Palencia es una emoción:

31 julio 2006

ZAPATERO LLEVA A SU HIJA AL COLE (OTRA VISIÓN DE LA ÉTICA DE LA IZQUIERDA)

Hace mucho que dejé de creer en los políticos. Hace mucho que dejé de creer en la Política, que debería ser el noble ejercicio de lucha por el pueblo. Hace mucho que dejé de creer que el pueblo luche por su bien.
Quizá por edad la Transición me ilusionó, me pilló en plena inconsciente juventud y me lo leía todo, me lo veía todo y me lo creía todo. A cuántos mítines asistí en aquella acelerada época. Ingenuo que era/es uno. Aún perdiendo jirones continuamente, conservé la inocencia excesivamente infantil hasta los últimos años de Felipe González. Que se negase estúpida y reiteradamente a ver la corrupción que asoló sus últimos años fue la gota que desbordó el vaso de mi inapetencia política. El Gal por un sangriento lado y los casos de Juan Guerra y Roldán por el lado económico-choricil supusieron para mi candidez que tampoco la izquierda tenía la solución de la Política ni de la Ética. No es que fueran todos iguales, pero todos terminaban igual.
Y encima Alfonso Guerra se pidió un avioncete para volver de Portugal a los toros sin tener que esperar colas en la frontera. Otro mazazo a mi idealismo ético izquierdoso. La renovación ética echada al mar una y otra vez por quienes se empeñaban en comernos el coco con lo de los “Cien años de honradez”. A uno le daban ganas de preguntar qué entendían por honradez los exégetas de la izquierda, pero preferí no hacerlo porque ya había decidido dejar de asistir a mítines. Hay cosas que los cuerpos no aguantan con el paso de los años.
Sólo la inutilidad y la cerrazón de una derecha poco práctica y muy torpe le impidió alcanzar el poder varios años antes. Cuando por fin lo logró nos metió de hoz y coz en una guerra inhumana, injusta, inmoral y degradante a pesar de ser conscientes de llevar la contraria a todo el pueblo español al que se empeñaban en decir que defendían. Joé con la defensa. Será verdad que la mejor defensa es un buen ataque... a Irak. Ese empeño aznariano en ser más papistas que Bush le llevó a perder las últimas elecciones, dejen ya de echar la culpa a ETA, a la Ser o a Al Qaeda, que por otra parte tendrán su parte de responsabilidad en infinidad de asuntos, que quien se empeñó en llevarnos a la guerra no fueron ellos, sino Aznar y sus ayrgamboys.
Y luego llegó Zapatero y volvió a hablar de la Ética y de Regeneración y del buen talante. Yo ya no me lo creí, claro, fui de los que eligieron no tropezar dos veces en la misma piedra, pero millones de españoles sí, estaban en su derecho de votar a quien les diera la gana. Zapatero ilusionó y convenció a muchos, supongo, durante mucho tiempo. Y lo que le queda todavía, que después de dos años al PP no se le suponen fuerzas suficientes para moverle el sillón.
Zapatero no habló despectivamente de su domicilio monclovita, como hizo Aznar nada más aterrizar en él, pero mandó cambiar los tapices históricos que allí había y los muebles del Patrimonio Nacional por modernas piezas de diseño. No sería para autoflagelarse.
El pasado verano nos costó una buena pasta (45 millones de pesetas) modificar y mejorar la residencia veraniega de la Mareta en Lanzarote para que acudiera la familia Rodríguez Zapatero (Ojo, una regia morada que perteneció al rey Hussein de Jordania, con zona para invitados, dos piscinas, lago, canchas deportivas, acceso directo al mar, helipuerto e incluso un búnker blindado, decorada por César Manrique). Hasta las tapicerías cambió Doña Sonsoles.
Y este año SuperZapatero se nos ha ido en un avión a Londres para llevar a su hija al cole. En un avión del Estado. En un avión que pagamos todos. En un avión del Estado que pagamos todos, quiero decir. Como el Guerra.
Será que la concepción de la Ética no es para la izquierda lo que yo creía que era. Será que la izquierda no es lo que yo (todavía, mea culpa) creía que era. Será que la Ética no es lo que yo creía que era. Será que yo no soy el que creía que era.
¿La culpa de mi escepticismo la tienen los años o los políticos?

