Palencia es una emoción:

27 septiembre 2008

Los que jamás se equivocan: Ibarretxe, Jiménez Losantos, Maria Antonia Iglesias… y otros.

Si hay personajes que no aguanto, que me molestan, que si pudiera eliminaría de mi vida con un simple plumazo, son los infalibles, esos personajes odiosos que todos conocemos y que, bajo cualquier condición y circunstancia, tienen siempre toda la razón, sin ceder jamás un ápice a las razones de sus rivales, a los que ningunean, menosprecian y relegan con facilidad y frecuencia a meros objetos estorbo.

Ibarretxe, por ejemplo, es un infalible del sector repetitivo, rama de los intolerantes. Además de machacón, pesado y plomizo. Pertenece a esa casta de personajes públicos intransigentes e inaguantables: siempre tiene razón, tooooda la razón, sin el más mínimo resquicio para sus contrarios. Es el prototipo de personajes intransigentes que jamás admiten la más mínima posibilidad de estar equivocados. Como Franco, sólo será responsable ante Dios y la Historia. Con su pan se lo coman sus votantes.

Los poseídos de su superioridad, de su infalibilidad, de su divinidad, de su excelencia personal son gentes insoportables, intratables, atragantantes. Tiene que ser un suplicio compartir con ellos parte de la jornada de trabajo, una jornada de paseo o una tarde de fútbol. No puede haber peor experiencia vital que acompañar por obligación a uno de estos personajes. Si es en el trabajo, la tensión que estos infalibles tienen que trasmitir a sus subordinados ha de provocar miles de infartos para no desatender cada una de sus minúsculas exigencias o para soportar cada una de sus mayúsculas críticas; si es a dar un paseo por el monte, pongamos, lo más fácil es acabar loco de remate y perdidos no se sabe dónde, porque a ver quien es el guapo que le dice a Don Perfecto que ese camino muere en el bosque a mil metros de altura y ya está anocheciendo. Y si es en el fútbol… a ver quién le pone el cascabel y le explica que el portero puede coger el balón con las manos en su propia área.

En la prensa también tenemos estos tipos de personajes divinos, infalibles e imperfectibles, permanentemente dotados del inigualable don de no equivocarse jamás: Jiménez Losantos y María Antonia Iglesias, por ejemplo. Rápidos en el insulto, hábiles en la dialéctica ofensiva, directos en la respuesta hiriente, de ambos huyo despavorido, de ambos sólo guardo esporádicos retazos y de ambos tengo más información de la que me gustaría, muy poca, ciertamente, que uno es muy cuidadoso con su equilibrio mental.

Yo daría mucho dinero por oír a cualquiera de los dos pedir perdón por haberse equivocado y por haber ofendido a sus interlocutores. Al menos una vez en la vida. Ambos destacan por su vertiginosa capacidad de fulminar a insulto limpio (¿hay insultos limpios?) a aquellos pobres incautos elegidos como víctimas. Son intolerantes, intransigentes e incapaces de algo tan humano como ponerse en el lugar de los demás, de percibir lo que otros sienten, comprender y disculpar. Arrastran su amargura y su rencor por los micrófonos y televisiones de España. Ver su rostro en televisión es ver la cara de la acidez y posiblemente del estreñimiento, lo que quizá explica su comportamiento.

Ambos le ponen el rostro y la voz al desprecio, ambos le echan decibelios al escarnio y ambos basan su presencia en su radicalismo, en su intransigencia y en su intolerancia.

26 septiembre 2008

¿MIGUEL SEBASTIAN ES FRANQUISTA?

Llevo varias semanas preocupado por si los españoles somos los responsables directos del deshielo del Ártico. De quemados que estamos, quiero decir, con el Gobierno. Una de dos, o hemos hecho mal en meternos en la Unión Europea o tenemos por gobierno a una panda de incapaces. A gusto del lector.

Las medidas que nos propone el gobierno para combatir el desastre económico que nos amenaza (mayor y más inmediato que el deshielo de los glaciares) son para partirse de risa. O para suicidarse, depende. Como lo del suicidio ya se probó en 1929 y termina por no resolver nada parece que en esta ocasión hemos decidido partirnos de risa. Desternillarnos, vaya. Por eso nuestras televisiones se llenan de comedietas dopantes que nos adormecen y anulan nuestra voluntad. Incluso nuestros antaño beligerantes sindicatos están ahora… ¿Por cierto, dónde están? La televisión, el opio del pueblo.

