Palencia es una emoción:

04 abril 2014

Del ministro, monseñor y otros

Sin medias tintas: Hay veces que uno no tiene las cosas claras, hay sombras y dudas, hay variedad de matices y poca contundencia a la hora de definir las circunstancias. Pero si he de elegir entre un ministro y Caritas, se acabaron las dudas, los matices y la indefinición: Escojo a Caritas, sea el ministro clerical o anticlerical, sea laico o, como es el caso, miembro de un partido democratacristiano.

El ministro tiene que defender sus presupuestos, mentales, ideológicos y económicos; Caritas solo defiende a los hambrientos, la elección no es dudosa. Y si al ministro le duele el mensaje debería al menos respetar al mensajero, a más alboroto ministerial más razón para quienes se quejan de que haya niños malnutridos. Excusatio non petita…, o al menos se acerca mucho a eso, vaya. El problema es que al ministro le duelen los números más que las personas; a los ministros, a todos, los árboles de la gestión les impiden ver el bosque de los problemas sociales.

Desaguisado histórico:  Después de la barbarie zapateril -¿pero es que nadie le pide cuentas?- podía el PP haber empezado la casa de la reconstrucción por donde quisiera, y quiso empezar por los derechos, por los trabajadores, por los jubilados, por la Educación, por la Sanidad, por los más débiles. ¿Qué podía esperarse? Que España se llenase de dolor y de rabia. Y en eso estamos, con España otra vez en las barricadas y con los niños pasando hambre. Lo dice Caritas y el ministro se rebota, que le den al ministro.

Del dolor, de la rabia y de las barricadas. Muy contenidos estamos los españoles; luego dicen -decimos- que somos primarios y brutos; esto hace un siglo ya nos habría constado otra guerra, pero no ahora, Monseñor. Hemos aprendido a fuerza de palos, pero también a fuerza de empeño y voluntad, se llama Educación.


Si las piedras volaran. Empezaron a volar en Gamonal y han seguido en Madrid y Barcelona. Sería cosa mala que no se evitara su vuelo. También en esto lo tengo claro, si veo a un tío con un tirachinas y un cóctel molotov por un lado y un policía por otro sé hacia dónde debo buscar protección. Qué fácil la argucia de algunos politicastros al fundir a unos y otros en la misma demagogia. Todos los regímenes, incluso Corea del Norte o Cuba, paraísos de algún niñato mentecato, han de tener quien defienda el orden legal. Una democracia, la nuestra por ejemplo, también y con más motivo. ¿La suya no?

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