14 julio 2006

O BOBOS O FELICES (España políticamente correcta)

Llegando a los años de vida que ya voy acarreando a mis espaldas empiezo a sacar la conclusión de que todos los partidos son el mismo y que todos los presidentes son el mismo. Con bigote o sin bigote, con cejas demoníacas o sin ellas, pero todas las políticas son la misma. Es algo así como si todos los presidentes se llamaran José María Aznar Zapatero y si todos los partidos se llamasen como aquel de Tierno Galván: Partido Socialista Popular. Sincretismo vital, o sea.
Joé, es que me quema el empeño que tienen todos los gobiernos en convencernos de que vivimos en la Arcadia más feliz jamás imaginable. Si con Aznar España iba bien (guerra cruel e injusta por el medio), con Rodríguez España ha de ir cojofenomenalmente. Y si alguien lo niega que tenga cuidado, que en cualquier momento el Ministerio de Oportunidad Política es capaz de sacar un decreto-ley haciendo extensible a toda España la felicidad obligatoria. Y si no lo eres te quitan doce puntos de golpe del carné de ciudadano, algo a lo que, ojo, también hubiera aspirado el PP, conste.
A poco que nos pongamos a repasar, bien someramente, aclaro, las últimas decisiones del presente gobierno hay que llegar claramente a la certidumbre de que el que no sea feliz es que es gilipollas, y ustedes perdonen la utilización del vocablo populachero.
¿Cómo no ser feliz después de que se hayan autorizado las bodas entre homosexuales? Pero si tres cuartas partes de España llevaba años levantándose cada mañana sin dejar de pensar en ello. Bueno, salvo los fachas, los intransigentes, intolerantes y otras gentes de mal vivir, como por ejemplo los militantes del Partido Popular, esa extrema derecha española de apenas diez millones de votantes que tanto entorpecen a los progresistas españoles de buena fe.
¿Cómo alarmarse por la subida del precio de los pisos cuando la ministra del ramo se dedica día y noche a buscarnos “soluciones habitacionales”? Es esa España negra, casposa e inquisitorial, que ve sólo problemas sin aportar soluciones, la que habla a escondidas del tamaño de los despachos ministeriales o de los metros cuadrados del chalé de la vicepresidenta del Gobierno. Franquistas recalcitrantes todos ellos, ya digo.
Porque es que hay que tener mala leche para preocuparse por cosas como la inestabilidad laboral, la carestía de la vida y el futuro de las pensiones, en vez de inclinarse cinco veces al día en dirección a la Moncloa para dar las gracias a un gobierno que se preocupa de nuestra salud hasta el punto de descender a regular el cotidiano pero troglodita vicio de fumar de tanto incontrolado salvaje que abunda por ahí. Que fumar es facha. Teniendo como baranda máximo a un presidente que no se levanta cuando desfila la bandera de EEUU o que no acude a despedir al Papa, ¿a quién se le ocurre preocuparse porque sigamos vendiendo armas a países tercermundistas y dudosamente democráticos o que todavía no entreguemos el 0’7% de nuestro PIB a los países necesitados? ¿A quién se le ocurre protestar por el mal estado del 35% de las carreteras si ya tenemos carné por puntos? O somos felices o somos gilipollas. Bueno, también cabe la posibilidad de que seamos del PP, que es otra forma de decir lo mismo, claro. En cualquier caso nos lo tenemos bien merecido, por asociales.
Porque ya se ve que sólo los que son tan raritos pueden criticar las deficiencias de un sistema educativo que se preocupa incluso de la salud de nuestros alumnos obesos, destinando para ellos un programa específico que vigile sus hábitos de alimentación. ¿Cómo no van a ser felices nuestros hijos (e hijas, conste), habiendo una asignatura que les enseñe a aceptar, quieran o no sus anticuados padres (¡Y madres, eh!), que todos los tipos de familia son exactamente iguales?
Si aún así no son felices y viven preocupados por las colas de la Seguridad Social, si les quita el sueño que el nivel de vida apenas haya subido unas décimas en los últimos años, si tienen absurdos temores por la inseguridad ciudadana es por las ganas de joder que tienen los ultras.
http://pedrodeh.blogspot.com

