Palencia es una emoción:

31 agosto 2006

CLOS Y MONTILLA, LOS MIMBRES VIEJOS DE ZAPATERO

Con la próxima sustitución de Montilla por Clos Zapatero ha dado un giro maestro con el que soluciona varios problemas. En principio el alcalde de Barcelona debía ser el último candidato a un Ministerio tan comprometido como el de Industria. Su paso por el Ayuntamiento de Barcelona dejará un pésimo recuerdo en los ciudadanos, en el que ocuparán especial lugar el grave fracaso del Forum y la pésima gestión tras el hundimiento del barrio del Carmelo.
Lo del Forum Universal de las Culturas es inadecuadamente pomposo nombre para tan sonoro fracaso. Las inversiones que fueron necesarias para encauzar el río Besós, eliminar una terminal de autobuses urbanos, construir nuevas escolleras, expropiar los terrenos y allanarlos y ofrecer exposiciones como los guerreros de Xian se esperaban recuperar en buena parte con los nuevos edificios de oficinas que se levantaron ex profeso. Pero eso falló, como fallaron los visitantes que tan ansiosamente se esperaban a las exhibiciones preparadas. Quizá el error inicial pudo estar en la proximidad del barrio marginal de la Mina, tradicionalmente relacionado con la droga y delincuencia. Hubo un intento de eliminarlo y realojar a la población, pero no se llevó a cabo y los pocos habitantes cuya casa se echó abajo no se movieron del lugar, simplemente pasaron a ocupar otras viviendas con otros familiares.
Toda el multimillonario funcionamiento del Foro se pretendía financiar con su propia actividad, pero dado su fracaso hubo que renegociar a la baja con las empresas instaladas para que no abandonaran el lugar a media temporada. La ciudad entera con sus instituciones al frente iba a volcarse en el invento del señor Clos pero... todo ha quedado en nada, ahora mismo es un desierto de hormigón y asfalto cuyos responsables se vuelven locos para encontrar actividades en las que ocuparlo y cubrir gastos. Hay suerte el año que consiguen que la Casa de Andalucía contrate allí la celebración de la feria de Abril, pongamos por caso.
El chorro de millones que se esperaba como compensación a las altísimas inversiones nunca llegó. El fracaso fue tan estrepitoso y las deudas tan grandes que como ustedes recordarán hasta se subastaron o vendieron ordenadores, mesas, sillas, armarios y material electrónico. Incluso se deshicieron de papeleras y parte del mobiliario urbano, todo en un intento desesperado de compensar, siquiera mínimamente, el enorme despropósito financiero en que consistió el Forum Universal de las Culturas y su barroco nombre. Pagado con el dinero de todos, claro.
Lo de El Carmelo todos lo recordamos mejor, quizá porque el drama no sólo fue económico sino sobre todo, humano. La chapuza y improvisación de la obra, en la que por ejemplo faltó el estudio del terreno por el que se iba a hacer pasar aquella galería de maniobra del metro, galería que no constaba en ningún plano existente (Aún hoy no se sabe quién decidió que precisamente por ahí tenía que pasar el túnel de maniobras) llevaron al hundimiento de parte de tan populoso barrio. Otra millonada en reparaciones de los destrozos, realojamiento de los afectados e indemnizaciones, hasta el punto de que aún hoy hay familias que todavía están viviendo alojadas en hoteles. En la actualidad las obras están paradas. Y seguimos pagando los mismos.
Zapatero ha premiado esto con un Ministerio tan importante como el de Industria, evitando así que los barceloneses pasaran factura al irresponsable de tanto despropósito, hundiendo con ello al PSC. La jugada es maestra, los catalanes “pata negra” del PSC, los nacidos en Cataluña, no pueden sentirse descabezados, teniendo a uno de los suyos en el Gobierno de España. Al mismo tiempo presentan a un catalán “nacido en tierras extrañas” como candidato a la Generalidad. Todos los “charnegos” resultan incorporados a la catalanidad de un efectivo plumazo. Zapatero ha usado viejos mimbres y nos quiere vender un cesto nuevo.
Me surge una pregunta, si para ser bombero en Galicia se exige saber gallego, ¿qué se exige para ser ministro en Madrid?
http://pedrodeh.blogspot.com

