Palencia es una emoción:

13 julio 2012

La victoria de España


Les confieso que no he visto ningún partido del pasado campeonato europeo que ahora hemos dado en llamar Eurocopa. Ni siquiera la final, a la que simplemente echaba un vistazo a ratos perdidos. Sin embargo me alegra hasta el infinito la victoria de España.

En plena crisis económica, rodeados de despidos, de rebajas sociales y otras dificultades que el presidente anterior no supo prever ni el actual sabe combatir, una alegría popular de este calibre es de agradecer. Ver esa profusión de banderas españolas en un país absurdamente acomplejado en ese terreno es vigorizante anímicamente. De ahí a utilizarla como símbolo político nacional, de unidad frente a la adversidad, en vez de símbolo exclusivamente deportivo hay un complicadísimo paso que tal vez alguna generación se atreva a dar. Conste que yo no he puesto en mi balcón la bandera de España, sino la de su madre: Castilla.

Me alegra también por tocar los tegumentos procreativos a los nacionalistas periféricos, que se han tragado con patatas esa victoria y la colaboración de jugadores procedentes de todas las regiones de España (¿por qué cuesta hablar de “regiones”?) en ese contundente resultado final. Ver cómo sus televisiones ocultaban las banderas españolas o sus periódicos realizaban malabarismos para evitar la palabra “España” me reconfortaba placenteramente más que una sueca en una playa del Caribe.

Escuchar a algunos comentaristas enfermizos mil razones para denigrar a España, argumentando peregrinas afirmaciones -qué pesaos con eso de “Espanya ens roba”- para contrarrestar la euforia popular ha sido más bonito que obtener una tarjeta para aparcar gratis en la zona azul de Palencia toda la vida.

Tampoco, lamento ser tan desinteresado, he visto el multitudinario desfile por las calles de Madrid y el recibimiento que millones de ciudadanos les han proporcionado. Que disfruten hasta hartarse, caramba. Me dicen lenguas viperinas de la prensa que algunos jugadores iban con sus facultades ligeramente mermadas al encontrarse en brazos de Baco. Que para celebrar algunas personas necesiten emborracharse es tan penoso como frecuente y si han dado el pésimo ejemplo delante de millones de espectadores es para darle dos collejas al responsable, al irresponsable quiero decir. Sin embargo es un detalle insignificante en una España que admite cualquier moral como buena, que ha perdido el norte ético y que sólo piensa en sexo y alcohol. Rápido y barato, respectivamente.

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