Decía yo lo de la Unión Europea porque se lo he oído por el patio de luces a mi vecina de abajo, que lo comentaba con la del sexto mientras colgaban la colada a secar. La cosa era que Jennifer Elizabeth, pantalones de pana, zamarra de punto gordo y un bolso de tela de saco, decía que poco podía Zapa meterle mano a la crisis porque casi todas las competencias las tiene Bruselas. Y seguro que algo de verdad hay en ello porque Jennifer Elizabeth está suscrita a “Público” y sube el volumen de la tele cuando empiezan las noticias de la Sexta. Pero Doña Herminia le cuestionaba que dónde había quedado la antigua independencia nacional. Y es que Doña Herminia es un poco antigua y todavía usa palabras como “nación” y “nacional”, con lo poco que se lleva.

Así que todo lo que podemos hacer contra la crisis es esperar pacientemente, muy pacientemente por lo visto, a que Sebastián (parece otro vecino, pero me refiero al ministro) nos envíe la bombilla aquella de bajo consumo, ¿alguien sabe cuándo me va a llegar la mía?, o comprar juguetes nacionales. Cuando mis vecinas llegaron a este punto de la conversación me entraron ganas de asomarme e intervenir, pero era la hora de la siesta y estaba durmiendo un documental de la Dos. Uno del Serengueti, como siempre. O de la reserva Masai-Mara, qué más da. ¿O era sobre el cráter de Ngoro-Ngoro? Pero no iba a dejar yo de dormir un documental tan magnífico para dar conversación a la Jenni, así que me di media vuelta y seguí a lo mío.

Sea por lo uno o por lo otro el caso es que no hay quien le saque solución de ningún tipo a Zapa y sus Ayrgamboys ministros. Eso sí, oyéndole hablar parece que en vez de estar padeciendo un huracán nos encontramos mecidos por una suave brisa septembrina pensada por Él para facilitarnos la incorporación al trabajo sin traumas postvacacionales. Y recordando su fácil verbosidad, se me ocurre que a lo peor termina vendiéndonos que esta situación (nunca dirá “crisis”) es altamente saludable para las empresas porque “limpiará la economía española”. Chachiguay el hundimiento de las Bolsas, ¿no?

Lo que ya me tiene despistado es que un gobierno socialista recurra al nacionalismo como solución. “Compre usté productos españoles”. Eso ya lo inventó el franquismo hace muchísimos siglos, los que tenemos vivida una parte de nuestra vida tenemos memoria de cosas como ésas, y no les sirvió de nada: Al final volvió el PSOE a gobernar España.

¡Bombillas y juguetes nacionales! ¿De verdad eso es todo lo que el PSOE puede hacer por la economía española? El siguiente paso debe ser encontrar un responsable exterior al que echar la culpa. A Solbes, el que nunca negó la crisis, y Sebastián, el que combate el calor quitándose la corbata, sólo les falta el victimismo, tienen que encontrar un enemigo extranjero al que culpar de nuestros males.

El franquismo se valió mucho tiempo de aquel “Rusia es culpable”, cuando oigamos “USA es culpable” ya sabremos a qué atenernos. Mientras tanto los españoles seguiremos contribuyendo al calentamiento global.

25 septiembre 2008

Tengo una pregunta para “El País”


No soy absolutamente nadie autorizado para cuestionar la línea editorial de ninguno de los grandes periódicos de España. Ni grandes ni pequeños, claro. Sólo el hecho de llevar tantos y tantos años leyéndolo y tanto tiempo suscrito (claro, no sólo a El País) me autorizan a dirigirme a uno de los símbolos más ensalzados de la prensa española y preguntar:

¿Se habrían atrevido ustedes a titular “Un homosexual ateo elegido concejal por Madrid”?

Pues eso: coherencia. Y no vendría mal reconocer el pecado cometido.

24 septiembre 2008

Tenía razón el presidente putero

De cursi, si la circunstancia no fuera trágica, podía calificarse la foto de nuestros políticos arrojando besos a la viuda del militar asesinado por ETA.

Algunos de los que en ella aparecen realizaban hace algunos meses manifestaciones públicas que hoy les sonrojarían, no sabrían donde meterse si se les preguntara con un micrófono delante. Lo grave es que no lo reconocen, con la misma cara que antes afirmaban la licitud electoral de ANV apoyan ahora su ilegalización. Sin mover un músculo, sin que les de vergüenza. Ni risa.

Y sin embargo algo ha cambiado en la visión de los grandes partidos respecto al terrorismo de ETA. Lo que antes servía de enfrentamiento es ahora, y por arte de birle birloque, una poderosa razón para la unión y el trabajo conjunto. La rectificación de Zapatero, tardía y lenta, es buena y válida, aunque él y los suyos, hace falta cara dura, no reconozcan haber modificado su actitud.