30 agosto 2006

NECESIDAD DE REGULAR LA INMIGRACIÓN

Al Gobierno se le está empezando a ir de las manos el problema de la inmigración. O al menos el de la inmigración ilegal. Son demasiados miles de inmigrantes en demasiado poco tiempo como para no poder prever el colapso de los servicios del Estado, son demasiadas vidas en juego para no darse cuenta del inmenso drama de los cayucos y pateras. Algo habrá que hacer y el Gobierno todavía no parece saber qué. Al parecer tanta llamada a la Unión Europea no ha servido de mucho, tanta fragata de vigilancia parece una historia chusca y tanta devolución fallida de inmigrantes, una historia para no dormir.
Necesitamos inmigrantes, necesitamos personas que se hagan cargo de aquellos trabajos difíciles o peligrosos que nosotros ya no queremos hacer, necesitamos personas que renueven nuestros abandonados pueblos, necesitamos trabajadores que coticen a la Seguridad social, necesitamos que contribuyan, como están haciendo, al aumento del PIB. Pero hay que poner un orden en todo ello, no se puede asaltar sin más ni más un Estado de bienestar porque se destruye y sin él no hay nada para nadie, sólo la Ley de la selva lo sustituye.
Tanta regularización tras regularización y la sensación de que pronto va a haber otra, de que aquí cabe todo el mundo, han constituido un poderoso efecto llamada, es una clara sensación que ya no se puede negar. Los gobiernos, todos ellos aunque unos más que otros, se han equivocado y han pecado de demagogos y de poca visión de futuro. Pero hay otro efecto llamada más poderoso, el del hambre, el de la injusticia, el derecho a la educación, a la atención sanitaria, al acceso a la buena vida que tiene todo ser humano. Ése es el verdadero y nada desdeñable poder que tanto atrae a quienes no tienen nada que perder. Mientras las naciones no se tomen este drama en serio, mientras no se crean que se puede evitar seguirá habiendo inmigrantes que se jueguen la vida en una noche oscura sobre un mar embravecido y misterioso. Mientras no exista un comercio justo, mientras gobiernos del primer y del tercer mundo no se pongan de acuerdo en la gravedad de la situación ningún remedio ni ninguna autoridad podrá poner fin a esta situación de dolor.
Necesitamos inmigrantes, pero más aún necesitamos otra política de inmigración, necesitamos saber cuántos inmigrantes tenemos, cuántos necesitamos y a cuántos podemos proporcionar el amparo del Estado sin que se desmorone. Y necesitamos una política no improvisada que lo dirija todo ello desde el principio hasta el fin. No sirve el “Todo vale”, tiene que haber unas normas de las que hasta ahora carecemos. La torpeza del PP nunca vio las orejas a este lobo amenazador y el PSOE tuvo hace poco una buena oportunidad de regular cuanto nos está sucediendo; con una mayoría parlamentaria seriamente apoyada por el pueblo que le votó pudo haber regulado todo esto con visión de futuro, pero dejó pasar la oportunidad en pro de un bobo dontancredismo propio de una izquierda tan sorprendida de estar en el poder como encantada de haberse conocido.
En Castilla hay pueblos cercanos a la desaparición, pueblos que no llegarán a la siguiente generación, comarcas enteras a punto de poner el cartel de cerrado por defunción. Los problemas demográficos causados por el abandono y las políticas industriales de gobiernos sucesivos se ceban en nuestra desgracia poblacional, la emigración y el envejecimiento, y sólo una apropiada política de inmigración que aporte nueva sangre a nuestros campos y a la escasa industria que todavía no ha huido a la periferia (véase el caso de Fontaneda, reedición del anterior problema de la industria lanera, por ejemplo), que sepa mantener las infraestructuras todavía existentes y proporcionar los servicios necesarios, puede llegar a salvar grandes zonas de nuestro país, convirtiendo la necesidad en virtud.
Los gobiernos autonómicos deben participar activamente de las políticas de inmigración e integración, son imprescindibles, deben redistribuir las poblaciones conforme a las necesidades y servicios existentes, supervisando y regulando un proceso que si no se puede parar al menos necesita ser llevado por cauces que el Estado y la sociedad puedan resistir.
http://pedrodeh.blogspot.com/