13 julio 2006

LAS MADRES DE MIGUEL ÁNGEL BLANCO

El pasado miércoles conmemoramos el noveno aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, víctima brutal de ETA. Es el momento para recordar que toda España se echó a la calle. Las multitudinarias manifestaciones que se produjeron en todas las ciudades estuvieron frecuentemente protagonizadas y encabezadas por las madres, comunes amas de casa que se empeñaron en hacer salir a toda la familia y protestar contra la barbarie, contra la demostración palpable del homo homini lupus.
Miguel Ángel Blanco era el hijo de todas las madres de España, era ese hijo perfecto que todas ellas han tenido alguna vez, ese chaval joven y luchador que se esfuerza día a día en salir adelante, trabajando duramente contra las dificultades de la vida, que intenta abrirse paso luchando a brazo partido, quizá simultaneando dos o más empresas, disfrutando de las fiestas, pasándolo bien con su novia o sus amigos, tocando en un grupo musical, quizá para complementar sus ingresos, quizá sólo porque es joven y le gusta. Un chico de clase media, como cualquier otro, como millones de hijos de la clase media.
La sociedad se vio reflejada en él y en el dolor de su madre vio su propio dolor. Su injusticia fue la injusticia de todos, habían secuestrado a todos los hijos de todas las madres. Y a todos los iban a matar en el plazo señalado por la canallesca banda. Por nada, por querer contribuir a la mejora de su pueblo desde una concejalía, que ése era el delito de Miguel Ángel, el delito de todos los hijos de España. El crimen fue un crimen contra todos las madres y todos los hijos. Todas las madres se volvieron la madre de Miguel Ángel Blanco.
No era el mismo caso de otros asesinatos igualmente atroces. Todos los asesinatos son asesinatos, claro, y son viles, pero cuando ETA asesinaba a un militar o a un miembro significado de un partido político el dolor era sectorial, más concreto y centrado en una parte de la sociedad, aquel asesinato, igualmente cobarde, no repercutía en todas las madres. Porque ahora hace nueve años fueron las madres de familia las que cerraron las casas y echaron a la calle a toda la familia: “Esta tarde no vengas a casa, te llevo un bocadillo y te espero con los niños en la manifestación” dijeron todas las esposas a sus maridos trabajadores. Y las ciudades, calles y metros quedaron colapsados. La sociedad entera se echó a la calle, algo con lo que ETA no contaba, el factor clave que los asesinos no habían valorado, actuando como un boomerang que se vuelve contra los autores del asesinato, los que lo habían lanzado.
La historia contará este momento como la revolución de las familias, la revolución del ama de casa, una revolución de lágrimas y dignidad que estuvo a punto de acabar con ETA, lo que el Estado no había logrado en treinta años de combate. Las mismas amas de casa que se manifestaban en el propio País Vasco “obligaban” a los ertzainas a quitarse el pasamontañas indigno que se veían forzados a llevar. Nadie en la banda terrorista podía esperarse semejante golpe, nadie podía imaginar su procedencia, imposible suponer que las amas de casa capitanearan lo que hubiera sido el final de ETA si algún político iluminado no les hubiera echado una mano muy oportunamente.
Hasta los comercios, desde la tienda de la esquina hasta el súper de toda la vida, tuvieron que cerrar sus puertas presionados por la dignidad de sus clientes. Fue todo un ejemplo de cordura y sensatez, sin ninguna disputa, sin ningún incidente, sin ningún altercado, prueba de que el ama de casa estaba detrás de él, cuidando de sus polluelos e inculcando sentido común a la masa popular.
ETA estuvo a punto de pagar un precio muy alto por no valorar la rebelión del ama de casa celtibérica.

