Palencia es una emoción:

21 diciembre 2012

Si hemos salido de campaña


Es media tarde y ya ha oscurecido. Diciembre en la meseta. El cielo es una nube. Negra. Amenazante. Satisfecha. Del monte baja el viento sin prisas, seguro, sabiendo que dominará la ciudad. El Señor.
Dentro, el color de Palencia es otoño y las aceras están sembradas de hojas muertas. O sea, futuro. El Carrión se queja en Puentecillas, llora bajo el Puente Mayor y se desmorona tras el parque Dos Aguas abandonando la ciudad en busca del Pisuerga. Llueve, más Carrión que viene.

Se apagan los comercios y La Aguadora se baja del pedestal, hace un guiño a La Gorda y le pregunta qué tal ha ido el día. La Calle Mayor está vestida para fiesta pero nadie lo sabe. Vaciedad. Soledad. Frialdad. Se oye diciembre, se oye invierno. Resuena el silencio en los Cuatro Cantones para algún despistado que sale todavía del último garito donde ha engañado a su mala vida con unas copas de alcohol barato. Sabe que le han timado pero mientras tanto ha sido feliz.

El aire es humedad. Luce el asfalto y refleja tanto brillo como ha colocado el ayuntamiento estos días. Con tanto brillo como ha colocado el ayuntamiento uno no sabe si es navidad o las fiestas del pueblo. El motivo da igual, el caso es que sea fiesta y corra el dinero. Descreídos. Abandonados. El aire es humedad y llueve.
Amanece. La Castañera retoma su puesto ante este periódico y suspira pensando en la última vez que alguien le compró castañas. Barcelona cobija a sus hijos desterrados de este valle de lágrimas. Dispuestos a votar por la independencia de quien les prometa un puesto de trabajo.

Abren despachos y comercios y Palencia toma el nuevo día por las solapas del amanecer. Ni desazón ni crisis. Emprendedores decididos a defender lo suyo. Llegan trenes y autobuses, Palencia viene a Palencia. A trabajar, a comerciar. El sol, ayer apático, vence hoy la negrura y deja monedas de calor en el cestillo de los profesionales de las puertas de las iglesias. Los autobuses acarrean empleados, trabajadores y empresarios dispuestos a enseñarle los dientes a quienes dudan de la buena masa de estas gentes. Santa Teresa dixit. Cesa la lluvia y abren nuevos comercios, el viento revoluciona alguna falda juvenil y los Cuatro Cantones callan su charla y se guiñan ojos de picardía.

Va a ser media tarde y va a oscurecer, diciembre, meseta, pero el Salón se llenará de chiguitos que se encargarán del futuro. Se enfrentará a nosotros. O a nuestras mujeres, si hemos salido de campaña.

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