Palencia es una emoción:

11 marzo 2012

Presentación del PCAS en Valladolid


Salvo varias improvisaciones y un par de "morcillas" añadidas al final, éstas fueron mis palabras en la presentación del Partido Castellano en Valladolid.

Debo empezar por reconocer que cuando me detengo a pensar en Castilla me surge una larga serie de emociones poderosas y sentimientos sugerentes que resultan poco prácticos desde el punto de vista partidista o político; no es el de la política el camino por el que he sido llamado, si una vez lo intenté lo coroné con el más rotundo fracaso, no se espere de mí por tanto que hable como un político. Si alguno de los que estamos aquí tuviéramos la solución política para Castilla (que además pasaría por disponer de suficiente apoyo económico, material y humano con el que hacer frente al despilfarro publicitario efectuado desde otros partidos y todas las instituciones)… probablemente no estaríamos aquí.

Me temo que poco puedo añadir yo a todo lo que domina la cabeza de los presentes así que me limitaré a recurrir a la lógica y al sentido común, que a lo peor me llevan a chocar con determinadas posturas: Si queremos defender a Castilla y lo castellano pensemos en Castilla y en los castellanos. Tan simplemente. ¿Cómo son, cómo sienten, qué piensan los ciudadanos de Valladolid, Burgos o Toledo? ¿Cuáles son sus primeras preocupaciones? Desde luego no lo es el mapa autonómico, aunque para mí y probablemente para todos nosotros sea una constante. Claro, la palabra es la que estamos pensando todos: CRISIS. Ofrezcamos a los castellanos soluciones claras, prácticas y sencillas (¿pero las hay?) a los problemas económicos… de los españoles.

Porque, y habrá quien rechace esta realidad, ésa es otra de las constantes políticas de nuestros ciudadanos: son burgaleses y españoles, palentinos y españoles, conquenses y españoles. Y luego sí, luego son castellano leoneses o castellano manchegos. No se me ocurren soluciones ajenas a esa realidad de los castellanos, salvo salidas que en Castilla producen un claro rechazo. El castellanismo debe ofrecer lo que buena parte de los ciudadanos quiere oír: Castilla es la solución para España, lo que pedimos porque es bueno para Castilla es bueno para España. Todo aquello que es malo para Castilla es malo para España. ¿Que los nacionalistas periféricos ponen en un compromiso al Estado porque piden o porque tienen un concierto económico propio? Eso es malo para Castilla, que la tarta del presupuesto es la que es, y cuanto más rapiñen otros más injusticia se comete con Castilla. Pero también es malo para España, que debe ser de todos y no sólo de unos cuantos que tienen los votos parlamentarios necesarios para manejarla a su antojo. Y aprovechemos que el Pisuerga pasa cerca de aquí para demostrar que una sola comunidad autonómica es más barata que cinco. Las cartas sobre la mesa, aclaremos que la actual división autonómica perjudica a Castilla y favorece a otros, a aquellos que la impulsaron interesadamente.

Echo en falta aclarar contundente y notoriamente a potenciales votantes castellanistas que los nacionalismos periféricos no son nuestros compañeros de viaje, son nuestros rivales pues con ellos competimos por el reparto de la tarta presupuestaria; ellos son rivales que compiten con ventaja sosteniendo a los gobiernos o dejándolos caer cuando interesa; compiten con ventaja cuando tienen concierto económico propio o cuentan con ventajas comerciales de las que nosotros carecemos. Ese ventajismo nacionalista es la representación legal de la injusticia con la que el Estado nos trata por el mero hecho de no poder influir en sus políticas. Esa denuncia, basada en dolorosos hechos, llega fácilmente al votante, ¿por qué no clavarla mil veces en las puertas de las catedrales de Castilla?

Como sé que algunos oídos estarán rechinando quiero explicar que no pretendo identificar como ya hizo el generalito gallego a Castilla y España, identificación que sólo nos trajo pobreza, emigración y desindustrialización; pero yo soy castellano y voy por lo tanto en un barco llamado España, que es mi barco pero ni soy ese barco ni lo gobierno. Pero tampoco quiero que lo gobiernen otros nacionalistas, ni por coaliciones con los grandes partidos, siempre endeudados con la periferia, ni por presiones políticas.

