Palencia es una emoción:

23 marzo 2011

Zapa, la bendición de la derecha española

Cuando Zapa se retire a sus aposentos, loado sea el Señor, habrá dejado detrás de sí tierra quemada que muy difícilmente saldrá adelante. Ha arrasado con todo el esplendor que le rodeaba y que prometía grandes frutos. No me refiero al futuro de España, no me refiero a la ristra de parados, no me refiero a las congelaciones de pensiones ni a la bajada de sueldos ni a los autónomos que cierran cada día, tampoco a la enorme deuda de España que nuestros nietos verán cómo pagan. Me refiero en exclusiva al PSOE. Tras Él, tras José Luis, la nada.

La derecha española, me refiero a la derecha social, no a la política representada básica sino exclusivamente por el PP, debería estarle eternamente agradecida. Jamás el prestigio del PSOE había caído tan bajo; jamás los famosos cien años de honradez habían sido tan contestados por siete (u ocho, depende) de inutilidad; jamás el obrero español había sentido tanta indiferencia, si no es desdén, por quien presumía de haber nacido para defenderle. Jamás tantos españoles medios habían mirado a la derecha como en estos momentos, jamás la derecha social se había organizado como hoy, jamás la derecha había representado una esperanza para los españoles como ahora. A pesar de Rajoy.

Pero además la inutilidad de Zapa, su sectarismo, sus gobiernos insensatos, sus impresentables ministros sin currículo han generado una reacción de la sociedad civil, generalmente dormida en su conformista, desmovilizado e inactivo sector de derechas, que empieza a organizarse sin temores y sin complejos. Sólo se está empezando, pero del complejo de inferioridad y de legitimidad de las derechas se está pasando a un surgimiento de una sociedad civil de derechas que le pare los pies a los desmanes de Zapatero. Zapatero ha gobernado básicamente contra determinadas capas sociales y esto termina por pasar una factura, nada comparable por otra parte a la que le pasa su inutilidad y desconocimiento a la hora de enfrentarse a la crisis económica.

Esto nunca había pasado en la medida actual, la derecha siempre estaba encogida, disimulando, lamiéndose las heridas, dejando la iniciativa a las organizaciones de izquierdas que eran las que dominaban la calle, en eso sigue todo igual, y la sociedad. Desprestigiados los sindicatos como cooperantes necesarios del desastre puede que hasta el dominio callejil se equilibre. Según Fraga la calle era suya pero sólo era parcialmente verdad si ponía en pie a un centenar de uniformados cachas.

Ahora la derecha religiosa se atreve a oponerse a las circenses actuaciones en la Universidad Complutense de la izquierda arcaica, antañona y agresivamente guerracivilista; surgen organizaciones provida, atreviéndose a llevar la contraria a la corriente social favorable al suicido asistido y al aborto, tenidos ambos como grandes iconos de la libertad, de la progresía y del no va más de la cultura progresista, no sólo sin miedo a ser tachados de retrógrados de caverna, sino oponiéndose razonada y cultamente en cualquier foro público, en vez de esconderse avergonzadamente como había sucedido hasta el momento. Pero si hasta hay un sindicato de “ultraderecha”, faltaría más, que se atreve a llevar a juicio aquellas actuaciones de la izquierda que consideran necesario. Y si nos paramos a pensar en los medios de comunicación... ¿cuándo alguno había dado la cara públicamente definiéndose como “de derechas”, cuándo alguno había sido coherente con esta definición en su parrilla, en sus presentadores y hasta en la publicidad que reciben?

Cómo habrán cambiado las cosas en España con Zapahuero que ahora mismo el mayor caso de corrupción cae sobre las espaldas del PSOE. Ah, bueno, eso ya pasó también en el final del felipismo. Más aún, ¿se dan ustedes cuentas de que gracias a Zapa, sus acólitos, sus tiralevitas y sus palmeros el PSOE puede perder por primera vez en la historia las elecciones en Andalucía? ¿No debería la derecha española besar por donde pisa Zapa?

La pregunta es cuándo tendrá todo esto su reflejo electoral en un partido de derechas, que no disimule taimadamente su programa bajo el epígrafe acobardado y taimado de “centro derecha”.

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