Palencia es una emoción:

02 marzo 2013

Treinta años de tontería


El pasado lunes, con gran pompa y boato oficiales, se ha celebrado el trigésimo aniversario de nuestro estatuto de autonomía. A las calles nada ha trascendido, nadie se ha enterado, y la fecha ha pasado inadvertida. Les hablo de Castilla y León, este cero a la izquierda de una España que pena ahora sus errores de casi cuarenta años.

España está en un serio aprieto con referendums de independencia, propuestas de federalismos asimétricos o deseos de los más ricos -cómo no- de tener una Hacienda propia y diferenciada. Pero para todo ello Castilla y León no pinta nada, nadie escucha su voz. Recordemos que Castilla y León existe por empeño personal de Martín Villa, que aludió a "intereses del Estado" para justificar su existencia, pues era la condición impuesta por los nacionalistas para aceptar la Constitución. Castilla no existe como autonomía porque sería demasiado grande y fuerte para quienes pretendían manipular el Estado conforme a sus egoístas intereses. Y así le está yendo a España en manos de “esos” intereses.

El Estado cedió, desmembrando a Castilla. ¿Pero Madrid no es Castilla? ¿Y las antiguas provincias de Castilla la Vieja, Santander o Logroño, o las de La Nueva, Toledo, Cuenca, no han sido siempre Castilla? España, el Estado, creyó que cediendo a aquel chantaje cerraría por siempre el peligro de la secesión. El tiempo ha demostrado que aquella fue sólo la primera de las demandas nacionalistas que nos han convertido en una nación a punto de la extinción.

Se contentó a los nacionalistas para que Castilla no pintara nada en un Estado que ella había creado quinientos años antes, Estado que los que quieren irse de él manipulan a cambio de sus votos; España está acogotada por quienes la chantajean a cambio de privilegios fiscales o políticos, está en manos de quienes hacen de la queja y de la amenaza permanente su forma de relación dominante con el resto de la nación.

Castilla y León celebran el trigésimo aniversario de una autonomía que es un elemento pasivo en el Estado, dejándose llevar por otros y sus intereses. Es doloroso que nuestras instituciones celebren una fecha que es raíz de graves problemas políticos, mientras dejamos la dirección del Estado en manos de quienes nos sacan los dineros para sus embajadas, sus políticos y sus televisiones, mientras se mofan de nosotros, nos amenazan con hacer de la Constitución y de nosotros lo que les pase por la imaginación. Un gran éxito el tuyo, España.

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