Quisiera en este momento llamar a todos a una reflexión literaria y ponernos todos a reflexionar como los grandes autores de la generación del 98. Siendo todos, o casi todos, gentes de izquierdas que vieron el exilio o el destierro no solamente cantaban en sus obras el dolor que les producía la España que les tocó vivir, sino que miraban al interior, donde se encontraban con Castilla. Vascos, gallegos y andaluces cantaron pero también defendieron estas nuestras tierras castellanas con fuerza reclamándolas como las entrañas de España.

Sé que desde el punto de vista de la reflexión personal de muchos castellanistas las soluciones deberían ir en dirección opuesta y que estoy cometiendo algún tipo de nefando pecado. A mi modo de ver los políticos, quienes aspiran a proporcionar desenlaces afortunados a los problemas de los ciudadanos, deben partir en sus presupuestos ideológicos de la realidad que les rodea, de las circunstancias reales en las que viven, aunque no les gusten. Sólo si el político conoce bien la realidad, la interpreta correctamente y actúa por tanto en el punto adecuado puede llegar a cambiar esa realidad que le desagrada, si le desagrada.

No quiero terminar sin aludir a dos aspectos a los que me refería de pasada al principio:
  • 1.       La crisis que nos ahoga, que causa paro, las reformas económicas que ponen su acento en despidos fáciles y la caída de las inversiones públicas en el desarrollo, la Educación y la Sanidad, y que es ahora la primera preocupación del ciudadano. Eso es lo primero que la sociedad demanda.
  • 2.       Lamentablemente la democracia no es un sistema perfecto, recordemos que es sólo el menos malo de los sistemas… En las actuales circunstancias un pequeño partido no puede luchar en igualdad de condiciones con los grandes partidos cuando no tiene el mismo acceso a los medios, a la publicidad o al dinero, poderoso caballero que rige nuestros destinos, nuestras decisiones… y las de los votantes. Tengamos en cuenta que es imposible convencer a nadie de la bondad de una propuesta si esos argumentos no salen mil veces en la radio o en la tele y que eso cuesta dinero. Y si además esa propuesta se sale del carril trillado por el que trascurre la plácida vida del votante, o si el líder no está acompañado de una cohorte de asesores que participen activamente en las tertulias y que aparezcan asiduamente en los periódicos la tarea se convierte en hercúlea.

Y una breve queja para finalizar: Los intelectuales castellanos. ¿Dónde están, por qué no han acudido a la llamada, por qué esa falta de compromiso con lo suyo, por qué esa estruendosa ausencia, ese desinterés que contrasta tan meridianamente con el compromiso que otros intelectuales han tomado por sus tierras, sus gentes y sus circunstancias? Ahí tenemos otra margarita que deshojar.

9 comentarios:

Es verdad, tema a parte dijo...

Aguirre el azote de la izquierda en todo su esplendor:

http://www.youtube.com/watch?v=_B6F87YGTws

Esperanza, la Dama de Hierro Made in spain

Es lo que hay, sin ánimo de ofender

Anónimo dijo...

Genial Don pedro, adelante, adelante, viva Castilla

Anónimo dijo...

Mire, Don Pedro, si los castellanos tuviésemos todos las ideas tan claras, no habría ni castellanoleoneses ni castellanomanchegos, sólo Castilla y sin concesiones ni al Estado ni a los nacionalistas catalanes o vascos. Ójala llegue ese día. Muy bueno el artículo.

Anónimo dijo...

A ver cuándo llega la próxima escisión.

Vicente dijo...

Don Pedro, no estaría mal de vez en cuando recordar su cita, tan definitiva: "Defender a Castilla no supone ofender a nadie, apreciar a Castilla no supone despreciar a nadie, amar a Castilla no supone desamar a nadie. Castilla sólo desea que se la quiera y que se la defienda sin necesidad de negar a nadie." Saludos desde la muy castellana villa de Madrid. Un abrazo, amigo

Pedro de Hoyos dijo...

Un abrazo, Vicente, y muchas gracias por mantener vivas esas palabras. Me siguen gustando. Veo que no a mí solo. Gracias de nuevo

Javier de Miguel dijo...

Esas palabras son las que deben calar hasta el subconsciente profundo en todos los castellanos, desterrando la falacia de que el castellanismo es la negación de lo español.

Pedro de Hoyos dijo...

Muchas gracias también a ti, Javier, sinceramente. Un saludo

Anónimo dijo...

Muy interesante reflexión, con la que muchos castellanos como el alcarreño que escribe coincidimos al 100%.Enhorabuena por la presentación.

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