Palencia es una emoción:

04 julio 2014

¿De quién es el mérito?

Acaban de salir las cifras del paro, toda la prensa se arracima a contarlo y sólo difiere en el tamaño de los titulares y en si colocan la noticia en página par o impar. La cifra de parados baja en 122.684 personas mientras se crean más de cincuenta y seis mil empleos. El gobierno está haciendo sonar todas las fanfarrias mediáticas y el que no baila y ríe es porque no quiere. Las medidas de Rajoy están surtiendo efecto y la economía reacciona.

No me llamen populista ni me apunten a las filas de los eternos pesimistas ni a las de amargados seudopolíticos populistas, no lo soy, pero quizá a los lectores les convenga recordar qué nos hemos dejado en el camino, desde aquellos tiempos en que Zapatero se esforzaba tan denodada como inútilmente en negar la evidencia de una crisis hasta el momento actual de tanto cohete y tanta alharaca.

Se han realizado dolorosas reducciones en materias tan imprescindibles como Sanidad o Educación, donde personal y medios alcanzan mínimos históricos. Pese a fuertes presiones sociales, se han realizado centenares de desahucios de ancianos, enfermos o simples personas honestísimas. Decenas de miles de obreros han conocido la desesperación del paro y el dolor de la incertidumbre sobre su futuro. Y sí, efectivamente, todo esto había empezado ya con el gobierno anterior cuando Rajoy llegó al poder, asunto que al que lo sufre le trae al pairo.

Todo el dinero empleado anteriormente en rotondas prescindibles, en tapias de cementerio, en acerado de lujo, en verbenas con los más caros grupos musicales o en carriles bici peligrosos y mal planificados hemos de devolverlo durante los próximos siglos, empeñando en la labor a nuestros descendientes. Al mismo tiempo España está envejeciendo, se está despoblando y nuestros hijos y sobrinos emigran a Alemania o a Brasil para buscarse un porvenir, lo que repercute en nuestras futuras pensiones y en nuestra calidad de vida. Las reformas sociales que se han hecho han ido siempre en contra del trabajador, al que se le acumulan las desventajas de indemnizaciones, jubilaciones, sanidad o educación.

Al mismo tiempo, nuestros diputados y senadores disfrutan de unas jubilaciones en condiciones ventajosas y cobran sueldos de escándalo completados con dietas de escándalo. La ley electoral sigue favoreciendo que los cargos respondan ante su partido pero no ante los electores, primando la obediencia y la sumisión, manteniendo así un sistema que facilita la endogamia, el clientelismo  y la corrupción. ¿Qué reformas se han hecho en este campo?

En la misma fecha en que salieron los felices datos del paro la prensa señalaba también que una de tantas cajas de ahorro, reflotada con dinero de todos, pagaba a su vicepresidente y delegado once millones de euros como indemnización. Añadamos también que las ventas de vehículos de lujo subieron en junio un sesenta por ciento. El sistema político que permite esto es un sistema inmoral y que debe ser sustituido inmediatamente por otro más justo y social.


No me llamen populista ni me junten con perrofláuticos personajes: Vale, mejoramos, hay más puestos de trabajo, menos paro… pero ¿quién ha salido ganando de todo esto? Y otra: ¿De quién es el mérito?

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