Palencia es una emoción:

21 enero 2010

Haití no debería existir

Haití no debería existir tal y como lo conocemos. Como lo hemos conocido, digo. Haití siempre fue nada. Agujero de ficción en medio de la inexistencia. Un vacío, una ausencia. Necio desierto huero sin nada dentro. Entelequia insoportable al ardiente sol sin sombras. País sin Estado, Caribe sin playas.

Quintaesencia de la pobreza, ciego en el país de los tuertos. Un Nopaís con una Noconstitución redactada por Nopolíticos y rellena de Noleyes. Habitado por cadáveres muertos. Presidido y dirigido por zombis vivos. Una colección de estómagos vacíos y gargantas secas. Una sucesión de ignorancias seguidas de inculturas y rellenas de desconocimiento. Adornadas con guirnaldas de brujería y superstición.



Entonces Haití sólo existía geográficamente, ahora se duda. Para la ONU era burocracia con matasellos de la “General Post Office” entre la Octava Avenida y la Calle 33; para los demás era un nombre más. Ahora es un nombre más de la Impotencia. Si la ONU hubiera existido no habría existido este Haití; como existe este Haití tal vez no debería existir la ONU.

Siempre me ha planteado dudas la necesidad de la ONU. O el trabajo de la ONU. Para qué sirve la ONU si existía Haití. “Como no te duermas viene la ONU” amenazaban negras madres a sus hijos díscolos. Qué plamplinas representaban en Haití tantos cascos azules, tantos funcionarios de la Unión Europea. Tantos años allí. Qué hacían tantos cooperantes, tantas ONGs. Para qué servía tanto generoso esfuerzo, tanta entrega, tanto sudor noble y vacío. Tanta fe incomprensible en el género humano. Qué cambiaba en ese agujero de ficción en medio de la inexistencia después de tantas décadas de entrega. Qué mejoraba, qué subía. Regar un desierto huero vano y vacío con sudor no conduce a nada.

Y ahora qué. Diez años para volver donde estábamos. Pero dónde estábamos, dónde estaba Haití hace una semana: Un vacío, una ausencia. Necio desierto huero sin nada dentro. Entelequia insoportable al ardiente sol sin sombras. País sin Estado, Caribe sin playas. Y ahora qué, repito. Cubrir todo el país de cal viva, vestirlo entero de luto y edificar encima una nueva convivencia. Civilizada, esta vez. A la que, ahora sí, habrá que alimentar, vestir, cobijar, proteger, educar, animar, curar.

Y enseñarles a pescar para no tener que seguir dándoles peces tan estúpida e inútilmente como hasta ahora. Si no, mejor sería que no existiera la ONU. Ni la Unión Europea. Ni la Unión Americana.




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