15 agosto 2006

EL MILITANTISMO DE SUSO DE TORO Y OTROS COMO ÉL

Una de las barreras que tiene la Democracia es el militantismo, esa cerril actitud de determinadas personas que tienden a apoyar, comprender y disculpar todo aquello que provenga de un determinado partido político y a criticar, cercenar y condenar todo aquello que provenga del contrario. El militantismo es la actitud de algunos intelectuales, cuyo caso más significativo es el de Suso de Toro (escritor de cabecera de Rodríguez Zapatero, que acaba de acusar sibilinamente al PP de estar detrás de los incendios de Galicia), que son incapaces de ver la más mínima paja en el ojo del partido propio al tiempo que están dispuestos a magnificar la más leve mota de polvo que haya en el ojo del partido opuesto.
“Sectarismo” creo que sería un buen sinónimo, acaso más explícito que otras palabras. Y sectarismo y sectarios hay a raudales en los dos grandes bandos políticos. Para ellos nunca hay salvación fuera de su proyecto vital, nada existe lejos de su comprensión del mundo, nada es admisible si no proviene de sus ideólogos. Todo es necesaria y definitivamente negro o blanco, no hay colores ni siquiera escala de grises, no hay matices, no hay diferencias, todo es necesariamente malo o bueno hasta el extremo. Según de donde proceda. Son necesariamente maniqueos y del maniqueísmo y de los maniqueístas viven.
En sus planteamientos no cabe la disidencia y exigen pétreo acuerdo con firmeza inquebrantable. De los demás con ellos, claro. O te verás fuera del Paraíso, rechazado lejos de su Arcadia feliz donde sólo los elegidos son aceptados. O estás con ellos o estás necesariamente, y aunque no quieras, en contra de ellos, no hay término medio. Entran a sangre y fuego en todas las batallas, discerniendo siempre entre buenos y malos, clasificando a las multitudes según la bandería a la que parezcan pertenecer. No admiten las diferencias ni dentro de su propio bando, sólo los mejores, sólo los más fieles, los más puros, alcanzarán el Olimpo. Para ellos todo consiste en una batalla entre el bien y el mal, su partido y el odiado partido rival, enemigo de España, de los obreros o de la causa del pueblo, qué más da.
Si producen pena y vergüenza ajena estos personajes tan limitados por sus propias y complacientes anteojeras que se han otorgado a sí mismos el poder de juzgar a sus semejantes, clasificándolos según sus personales gustos y creencias, infinitamente más lamentable me parece ver gentes comunes, de las de pisar la acera todos los días, gentes de metro o autobús, gentes de hipoteca atragantante, que les siguen a pies juntillas. Cuántos oficinistas, pescaderos, maestros, secretarios siguen quizá sin saberlo sus prédicas sectarias. Siento que esa maldita intransigencia, ese borreguil militantismo está ganado las calles, siento que esa estúpida creencia de que “la salvación sólo está en mi partido y los demás que se jodan” está abriéndose camino y dominando las entretelas de una sociedad sumamente cansada de pensar por cuenta propia y que le ha cogido gusto al enfrentamiento.
La intransigencia, el catastrofismo y las dos españas están abriéndose camino en una sociedad cada vez más bipolar que se niega a sí misma la riqueza de los matices y quiere imponer la homogenización ideológica. No estoy hablando de guerracivilismo sino de malditocivilismo. Maldita la civilización que crea que para progresar hay que borrar al contrario y negarle, maldita la civilización que crea que sólo existen el día y la noche, que sólo hay dos posiciones amatorias, dos partidos, dos banderas, dos sabores, dos colores, dos tonos, dos ilusiones, dos toreros, dos deportes.
Me duele la “inteligentsia” actual, monocorde, monocromática, que no admite la riqueza del otro, de los otros, que niega a los demás sistemática y ridículamente la más mínima partícula de razón, que les condena, que se autocomplace en excluir las razones y las peculiaridades de otros, pero sobre todo me duele la pobre, estulta y generalmente infeliz infantería militante que les sigue, acompaña y besa por donde pisa.