¿Pero es éste el miso Zapa de los “accidentes” de Barajas? Alguien ha cambiado, sea Otegui, que tal vez de pronto haya dejado de ser un hombre de paz, sea de Juana “el irlandés”, que ya no amenaza con huelgas de hambre, o sea nuestro gobierno, deseoso de que olvidemos su anterior actitud, pero donde antes había división y enfrentamiento hay ahora unión, apoyo y buenas perspectivas.

Todos unidos ofreciendo resistencia conjunta a los terroristas. ¿Todos? No, tenía razón el presidente putero de Cantabria. El PNV es un coche circulando por dirección contraria en una autopista, convencido de que todos los demás vehículos están equivocados. El PNV siempre viaja por su cuenta, siempre con su peculiar recorrido ajeno a la colaboración con los demás en esta Formula 1 de la democracia, ofreciendo vías de escape a los que agitan el nogal, nombrando “democráticamente” a Josu Ternera para la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco, rompiendo la unidad de los partidos cuando, tras la muerte de Miguel Ángel Blanco, ETA estuvo acorralada. ¿O la actitud de sus diputados, encabezados por Atutxa, presidente del Parlamento Vasco, no fue apoyo a los filoterroristas cuando se ordenó la disolución del grupo parlamentario batasuno?

Cierto que sin el PNV las libertades en Euzkadi serían mayores, no sería el único lugar de Europa donde los candidatos de las elecciones van con escolta. ¿Qué libertad de expresión es ésa, qué elecciones libres pueden ser ésas? Y por lo tanto… ¿Qué democracia es ésa? Ya de paso recordemos que esto sucede con el apoyo electoral de una parte de vascos, que comprenden, apoyan o disculpan las veleidades racistas de Arzallus y su Rh, admiten que las bombas o los secuestros son un pequeño peaje a pagar… o simplemente callan y miran para otro lado cuando conviene. Claro, muy claro, que si el PNV pasara definida, clara y contundentemente a combatir y rechazar el terror, a señalar públicamente a los colaboradores y a remangarse e implicarse directamente en la lucha contra los asesinos fascistas-leninistas las cosas serían muy diferentes en Euzkadi.

Pero esta actitud colaboracionista no es nueva, lleva sucediendo largo tiempo con el conocimiento y la aquiescencia de todos los partidos, que cuando les cuadra en sus planes estratégicos se cogen de la cintura de Urkullu y los suyos y les sacan a bailar con absoluto descaro y desparpajo… cuestión de maniobras partidistas para aprobar los presupuestos generales o leyes orgánicas, por ejemplo. ¿Por qué escandalizarse ahora? No se alarme el lector, serénese y compruebe que esto ha ocurrido también con Aznar. ¿O no nos acordamos de Arzalluz de visita en la Calle Génova de Madrid?

¿Para qué y por qué va a cambiar de actitud el PNV si cuando llega el momento unos u otros acuden presurosos a rendirle pleitesía?

22 septiembre 2008

¿De qué sirve condenar a ETA?

Lamentablemente creo que Rosa Díez tiene razón y no sirven de nada las plomizas y acostumbradas frases de condena a ETA. ETA se abanica los bajos fondos con tanta declaración pomposa y grandilocuente. ¿De qué sirve que nadie exprese su pesar por uno más de los asesinatos etarras? Mucho me temo que ni la condena proveniente de sus círculos más próximos serviría para nada. Seamos serios, ni porque Herri Batasuna (por abreviar, pongan ustedes el nombre que más le cuadre) diga un día que matar es cosa mala ETA no iba a dejar de poner bombas.

Pero por muy serios que nos pongamos vamos a acabar con ETA en un montón de tiempo, por débil que esté (si es que lo está, según nos cuentan los que de esto tienen razones para entender). Éste gobierno, como el anterior y como el anterior exploró las posibilidades (siempre irreales) de acabar con ETA en una mesa de despacho y comprobó cómo estaba el patio batasuno: No hay nada que hacer si no pasa por una rendición del Estado.

Zapatero tenía las mismas razones que González y Aznar para intentarlo. Y las mismas posibilidades: ninguna que no pasase por bajarse los pantalones y entregar a ETA el 100% de sus peticiones. Sin embargo Zapatero fue demasiado obstinado y torpe, ni con los bombazos de la T4 se dio cuenta de lo imposible que era su misión y creyéndose el colmo de la persuasión persistió en su inútil empeño un tiempo que a ETA se le hizo un paraíso y a los demás un infierno.

Sin admitir que estaba equivocado ha rectificado. Ahora está a partir un piñón con Rajoy (Y Rajoy con él) y quiere hacernos creer que no ha rectificado. Vamos, como con la crisis, todavía no ha admitido que la hay, un portento este gobierno en la manipulación de Lenguaje, summa cum laude en semántica para los servicios manipulativos del Gobierno. Sea como sea, ahora parece que todo el mundo está de acuerdo en que lo que antaño era malo (ilegalizar a los proetarras) era malo ahora es bueno. Rectificar es de sabios pero acabar con ETA, por mucho que ahora nos empeñemos todos al unísono es cosa de muchos años. ¿Pero y una vez acabado con los asesinos qué hacemos con los cientos de miles de vascos que rechazan ser españoles?

