Palencia es una emoción:

22 junio 2006

HAZ, SEÑOR, QUE ESPAÑA GANE EL MUNDIAL

Señor, haz que España gane este mundial. Además de que a muchos ciudadanos les serviría para justificar sus existencias, posiblemente demasiado tristes y apagadas, siempre te podrías justificar en que ya lo predijo Nostradamus: "Cuando termine el sexto mes de 2006, el rey de España pasará los Pirineos con su Ejército. Las legiones de Belcebú les esperarán para la batalla en las planicies de Europa central. La destrucción y la derrota se abatirán sobre los malvados". No sé cuánto habrá de verdad pero toda la prensa lo repite hoy sin cesar.
A mí personalmente me sobra ésta u otra victoria, el deporte de competición me la refanfinfla, además sé que intentar comprender a tal supuesto y oculto profeta es una suprema chorrada, aunque la humorada se haga en base a un campeonato deportivo..., pero cuánta gente sería feliz, cuántos han depositado sus esperanzas vitales en tamaña gesta épicodeportiva, cuánta mala baba ibérica desaparecería.
Se nos acabarían los males patrios, Señor. Perdón, ya sé que utilizar “patria” para referirme a España es algo que en nombre de lo políticamente correcto no debería hacer, pero me anima a ello ver a miles de ciudadanos enarbolar la bandera rojigualda sin que se les caiga la cara de vergüenza, nefando pecado que jamás osarán cometer en otra ocasión que conlleve el más mínimo referente político, no vaya a ser que les llamen fachas. Con Franco el que no besaba la bandera cinco veces al día en dirección a Madrid era mal español; ahora es facha (equivalente a mal español en el lenguaje políticamente correcto actual) el que la celebre, cosas de la política y de los excesos, que este país es de lo que no hay.
Por otra parte, panem et circensis siempre fue buen aliado de la res publica, esa sensación de decrepitud, de que todo va mal, de que nada bueno es posible en estos turbulentos tiempos se iba a trasmutar por la contraria. Seguro que alguien inventaba una frasecita que dijera algo así como “Con nosotros siempre gana España”, o “Con nosotros España va chachipiruli”. Y puesto que unos y otros magrean el nombre de España hasta la desesperación tampoco pasaría nada si ya de paso el populacho fuese feliz. Todavía me acuerdo de aquellos tiempos en que el nombre de cierto partido político salía sobreimpresionado en televisión cuando Butragueño marcaba un gol, eso es finura de detalle y estar al loro. O al oro, vaya.
Con la euforia resultante de tan magna victoria desaparecerían todos nuestros males, la escasez de pisos, las temidas hipotecas, el enfrentamiento entre partidos, la carestía de la vida, el empleo precario, los atracos violentos, todo desaparecería momentáneamente o al menos carecería del más mínimo interés social, porque seríamos los mejores del mundo mundial.
Los beneficios serían múltiples y se repartirían por todo el Estado en proporción inversamente proporcional a su situación económica, política y cultural, por lo que todas las naciones de esta meganación panibérica estarían contentas, "dame pan y llámame campeón". Y lo bien que se circula por las calles cuando hay fútbol en la tele, sin coches ni ruidos..., cómo bajan las visitas a los servicios de urgencias, cómo se vacía el híper al que suelo acudir... Señor, sólo por esto merece la pena. Por esto y por sus alegrías, ¿no escuchas a niños y mayores, a jubilados y adolescentes, a obreros y brokers? ¿Acaso no reparas en cómo les brillan los ojos, cómo se les cae la babilla, cómo les tiemblan los labios?
Pero mucho sospecho que todo ello desaparecería inmediatamente en cuanto se apagase el último foco, en cuanto se cerrase la última cámara, en cuanto se agotase el último titular a toda plana, que en la casa del pobre la felicidad sólo dura un corto periodo de tiempo. Todo volvería a ser como siempre, los mismos atascos, los mismos precios, hasta el calor subiría sin duda alguna. Oh, Señor, te ruego que dentro de un mes vuelvas a convocar otro campeonato mundial de la cosa.
Pero, Señor, Señor, que Nostradamus tenga razón
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