Palencia es una emoción:

15 julio 2019

Manadas de menas


En las últimas fechas las violaciones en grupo han vuelto a ser noticia. Irrumpieron en nuestras televisiones cuando aquella violación grupal de Pamplona. Todas las televisiones, todos los telediarios, toda la telebasura, todos los periódicos y radios se llenaron de informaciones sobre  la manada de Pamplona. Durante años. Nos informaron exhaustivamente
de todo lo sucedido, los nombres, los lugares de origen, los trabajos y otros detalles innecesarios y excesivos de aquellos desgraciados. Las tertulias se llenaron de expertos que antes que los jueces, por encima de los testigos, más allá de la opinión condenaron en prime time a aquellos individuos. Fue la primera vez. No, no hablo de la primera vez de la telebasura, llevamos muchos años batiendo nuestro propio récord, sino la primera manada.
La semana pasada, la anterior, ésta, posiblemente la que viene (¿?), se han llenado de violaciones grupales. Parece que España se ha convertido en un lupanar del salvaje Oeste americano donde toda salvajada es posible. Los medios de comunicación nos alertan, déjenme exagerar, cada día sobre una nueva violación, una nueva “manada” cada vez más salvaje y bestial. Pero ni entre todas las violaciones, ni entre todos los violadores han sumado tantas horas de televisión, tantas portadas, tantos titulares, tantas arriesgadas opiniones como la primera. Quizá sea lógico, insistir machaconamente sobre un tema lleva al aburrimiento y sin embargo al lector y al espectador hay que tenerlo siempre prendido por la sorpresa. ¿Pero ni siquiera un poco?
Nunca ha habido tanta información (por otra parte incompleta, innecesaria y bochornosa) sobre el domicilio de los acusados, ni sobre su edad, trabajo o lugar de residencia. Ni sobre su familia. No se han visto cámaras a la carrera para arrancarles una declaración a los miembros de las nuevas manadas. No ha habido pronunciamientos docentes (¿o es mejor llamarlos adoctrinadores?) desde las alturas del gobierno, desde las alturas feministas. Nada. Casi el silencio, la noticia escueta. En algún caso se dijo que eran turistas alemanes (¿alemanes? Cuando se emborrachan pueden ser muy brutos y dañinos, pero no parece definitivo que fuesen alemanes). En otros casos se ha añadido que eran menas. Pero el silencio políticamente correcto, socialmente obligatorio, pesado, finiquitador de polémicas sociales, se ha impuesto. Y sin el elemento adoctrinador de los medios de comunicación la sociedad calla. Y tolera.
La sospecha nos inunda, ¿por qué todo este silencio, por qué toda la polémica que falta, por qué no tenemos las habituales declaraciones altisonantes de la ministra feminista recalcitrante, por qué no se llenan plazas y calles con aquellas manifestaciones masivas que aglutinaron a todos contra la manada de Pamplona? ¿Por qué todo este silencio explosivo sobre las circunstancias, con pelos y señales, de los asilvestrados cabestros violadores? ¿Dónde está, quién se los calla, por qué no nos llegan todos los precipitados juicios de expertos tertulianos en estos últimos casos? ¿Por qué nadie convoca ahora a llenar calles y plazas? ¿Quién tiene que apretar el botón?
Oiga, ¿y todo esto de quién depende? ¿Existe un ministerio de Concienciación y Movilización social?

Seguidores del blog

Otros blogs míos.