“Jiuston, tenemos un poblema”

16 septiembre 2008

Rajoy no era el nombre, Rajoy no era el hombre

Algunos llevamos más de una década diciéndolo: La derecha española nunca podrá gobernar establemente si el PP es como es. Hay cosas que no pueden ser y además son imposibles: O cambia el PP, haciendo un esfuerzo por modernizarse y actualizarse, o los españoles harán bien en tenerle en la oposición. Aznar se equivocó al nombrar a Rajoy tanto como se había equivocado con la fatal y dolorosamente injusta guerra de Irak.

¿Cuántos españoles han oído hablar del programa social del PP? ¿Tiene programa social el PP? Y sin embargo, sin una real, profunda y bien estudiada política social nunca el PP, que arrastra las taras que arrastra, podrá gobernar en España con la suficiente permanencia para influir de manera perdurable en la política, en la economía y en la Cultura de España. Rajoy acaba de demostrarlo públicamente para desgracia de los seguidores del PP.

Ayer lunes al terminar la reunión de la junta directiva del PP, Rajoy ha manifestado que “Hay 180.000 extranjeros cobrando seguro de desempleo y, ya volvemos a tiempos pasados, hay 20.000 andaluces que han pedido trabajo en la vendimia francesa”. Rajoy es sumamente torpe o quiere que el PP jamás gane ni las elecciones a la comunidad de vecinos.

Teniendo mil razones para criticar a un gobierno que parece congelado en el tiempo y que sigue negando la realidad económica de miles de familias, se enreda como un pipiolo inexperto en una polémica, infantil pero dañina, que sirve para alimentar la habilidad dialéctica de Pepe Blanco, que no ha perdido tiempo en acusarle, sin el más mínimo esfuerzo de ingenio, de xenófobo.

Convenía que alguien en el PP reaccionara y le dijera a Rajoy que esos 180.000 extranjeros están cobrando el paro porque se lo han ganado a pulso, porque han cumplido las normas que marcan las leyes españolas, aprobadas entre otros por los diputados del PP, ya que han trabajado el tiempo mínimo necesario marcado para ello, tiempo durante el cual han arrimado el hombro para que España progresase (muchas veces en trabajos y condiciones que los demás rechazamos) y con ella todos los ciudadanos.

¿Tiene programa social el PP? ¿O todo consiste en aprovechar las torpezas de una izquierda anclada en radicalismos propios de otras épocas? Porque sin un programa social, que proteja y defienda a los más débiles, españoles o no, según marquen las leyes, no sólo no se va a ninguna parte, sino que además deja un enorme hueco para facilitar la tarea de agit-prop que tanto gusta a Pepiño: “Qué mala es esta derecha troglodita, meapilas y capitalista, que sólo busca la destrucción de la casta de trabajadores, exprimirlos hasta su última gota de sangre y perpetuar sus privilegios clasistas”.

Imagino que el PP tiene algo parecido a un programa social. Sólo lo imagino porque por mi salud mental evito siempre leer cualquier programa de cualquier partido. Los recojo y colecciono cuidadosamente cuando hay elecciones, inmediatamente los guardo bajo siete llaves hasta que termina la legislatura. Entonces y sólo entonces los saco y los leo. Y me paso una semana riendo.

Pero imagino que el PP tiene algo parecido a un programa social, sólo que por misteriosas razones no quiere que lo conozcamos, no vaya a ser que nos convenza para votarle. Bien está que defienda que no haya emigrantes españoles a la vendimia francesa, pero ¿entra en ese programa que los trabajadores extranjeros no puedan cobrar el paro? ¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro? ¿Por qué el PP mezcla aspectos tan inconexos, por qué da a sus rivales fácil munición “social”, por qué sigue haciendo el trabajo a sus contrarios? ¿Quiere el PP que todos los extranjeros con derecho a voto se vayan en brazos de Superzapa?

15 septiembre 2008

¿Pero, quién coños se ha inventado esto de Cibeles Madrid Fashion week?


A veces pienso que nos da vergüenza ser españoles (y los nacionalistas lo saben y se aprovechan de ello) y exprimimos cualquier ocasión para reivindicarnos como más cosmopolitas que nadie. Dime de qué presumes, vaya. Quizá para compensar nos hemos convertido en un país antiamericano a pesar de que vemos miles de pelis americanas, nos alimentamos de fast food, “chateamos” con nuestros amigos, usamos el “mouse”, nos compramos un “set” de colonia en “spray” y “externalizamos” algunos servicios de nuestras empresas. Digo yo que en qué año hablaremos todos spanglish. Que se preparen las generaciones venideras.

