Palencia es una emoción:

19 abril 2017

El destructor de Castilla

Este domingo es 23 de abril. Lo bueno que tiene ser castellano es que nuestra historia nos permite una amplia variedad de posibilidades para elegir nuestra fiesta, desde la fecha de publicación del Quijote o el nacimiento de cualquier rey clave en nuestro devenir o cualquier grandiosa victoria que ayudara a acabar con la invasión musulmana. Y este domingo conmemoramos una derrota fundamental, la derrota de Villalar que convirtió a castilla en una parte insignificante de España. Recuerden que he dicho “conmemoramos”, no he dicho “celebramos”.

Siendo una fecha fundamental en la historia de Castilla lo es también en la de toda España. Porque hasta entonces Castilla lideraba este conglomerado que hoy llamamos España. Con el liderazgo de Castilla se acabó la invasión mora, con el liderazgo de Castilla se unificó España, se descubrió América y la cultura y la letras avanzaron todo lo que podían en aquellos siglos. Luego llegó Carlos I, quinto emperador de Alemania y todo se fue al traste. Papas e imperios tenían en cuenta lo que se decidía en Tordesillas o Medina del Campo para tomar sus decisiones, el precio del comercio se fijaba en Tierra de Campos, del castellano monasterio de San Millán habían salido los primeros balbuceos de una lengua en la que se han escrito las más primorosas obras de literatura universal, de Rioseco salían los almirantes de Castilla. Escultores y pintores escogían Paredes de Nava para nacer. Porque entonces Castilla regía el mundo.

Nada de eso queda hoy. Castilla, que había renunciado a su independencia para unificar España, pasó primero a ser alguien del montón y cuando se inventó esto de las autonomías quedó relegada al furgón de cola. Somos una comunidad autónoma “cuchara”, ni pincha ni corta en esta España despiadada de la que algunos e quieren ir después de esquilmarnos. Hay más “Sánchez” o “García” en Barakaldo o Sant Jaume de Frontaynà que en Palencia. Ya casi no quedan castellanos en Castilla después de lo de Villalar. Perdimos importancia, perdimos leyes, perdimos libertad y como consecuencia de todo ello no somos nadie en una España que no nos tiene en cuenta, una España que no tiene en cuenta a los que más españoles se sienten.

Y todavía hay ayuntamientos que están dispuestos a honrar en los próximos meses el paso del emperador Carlos por sus calles y plazas, están dispuestos a celebrar el tropecientos aniversario del paisano que causó nuestra ruina, nuestra desolación, el destructor número uno de Castilla y lo castellano. El causante de nuestra decadencia y desamparo. El origen de la despoblación y el abandono de nuestros pueblos.

Hoy nuestros nefastos políticos están centrados en ceder o no ceder a Cataluña, al País vasco o a Bruselas. Nadie habla de nosotros, no importamos, no somos nada, no somos nadie. No importamos ni a nuestros propios políticos regionales, pendientes de las decisiones de la calle Ferraz o de la calle Génova, que tras casi 40 años de autonomía se han demostrado incapaces de levantar una región que fue el granero de España y ahora es el basurero donde las industrias de fuera, que generan riqueza fuera, que pagan impuestos fuera, vienen a depositar sus escombros. Ellos nos dejan sus basuras y nosotros les mandamos a nuestros jóvenes más preparados. 

Con los políticos pasa como con los peores programas de televisión. Uno no sabe si Gran Hermano está ahí porque se ve o se ve porque está ahí; ¿“Mujeres y Hombres y Viceversa” se ve porque lo ponen o lo ponen porque se ve? Con nuestros políticos pasa algo semejante. ¿Los votamos porque se presentan o se presentan porque los votamos? No quiero olvidar que nosotros votantes tenemos nuestra responsabilidad con lo que está suicidio lento de Castilla, en definitiva somos nosotros los que escogemos a los políticos, porque presentarse se presentan muchos, pero arruinarnos solo nos arruinan los que resulten electos.
El domingo es el día de Villalar, conmemoramos una derrota que influye hasta en el orden y los minutos que las televisiones den a las noticias de ese día. Observen ustedes cuándo sale lo de San Jordi y las rosas y cuánto tiempo conceden las teles a esa noticia y cuánto conceden a lo de Villalar. 


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