una dehesa de Berlusconi, que un impresentable como él influya tan poderosamente en nuestras actitudes.

Me molesta que mediocres supinos como Zapatero se apunten al carro de "yo soy como Mandela". Me molesta que el gobierno que le ha heredado se encoja de hombros ante la nueva subida de la energía eléctrica en enero, que se mueran los pobres. Y que a todo ello el presidente de gobierno asista con los brazos cruzados sobre el pecho, con la misma ineptitud con la que asiste al deterioro de España.

Y me deprime, me aterra hasta inmovilizarme y me ofende la indiferencia con la que el pueblo español, supuestamente dueño de su destino, se enfrenta a la situación, dispuesto siempre a votar, impasible el ademán, a quienes llevan cuarenta años conduciéndonos al glorioso presente del que disfrutan parados, dependientes o usuarios de la sanidad o enseñanza. Me rasga el alma que seamos incapaces de alterar el destino al que parecemos abocados… por muchas urnas que haya por el medio. Lo llamamos democracia pero España asiste desactivada a las injusticias contra los suyos.


Desprecio una España que asume reverente que derecha e izquierda sigan siendo lo que siempre han sido, dinero confuso por un lado y palos a la Iglesia por otro: Marca España.

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