Pensemos en cuántas innecesarias leyendas en inglés nos encontramos cada día. “American blended, red label”. O el “share” en “prime time” de las televisiones. O simplemente algo que nos encontramos en todas las carreteras: “STOP”, que manda narices hacer oficial un anglicismo. Nos gustan más los anglicismos que un lazo rosa en el tobillo a mi vecina la del sexto izquierda, perdona, Maripuri. Lo de la publicidad y su influencia en personas que reciben el 100% de la información por televisión lo dejo para otro día, no me quedaría espacio suficiente.

Basta llevar puestas las orejas para observar cuántos estúpidos nombres nos encontramos cada día. ¿Eh, Jonanthan, majo? ¿Y Jennifer? Todavía me acuerdo de un anciano vecino mío que corría detrás del triciclo de su nieto al pelado grito de “No corras, Kevin José, que te vas a caer”. Dado que los extremos se tocan algún día nos daremos cuenta de que a fuerza de intentar ser neoyorkinos nos hacemos más paletos que los señores progenitores del tal Kevin José, que Dios tenga en la gloria de la ignorancia y el patetismo universales.

Y ahora le toca a la Pasarela Cibeles. Que por arte del “Aversitevendomejor” ha pasado a ser “Cibeles Madrid Fashion Week”, chúpate lo chulo que queda eso cuando lo reproduzca el Fainansial Taims. Es la renuncia a lo propio para gustar a los ajenos, es la negación del yo para pasar a ser lo que los demás quieran, que busquen un siquiatra colectivo. Uno, que siempre ha sido moderadamente afrancesado, admira demasiado a muchos pueblos por su cultura, entendida de manera amplia y laxa, pero no hasta el punto de renunciar al propio idioma con tal de caer en gracia a todo el mundo, algo que siempre resulta imposible. Que aprendan idiomas también ellos, joé.

Entre los k skribn asi pq sta guay i ls anglófilos despelotados nos traen el idioma como mujer barata por tierra de matorrales resecos. No se trata de la renuncia porque sí a lo que venga de fuera, sino que se trata de poner en valor aquello nuestro que tiene altura, calidad y características propias de nivel internacional. El castellano, por ejemplo, que además de ser el idioma de Cervantes los es también de medio mundo. Que se merece defensa y apoyo de nuestras empresas más internacionales. ¿De cuándo data el primer premio Nobel a la Literatura en castellano?
Y les dejo, amigos lectores, que tengo que enviar un email a un friend para preguntarle por un shareware. Quizá después me vaya a hacer footing por el riverside de Palencia. See you.

PD: Más tarde entraré en mi home page a ver si ustedes me han dejado algún “post” en mi “blog”.

13 septiembre 2008

"Yankis de mierda"

América Latina es así por culpa de los españoles que la colonizaron. Pero Estados Unidos también fue colonizada y también es así por haber sido colonizada por los ingleses (sí, ya sé, no sólo ingleses). El por qué los vecinos del norte se hayan desarrollado mucho más quizá se deba a los propios sudamericanos. O a sus dirigentes, por lo menos.

Siempre me ha llamado la atención que se eche la culpa a España de lo de la Leyenda Negra y nadie se acuerde de los que borraron del mapa norteamericano a naciones enteras. Memoria selectiva. Tengo un conocido racista que dice que el diferente nivel cultural y de desarrollo de ambas Américas se explica aludiendo a la “limpieza” que hicieron los ingleses. En fin.

Pero lo que es evidente es que después de doscientos años de independencia América del sur es así por culpa propia, claro. Ya es absurdo echarle la culpa a la colonia. Hay países con más golpes de Estado que años de independencia. Hay líderes, de izquierdas y de derechas, que parecen nacidos exclusivamente para acabar con sus propios países. Pongan a los dictadores de Argentina, de Chile, de Cuba, de Haití. Y pongan a Hugo Chávez, principio y fin de lo que está pasando con su pobre Venezuela, un hermoso país, rico y con enorme futuro que, después de haber sido esquilmado por gobernantes anteriores, está siendo reconvertido en Bananozuela por Hugo Chávez, elegido democráticamente por sus paisanos. Allá ellos, es su responsabilidad, es el futuro de sus hijos. Allá ellos, repito.

Quizá la historia del mundo se explica si seguimos la biografía de los diferentes iluminados que en él han sido. Desde Napoleón, por no retroceder mucho, a Chávez, pasando, claro, por Castro, Franco y otros tarados diversos. Los que los hemos padecido y no hemos sabido libraros de ellos tenemos nuestra responsabilidad, pero nada parecido a la de aquellos que les han apoyado. En Venezuela además le han votado. Los que le hayan votado, quiero decir.