11 agosto 2006

EL ALCALDE DE PEQUE, EL ESTADO RESIDUAL Y LA AGONÍA DE CASTILLA

Ser alcalde de tu propio pueblo es para mí uno de los más grandes honores que una persona puede recibir. Que tus propios vecinos, con lo que a veces “duelen” los vecinos, te escojan para ser su alcalde debe ser fascinante. Lejos de mí tales intenciones por clara falta de vocación, conste, pero debe ser fascinante recibir tanta confianza de quienes más y mejor te conocen.
Que te apoyen para luchar por el bien de tu pueblo y tus gentes debe animar a uno a hacer los mayores esfuerzos por ellos y dedicar horas y horas a buscar soluciones. Me imagino al alcalde de Peque pasando las tardes en el campo, cavilando cómo detener la gran peste de la modernidad que es la despoblación, cómo luchar contra el envejecimiento, cómo detener la inexorable decadencia de los pequeños pueblos de nuestra comunidad. El primer adjetivo que me ha venido a la cabeza es “desesperante”.
Por eso entiendo al alcalde de éste y de otros pequeños pueblos, esa infinidad de decrépitos pueblos al borde de la desaparición que ocupan las estepas y las montañas castellanas. Algo hay que buscar, algo hay que encontrar, algo hay que ofrecer cuando no hay más que desesperación en el horizonte. Desesperación y desaparición, eso es todo. Y mientras tanto los más ricos y poderosos se jactan de tener un estatuto que deja “al Estado residual”. La España del embudo, vaya. La España del desequilibrio, la España injusta, la España generosa con los poderosos y exigente con los menesterosos. Débil con los fuertes, fuerte con los débiles.
¡Cómo está Castilla cuando el oficio más demandado es el de pastor después del de enterrador nuclear! Pastores, pastores, bien, claro, bien está, pero lo que de verdad nos hace falta en Castilla es empresarios y empresas para que no tengamos que vendernos por un plato de residuos atómicos. Lo que nos hace falta es dotarnos de unos argumentos legales, políticos y económicos que faciliten la inversión en puestos de trabajo, en futuro, en población, en facilitar el retorno de aquellos que se vieron obligados a salir para contribuir al desarrollo económico de Cataluña, País Vasco o Alemania.
Ése es el “hecho diferencial” castellano que tanto nos cacarean otros, ése uno de los hechos diferenciales que los sucesivos gobiernos españoles se niegan a reconocer, aquí nos hemos acostumbrado a nuestra lenta agonía y a cruzarnos de brazos, “que sea lo que Dios quiera”. Conformismo (toma “hecho diferencial”) del pueblo y de las autoridades que cruzados de brazos esperamos con inmovilismo estatuario (digo bien). Castilla, el último que salga que cierre y apague.
¡Cómo está España cuando se presentan cientos de solicitudes para ser pastor por 730 euros al mes! Sería interesante que Asaja hubiese realizado una encuesta sobre la procedencia de esos cientos de aspirantes a pastor que llamaron a sus oficinas preguntando por tan magnífica oferta laboral, a ver cuántos procedían de tierras con un estatuto que deja residual al Estado.
Lamentablemente algunos nos tememos eso, que el Estado quede residual, que no sirva para reequilibrar territorios, para establecer la justicia, para compensar desigualdades, para desfacer entuertos. Lamentablemente eso será lo que quieren algunos, que desaparezca el Estado, que desaparezca toda posibilidad de combate y se corrobore la supremacía del poderoso epulón sobre los que se conforman con las migajas de su mesa.
Para eso quedamos en Castilla, pastores engañados por una falsa oferta laboral y enterradores de mierda nuclear. Todavía no sé si comprendo o compadezco al alcalde de Peque. Mecagüen nuestro conformismo, la madre que nos parió.
http://pedrodeh.blogspot.com