06 julio 2006

CASTILLA DEBE LEVANTAR SU VOZ

Los castellanos nos hemos convertido en una dócil masa humana muy fácil de gobernar. Lo fuimos con Franco, que nos dejó en la indigencia mientras primaba a otras regiones con inversiones e industria, premiando nuestra sumisión con riadas de emigrantes que se fueron a otros lugares a crear riqueza y prosperidad. Todo ello hasta el punto de que en buena parte de España se nos identifica estúpidamente con “el Régimen”, como si en Cataluña, Andalucía o el País Vasco no hubiera habido hombres y mujeres, con apellidos que se hicieron importantes a lo largo de los 40 años, que apoyaron la dictadura.
Seguimos siendo mansos en los primeros momentos de la Democracia, cuando el actual Estado se encontraba todavía por definir y UCD, AP y PSOE nos rompieron en mil pedazos insignificantes política, cultural y económicamente, sin que casi nadie levantara la voz para tratar de impedirlo. Nuestra mansedumbre se prolongó durante décadas con los diferentes gobiernos de la Democracia y nunca dejamos de ser un estorbo para otras autonomías que tenían muy claro lo que debían hacer para llegar al puerto al que querían llegar. Mientras tanto también lo fuimos para un Estado que, por mansos y silenciosos, nunca nos prestó atención, concentrado como estaba en aquellos que más “guerra” le daban, en aquellos que con lloros y amenazas más reclamaban su atención.
Jamás hubo entre nosotros un presidente autonómico que impusiera su voz ante su propio partido, todos ellos fueron también sumisos súbditos de sus respectivos amos en la cúpula del partido, siempre nuestros presidentes carecieron de “guirnaldas inguinales” en dosis generosas con las que apoyar sus tesis ante sus superiores políticos.
Podía esperarse, como con los alumnos aplicados, que el paso del tiempo nos hiciera aprender, que la experiencia acumulada nos fuese enseñando el camino o al menos proporcionándonos luces suficientes para saber recorrerlo. Cabía esperar, tal vez soñar, que desdijéramos ese refrán que afirma que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
Pero no, vana ilusión, seguimos en el furgón de cola de España, no somos nada, no somos nadie, carecemos del más mínimo interés para este Gobierno como para todos los anteriores. En esta España ni pinchamos ni cortamos. Nadie piensa en nosotros, ni nosotros mismos, ni siquiera los dos últimos presidentes de Gobierno, nacidos entre nosotros, que hasta hablaban catalán en la intimidad si les valía para ganar votos o que han puesto en marcha la reforma del Estado para mantenerse en el poder... sin contar con nosotros.
Y ahora Juan Vicente Herrera nos dice que no piensa reclamar las más de dos mil piezas de arte castellano que están almacenadas fuera de nuestra región. Toma sumisión. Que viva España aunque nos robe, joé. Dos mil piezas, señor Herrera, dos mil. Eso es falta de compromiso con los que le han votado, falta de fuerza, incapacidad, miedo, eso es dejarnos abandonados e indefensos. ¿Quiere usté que le cuente cómo se llevaron piezas maravillosas del convento de Calabazanos? ¿Quiere usté saber cómo desapareció de Palencia el retablo de San Antolín y San Bernabé? ¿Quiere que le cuente quién se llevó de Becerril de Campos el San Sebastián de Alejo de Vahía? ¿Quiere que le narre cómo se las arreglaba la Guardia Civil de la posguerra para reprimir a los vecinos que trataron de impedirlo?
Señor Herrera, hace usté bien en pensar en España, en la política nacional y en todo lo que usté quiera, pero también debe pensar en la parte de ciudadanos castellanos que votaremos en la próxima primavera y que nos gustaría elegir a alguien que nos defienda, que defienda nuestros intereses. Castilla lleva siglos pensando primero en los demás y después en los demás. Alguna puñetera vez deberíamos empezar a pensar en nosotros mismos. Déjese de “melifluosidades” políticamente correctas y ponga sobre la mesa los atributos que tiene. O al menos los que le ha dado este pueblo para que le defienda.
http://blogs.periodistadigital.com/pedrodehoyos.php

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