Palencia es una emoción:

10 mayo 2013

Mayo palentino


Llega mayo con la hierba verde. Aún con el cielo cubierto de nubes se sabe que es primavera porque el aire cálido y juguetón lo pregona en sus correrías. Castilla está verde de horizonte a horizonte y la cosecha, si no la tuerce una mala tormenta, promete aliviar el mal rato del campo. Asoma y se esconde un sol dubitativo, que busca un hueco para contemplar el Cerrato, para ver los pinos, para calentar las catedrales de Tierra de campos, para derretir Piedrasluengas, para reflejarse en el Pisuerga, para amar Palencia.

Del monte a la vega todo es verde, verde oscuro de la encina o verde cereal. La vista se pierde a lo lejos y sigue el verde. La Pernía, Santullán, La Ojeda, Tierra de Campos, Cerrato. Castilla es primavera verde y desfila por la estrecha pasarela palentina vestida de gala para la estación más hermosa del año. Mayo es extrovertido y jovial y no tiene un gramo de grasa y huele bien. Es pura publicidad de la vida pero sin chica en biquini.


Los peregrinos que buscan Santiago tienen en la meseta un adelanto gallego pero con buen tiempo y contundente marisco de pocilga. Frómista, Villalcázar y Carrión son hitos de una pétrea Castilla peregrina que avisa al caminante cómo la primavera embellece campos donde se labró la historia de España. Piedra sobre piedra, románico y gótico cuentan al ilustrado viajero que está en tierras atestadas de pasado… Mejor no hablemos de futuro.

Bajan los ríos más jocundos que nunca, ruidosos de algarabía adolescente, borrachos de lluvia y nieve. Engreído Pisuerga siempre mirando por encima del hombro, Carrión orgulloso de ser sólo palentino, y riegan campos de promesas labriegas que sólo dentro de un par de meses cambiarán sus verdes esperanzas por el oro del trigo y la cebada. Allí, junto al recodo, un viejo puente romano cuenta aventuras que las aguas llevan dos mil años acarreando hacia el gran padre Duero. Con él tarde o temprano Palencia acaba en Oporto para volver hecha codiciada lluvia el otoño siguiente.

En Puentecillas hablándose a los ojos y mirándose en el río se han citado La Aguadora y El Campesino Ibérico para hablarse de amores, que la primavera es época propicia. La austeridad invernal queda atrás y el ánima se alborota, y con el renacimiento vegetal renace también el animal. Celosa y taimada, oculta bajo uno de los arcos, La Gorda espera su oportunidad, ya llegarán los fríos. Y de ellos Palencia también sabe un rato.

He ganado el concurso de relatos de la escuela oficvial de idiomas de Palencia con este relato en italiano  (Pinchar)

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