Palencia es una emoción:

01 junio 2014

Curas casados, cuanto antes.

Fuimos muchos los católicos que recibimos la llegada de Francisco I con esperanza. Con esperanza de que supusiese la renovación imprescindible en una Iglesia que se veía agotada, extenuada, que se iba consumiendo poco a poco sin otra posibilidad que la lenta agonía. Su presencia suponía una ruptura con papados anteriores y con un papel excesivamente conservador que estaba llevando al Catolicismo a la ruina. La Iglesia, centrada en sí misma, en sus propios ritos se dedicaba con frecuencia a lamerse las propias heridas. El otro papel de entrega a los demás, de sacrificio por los más débiles era ex profeso apartado de la actualidad por los medios y la Iglesia no lo ponía en valor, permítanme utilizar una expresión tópica pero fácilmente comprensible.

El nuevo Papa ha dado muestras de personalidad y valor; sus declaraciones poco ortodoxas van marcando una senda diferente, entreabriendo las cortinas de un escenario que muchos deseamos vivificador y renovador. Sus últimas declaraciones sobre el matrimonio de los sacerdotes así lo testifican. El matrimonio de los curas no contradice en nada ningún pasaje del Evangelio ni de la Biblia, simplemente la Iglesia tomó esa opción pensando en la plena dedicación de los sacerdotes a su parroquia, lejos de las cargas de una familia. El día que el Papa quiera esa situación puede dar marcha atrás sin necesidad de contradicción, grandes formalidades ni fuegos de artificio…

Muchos esperamos que decisiones valientes como ésta no tarden demasiado o llegarían muy tarde; la situación de la Iglesia, acosada por sus propios errores o por la mala baba de un laicismo decimonónico, que no sabe distinguir entre lo trascendente y lo mundano, sin duda para tapar sus propias inmundicias, traicionada por una derecha amoral que sigue el mensaje evangélico sólo cuando le interesa y para lo que le interesa, es grave y su camino tiende a llevarla a la desaparición o a la marginalidad. Son tantas las cosas a reformar que apenas queda tiempo en una sociedad guiada solo por el criterio de lo inmediato, de lo práctico y de lo material, que por lo tanto tiende a rechazar y despreciar lo distante, espiritual e intangible.

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