Padecer a un dirigente nacional que insulta a sus vecinos más poderosos es para echarse a temblar, cuando no le toca al rey de España le toca Bush… o a todo Estados Unidos a la vez. “Yankis de mierda”. Poner el futuro de tu propio país en el disparadero, sólo por el puro placer de insultar a sus enemigos, es de catetos, pueblerinos e indocumentados. Que esos indocumentados lleguen a presidentes de repúblicas es responsabilidad de la masa de votantes de esa república que lo permite.

Sólo los dirigentes más desastrosos, tipo huracán del golfo de México, son inconscientes de sus limitaciones, no solucionan los problemas de su pueblo y se convierten en auténticas pesadillas, capaces de complicar el futuro de millones de habitantes… sólo con sus habilidades dialécticas. Chávez, con su populacherismo, con su caudillismo irredento es una rémora para Venezuela. Y quizá para toda Sudamérica.
De momento en Bolivia ya le han dicho los generalotes que se meta en sus asuntos. Que vaya aprendiendo.

10 septiembre 2008

A Javier Bardem

Mira, chico, voy a empezar por ser contundentemente honesto y claro: Contigo no puedo ser imparcial ni neutral ni equilibrado en mis críticas: Nunca me has gustado, qué le voy a hacer.

Estoy seguro de que eres un gran actor, digno de alcanzar el éxito que en estos momentos estás disfrutando, pero nunca me has gustado lo más mínimo. No pongo en duda tu trabajo profesional, algo tendrá el agua cuando la bendicen y a ti te han bendecido mucho y muy importantes gentes en los últimos tiempos, enhorabuena. Pero hace muchos años que dejé de ver cine español y en parte la culpa es tuya también, tu cara y tu aspecto en general me parecen enfermizos, me preocupan, me dan grima, no me permiten relajarme y creerme tus papeles.

No comprendo que con esa mirada, esos pómulos y esos labios se pueda ser un buen actor y tener el éxito que claramente tienes. ¿Has probado a hacer alguna de miedo? Y te juro que en esta apreciación mía no hay ni un pelo de influencia ideológica, nada, cero zapatero, lo juro, aunque no pudo decir lo mismo de lo que viene a continuación.

Porque no resisto una entrevista tuya en televisión o prensa escrita. Es tal tu orgullo, tu prepotencia y tu fanatismo que se me hace cuesta arriba observarte o leerte más allá de los treinta segundos iniciales. Salgo espantado, disparado, como impulsado por enérgico resorte al contemplar el alarde de superioridad ética, ideológica y profesional con que te diriges al pobrecito público que te sigue. Vas de padre prior de España (perdón, quise decir “del Estado español”) y las almas sensibles no tragamos a los perdonavidas. Esto que se trasluce en cada entrevista y en cada declaración acabas de dejarlo bien patente el otro día en Nueva York. Oig, perdona, en New York, quise decir.

Los demás no nos apellidamos Bardem ni pertenecemos a la élite cultural española, pero también sabemos dónde tenemos la mano derecha, la izquierda y qué cosa tenemos justo en el centro según miramos desde arriba (el ombligo, hombre, que siempre estás pensando en lo mismo), lo que pasa es que tenemos la desgracia de pensar de forma diferente a ti. Diferente, eh, que pensamos con tanta intensidad, seriedad y claridad de ideas como tú. Lo que pasa es que llegamos a conclusiones distintas a las tuyas, suele pasar cuando dos o más se ponen a pensar. Se llama Libertad y para sobrellevarla con dignidad se han inventado la tolerancia, el respeto y las normas democráticas.

Y contra esas tres cosas tú y algunos santos laicos del sanedrín cultureta zapateril como tú habéis inventado la prepotencia, la displicencia y la intolerancia, perdón por la ripiosidad. Y el desprecio a los que no piensan como tú. O sea, justo lo contrario a toda norma civilizada de convivencia, ésas que acabo de citar algo más arriba.

Y todo esto que exudas en todas y cada una de tus apariciones en público y que a algunos nos hacía torcer la nariz y cambiar de cadena lo has dejado claro cual agua recién salida del manadero en tus declaraciones al New York Times: "Los españoles son duros. Critican mi trabajo y piensan que soy un vendido. Y ante eso lo que tienes que decir es: Parad, sois una pandilla de estúpidos”. O sea, que de perdonavidas de las españas te auto conviertes en víctima de una confabulación de españoles cabreados… ¿por tus películas?

Sí, ya sé que después has reculado, te has dado cuenta de que no conviene matar a la gallina de los huevos de oro y has acusado del delito a un malentendido por “problemas de comunicación lingüística y dificultades idiomáticas”.

