Palencia es una emoción:

29 marzo 2010

María Antonia Iglesias y los padres de Mari Luz Cortés

Que el periodista nunca tiene que ser la noticia, sino saber contarla con exactitud y objetividad es una máxima que algunos parecen haber olvidado. Es un fenómeno que se da en la radio, pero sobre todo en la televisión. Igual que hay jueces estrella, ahora estrellados, hay periodistas a los que merecería la pena estrellar. Figuradamente, claro, claro, claro, claro…
No sé qué tendrá la tele que los vuelve locos. Personalmente es un medio al que nunca he encontrado la medida, nunca me ha llamado la atención, nunca me ha interesado tanto como la prensa escrita, sea de papel o esta versión digital que te  permite ser leído desde Singapur, por ejemplo, a los lectores que se conectan habitualmente desde allí envío mis saludos.
Que no sé qué tendrá la tele que los vuelve locos, decía. A algunos periodistas me refiero, que de momento ya está bien de meterme con los varios miles de belenestebanes que pululan por los platós. Hay periodistas que se convierten ellos solitos en noticias en cuanto el regidor dice eso de “ya estamos, oyetú”. Y claro pierden los nervios, el oremus y el propio respeto con tal de imponer su voz, imponer su criterio e imponer su malas maneras. Maria Antonia Iglesias es una de esos personajes faltones, maleducados, gritones e imperativos que convierten un debate en un combate. Su dialéctica se vuelve esgrima. Sus argumentos, topetazos, sus acusaciones, insultos.
Claro, eso es lo que vende, por ese espectáculo les reclaman de unas televisiones zafias, barriobajeras y sanchopancescas que saben perfectamente que se dirigen a una España ignara, vociferante y que confunde la razón con el volumen de la voz, que confunde los argumentos con los tegumentos. La España de la Logse, me atrevería a decir si camináramos hacia otra España mejor.
Son periodistas espectáculo, que ya que no consiguen destacar por la calidad de su trabajo (sí, ya sé quién ha sido María Antonia Iglesias, precisamente por eso lo digo, claro) prefieren destacar por la calidad de su espectáculo. Penoso espectáculo, tan penoso como la audiencia a la que se dirigen, tan penoso como la España a la que se dirigen. Cualquier cosa antes que pisar la calle o tener que trabajar ocho horas en una redacción. Son periodistas churriguerescos, que convierten su labor en una exhibición de floripondios, retorcimientos argumentales y maneras enrevesadas con tal de llamar la atención y conseguir ser contratados en el siguiente show. O eso o el circo. La diferencia es que a los Churriguera les salió la plaza mayor de Salamanca y a María Antonia le sale…  le sale María Antonia Iglesias, la pobre.
La periodista espectáculo, la periodista vocinglera, la periodista chillona, la periodista que pretende llegar con sus malas maneras donde no llegan sus malos argumentos ha ofendido públicamente a los padres de Sandra Palo, Marta del Castillo y Mari Luz Cortés. A estos angustiados padres, lo que llevarán sufrido todos ellos, se ha atrevido a llamarlos padres espectáculo -¡¡Ella!!- quizá porque desesperados ya no saben dónde acudir ni a quién recurrir para encontrar amparo a su dolor, para encontrar remedio a sus males, para poner freno a sus lágrimas.
Todo porque alguno de ellos ha entregado su carnet del PSOE y se ha pasado con argumentos y esperanzas al enemigo. Sí, ya sé que debería haber dicho “rival” en vez de “enemigo”, pero tengan en cuenta que estoy hablando de María Antonia Iglesias.

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