Palencia es una emoción:

05 abril 2013

Roma queda demasiado lejos


Hoy me he levantado enfadado y un tanto deprimido, no sé si es por tanta lluvia incesante o porque se impone la dura realidad presente. Soy consciente de que anoche me mojé mientras sacaba a Zoilo a su último paseo diario y de que esta noche el paro, los escraches, los desahucios y la mala situación económica en general me han proporcionado mal descanso y algunas pesadillas.

Échenle la culpa a lo que quieran, pero el cielo nublado sigue cubriendo España y el desasosiego a los ciudadanos. En busca de consuelo he venido a mi café preferido y después de dos cervezas con limón, con mucho más limón que cerveza, he encontrado cierto alivio al ver que mi mal es muy común. Ya saben, mal de muchos... Hablando con unos y con otros, entre vaso de cerveza y pincho de tortilla (algún día los sociólogos deberían explicar la importancia del pincho de tortilla en la moral colectiva española), he pensado que echo de menos palabras convenientes y gestos contundentes de quienes tienen en su voz y en sus manos la terapia del poder: partidos, rey e Iglesia.

Desecho ya de entrada a los partidos por ser corresponsables y co-causantes de la actual situación, así que los elimino sin dilación ninguna, Sí, ya sé lo que me van a decir ustedes, que el desprestigio también acompaña a las otras dos instituciones y que no les sobra crédito entre la ciudadanía. Cierto, cierto, pero como ésta es mi columna de opinión y la opinión es subjetiva, permítanme que conceda todavía crédito al Rey y a la Iglesia, quizá simplemente porque no firman el BOE y porque se supone que deben mantener una posición neutral, por encima del debate político.

Espero, habría esperado hace tiempo, palabras del rey en apoyo a quienes sufren y desautorización para quienes causan ese sacrificio: políticos, banqueros, cajeros, (de las Cajas de Ahorros, digo) y corruptos, llamados con nombres y apellidos, censurados y avergonzados en plaza pública. Habría esperado hace tiempo energía política más allá de las palabras, vigor verbal y acompañamiento a los desesperados. Palabras y gestos, cercanía y comprensión.

Y la Iglesia, claro, la Iglesia de Francisco I, el de los bellos e impactantes gestos, el de las hermosas sorpresas, el de la esperanza resurgida, el que rompe moldes. El de la renovación. Pero la Iglesia de Roma está demasiado lejos, atiende a demasiados conflictos mundiales, demasiados temores y demasiadas ansias, así que me referiré a la de Rouco Varela, que es la misma Iglesia pero a la vuelta de la esquina, en tiempos en que en cada esquina hay un pobre. Y ambas son mi Iglesia, caramba. De ella necesito más contundencia, más denuncia de la injusticia, más acusación a los culpables, más soluciones a los problemas, más amparo a los desamparados, más casas a los desahuciados.

Ya ven, además de depre, hoy me he levantado ingenuo y amargamente crítico. Quizá sea porque el mal tiempo acompaña desde hace varios años a esta sociedad que me ahoga y me desespera, quizá sea porque dicen las estadísticas que en el mes de marzo ha llovido más miseria que nunca sobre España.

Tonto que se pone uno con el paso de los años.

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