06 agosto 2006

ENSEÑAR EL CULO ES MÁS IMPORTANTE QUE ENSEÑAR LAS IDEAS

Hay algunas razones por las que no me gusta el verano. Una de ellas, no la más importante, es que parece que todo el mundo siente un enorme placer por mostrar su ordinariez y su vulgaridad, como si alguien hubiera dado permiso para ser zafio hasta el extremo. Quizás sea que estamos hartos de tener una determinada apariencia delante de los jefes o los clientes cuando tenemos que ir a trabajar y aprovechamos para vengarnos cuando llega el verano.
Y conste que no me refiero a esos turistas indecentes que van por las calles, museos y catedrales con barba de varios días, camiseta (Sin mangas y sudada: “Fiestas de la siega 1995. Castrillo de Pinofuente. Viva la Virgen”), y mostrando groseramente en su cintura una riñonera de cuero y el teléfono móvil de última generación, mientras del cuello exhibe una cámara de vídeo “top total”. Bueno, sí, también me refiero a ellos y a la necesidad que experimentan de enseñar impúdicamente a todo el mundo lo ricos y poderosos que son y su dominio de las últimas tecnologías. Y eso que no me he referido al reproductor MP3 que llevan colgando de las orejas.
Lo de la ordinariez va por todos ellos y también por aquellas personas que supongo encuentran un placer íntimo e indescriptible en enseñar la ropa interior. Casi siempre son señoras o aspirantes a serlo algún día, aunque a veces es excesivamente elevada aspiración para ellas. A servidor le parece que la ropa interior lleva ese nombre por algún motivo justificadísimo que la jumentud actual desconoce. Me parece de lo más antiestético, antierótico y antinatural, además de ser del peor gusto, que se vayan mostrando por calles y plazuelas los tirantes del sujetador. Moderno puede que sí, moderno puede que lo sea, pero feo....... ¡¡¡un porrón!!! Y anda que no hay medios para solucionarlo, pero para qué, si es moderno!!!
Lo de las bragas.... también muy moderno, eh, joé que si es moderno, lo difícil es salir a las calles y volver sin haberle visto las inmundicias a más de una señora.... Y cuidao que se ponen bragas llamativamente feas y vulgares aquellas que se empeñan en enseñarlas a todo tren.... porque parece que hay cierta insistencia en que el mal gusto (A veces me pregunto si estas dos palabras no deberían formar un nuevo y definitivo neologismo) alcance cotas de premio Nóbel, oigausté.
Pero en esto de enseñar las bragas hace falta doble intencionalidad, porque para ello es necesario vestir camiseta especialmente reducida y pantalón especialmente corto de tiro, ambos destinados previamente a este gilipollesco hábito.
Esta estúpida demostración de incultura y mema burrez es especialmente chusca puesto que es un tipo de ropa que casi nadie puede llevar, sólo las más jovencitas chavalillas o aquellas más mayores a las que la Madre Naturaleza haya dotado con una cintura de diosa. Con excesiva frecuencia aquellas que pretenden enseñar la cintura en realidad enseñan la barriga, con el gracioso efecto estético que supone mostrar en público esa curvita curiosa producto de la edad y del buen vivir. Verlas de cerca supone un efecto cómico digno de los mejores chistes de Gila, pues las grasas rebasan por los laterales las medidas de la escueta ropa y salen al exterior en llamativo efecto “michelín”, desbordando sebosamente los límites de la talla. Y claro, ellas van tan felices y orgullosas observando que todo el mundo las mira, aunque jamás sabrán por qué.
Y el culo, ustedes perdonen. Que es que en definitiva lo que se busca es ir enseñando el culo, que a la que te descuidas, zas, en medio del general regocijo dejas muy generosamente que todo el mundo te vea “la hucha”. La sociedad que encuentra tan divertido enseñar el culo es que ya tiene mucho ganado, ya no tiene otras preocupaciones esenciales que mantener (¿encontraré trabajo, podré comer mañana, dónde dormiré?) es una sociedad que ha avanzado mucho y ya no tiene que andar pensando. ¿Para qué pensar si mostrar el culo es más importante que mostrar las ideas?

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