Lo que me da una idea para tu próximo papel en tu próxima peli: El cobarde que mata al pregonero.

08 septiembre 2008

Suicidio libre y gratuito


Zapatero y sus ministros andan empeñados en regular una nueva ley del aborto –“aborto libre y gratuito”, se decía en la Transición- y del suicidio asistido. Me preocupa que el Gobierno se empeñe en hablar tanto de la muerte cuando quedan tantas cosas de la vida por apoyar, ayudar y promocionar. “Tu cuerpo es tuyo, eso es socialista”, ha dicho Bernat Soria. Y como mi cuerpo es mío mañana mismo puedo chutarme en vena cualquier cosa que me mate, un video de la vicepresidenta con la referencia del Consejo de Ministros por ejemplo.

Estamos llevando al extremo, no olvidemos que estamos hablando de un gobierno radical en la moderada Europa, la secularización del Estado, la laicidad de la sociedad, la descristianización de nuestro modo de vida. Y no por decir esto piensen los lectores que quien esto firma es necesariamente una rata de sacristía ni un meapilas tradicionalista preconciliar. No estoy, que podría, hablando de Religión, sino de sentido de la vida. De Sentido de la Vida, quiero decir.

Para el Gobierno somos sólo cuerpo, el pragmatismo materialista al frente de la sociedad; al parecer lo demás no importa, si es que hay algo más que cuerpo. Y si somos sólo cuerpo (admitir algo más sería trogloditismo cristiano, propio de nuestros atrasados antepasados, algo antediluviano, pasado de moda y por lo tanto irrelevante en una sociedad progre como la que estamos construyendo) y si somos sólo cuerpo, estaba diciendo, somos sus dueños únicos, universales y plenipotenciarios; a nadie debemos rendir cuentas, abajo la perspectiva social de un cuerpo que debería servir también a los demás, tanto mientras estemos vivos en este pajolero mundo (trabajando, educando, sirviéndole de mil formas diferentes) como cuando ya la hayamos palmado, abajo la dimensión social de los cadáveres, nada de entregarlos a la Ciencia, abajo los trasplantes, el cuerpo para el que se lo trabaja, que eso es socialismo. Qué habría sido del Renacimiento sin cadáveres que haber diseccionado. Abajo el Renacimiento, que no es socialista.

Así puestos, dado que mi cuerpo es mío y que se joda el mundo, no sé por qué andamos planteándonos regular el suicidio. Qué ganas de perder el tiempo: “Suicidio libre y gratuito ya” podía ser el grito de guerra de estos principios de siglo, que mi cuerpo es mío, coño, y nadie puede pedirme responsabilidad alguna. Si me quiero poner en la vía al paso del expreso de las ocho treinta y seis es socialismo.

Y aborto, más aborto, más manga ancha. Abortar también debe ser socialista. Abortar más, quiero decir, es más socialista. El embarazo para el que se lo trabaja. Para “la” que se lo trabaja, perdónenme ustedes. O “Nosotras parimos, nosotras decidimos” y el feto que venga detrás que arree.

Me preocupa ver a nuestro gobierno dedicado a regular la muerte, como si no hubiese mil cosas de la vida a las que consagrar un socialismo demócrata y dinamizador, revolucionador, de la sociedad. ¿Será que a nuestro Gobierno ya no le quedan aspectos vitales que mejorar, aspectos sociales a los que dedicarse con empeño y fruición? ¿Será que ya no le quedan parados a los que apoyar, será que ya no le queda crisis económica que combatir? ¿Será que ya no quedan escuelas y autopistas que construir, hospitales y Universidades a los que dotar, promocionar y socializar? ¿Será que ya nada hay que mejorar en los servicios sociales, será que ya no hay salario mínimo que multiplicar? ¿Será que en la enseñanza, en la protección de los más débiles está todo conseguido? ¿Será que no quedan parias de la Tierra? ¿Será que en esta vida está ya todo hecho hasta el punto que hay que dedicarse a la muerte? ¿O será que la preocupación social va por ahí, será que las gentes no hablan de otra cosa y yo, pobre y desconectado infeliz, no me había enterado?

Me preocupa tanto empeño socialista en facilitar nuestra muerte, ¿será que no saben cómo facilitar nuestra vida?

03 septiembre 2008

España anda desenterrando a sus muertos.



Hoy se me van a enfadar los lectores. No tengo una opinión contundentemente clara al respecto de los desenterramientos de la Guerra Civil con la que gratificar a unos o a otros.

Trátese el tema del que se trate, creo que no siempre la razón está absolutamente presente en unos argumentos ni los contrarios carecen necesariamente de toda lógica. La razón suele estar repartida con tanta frecuencia como la opinión humana. Ni un partido está permanentemente equivocado ni otro acierta plenamente. Y, digo, esto suele pasar respecto a cualquier tema de actualidad del que se trate.

Con los desenterramientos de los muertos de la guerra de nuestros antepasados me ocurre eso. Que me parece que ambos bandos, de nuevo estamos divididos en bandos, qué horror, tienen parte de la razón, que ambos están parcialmente equivocados y que ambos tienen razones para ceder y envainársela.

A mi padre estuvieron a punto de fusilarlo los de “su” bando, afortunadamente se deshizo el endiablado entuerto y aquí estoy yo, pero si lo hubiesen enterrado en cualquier cuneta yo desearía encontrarlo, homenajearlo y enterrarlo civilizadamente tras haber llorado un buen rato. ¿Cómo oponerse a tan lógico deseo de hijos y nietos de los asesinados de aquella guerra cruel? Hacerlo supone además arrojar justicia sobre unos hechos injustos y cainitas sobre los que el oprobio y el olvido cayeron largos años. Es doloroso revolver el pasado pero España no va a regresar a otra guerra civil por aclarar centenares de criminales “paseos”.

Pero existe la sospecha de que detrás de algunos, y digo algunos, de los promotores de estos desenterramientos no sólo existe afán de justicia o de esclarecimiento de sucesos históricos, a veces está claro que se persiguen fines políticos, deseos de venganza o simplemente remover el presente para condicionar el futuro.

¿Qué hacer cuando los valores se mezclan, cuando hay razones para una cosa y para la contraria? Familiares de García Lorca se oponen a que se exhumen sus restos, pero en la misma fosa se encuentran los otras de personas cuyos familiares están deseando hacerlo.

Pero además todos sabemos que se cometieron asesinatos viles y perversas injusticias en ambos bandos, es la perversión de cualquier guerra, especialmente si es entre hermanos. Poner el acento y la intención sólo en una parte no supone justicia, sino el aludido afán de venganza, querer devolver el mal sufrido, lo que trasluce partidistamente en algunos de quienes defienden esta posibilidad.

Lo que no supone reparar una injusticia sino causar otra.

02 septiembre 2008

La nariz de la princesa, la princesa de la nariz

¿Ustedes se habían fijado anteriormente en la nariz de la futura reina de España? Aunque, permítanme aclararlo, me temo, tal y como van los tiempos, que van a aumentar las posibilidades reales, perdón por el juego de palabras, de que no llegue a ser reina. No, yo no me había fijado para nada en la nariz de la señora y poco más de lo imprescindible en la señora de la nariz. Pero la comidilla de las comadres nacionales es que se la ha operado, parece que aprovechando otra necesaria operación, y media España se ha escandalizado por ello.

A mí la principesca operación me parece el perfecto retrato de la España actual, una España intrascendente, fofa y vacua, una España que se opera la nariz por aburrimiento en búsqueda de una perfección imposible, de una perfección innecesaria que nadie espera ni reclama, que a nadie interesa.

No sé cuando empezó España a operarse cosas, pero vista la evolución social debe hacer varios siglos. O quizá sea que nos hemos operado tantas veces y tan vertiginosamente que en treinta años de democracia nos hemos operado lo de varios siglos. Y efectivamente a España no la reconoce ni la madre que la parió, lo que lejos de ser síntoma de innovación pede serlo de desesperación y desorientación.

Quizá hemos puesto nuestra mirada en la superficie, concretamente en la superficie facial, de los demás. Nos importa lo superficial y nos afecta lo inmediato, la primera vista nos define, somos un país acelerado, precipitado e impresionable. Hay que operarse la nariz para ofrecer una imagen que nos anteceda, nos presente y nos defina. Que detrás de una nariz griega haya un cerebro vacío es menos importante que una nariz aguileña que imprima personalidad y originalidad a un cerebro bien dotado.

A la mierda la crisis, a la mierda las hipotecas, a la mierda la caída de casi un 50% de ventas de coches, a la mierda Ibarretxe, el nacionalismo y sus desafíos. A la mierda la realidad transcendente, busquemos un espejo en el que mirarnos el ombligo.
Somos adolescentes estúpidos preocupados por nuestra sombra mientras cruzamos descuidadamente una autopista.

España es así, superficial e intrascendente, afligida por su aspecto, frívolamente obsesionada por disimular quirúrgicamente sus imperfecciones externas, indiferente ante lo importante que hay detrás de las fachadas de cartón-piedra de rostros, barrigas o pechos convenientemente tratados en una clínica de medicina estética.

España es un quirófano de un seguro privado desde el que una cadena comercial retransmite en directo un programa de telerrealidad, que siguen cual acémilas, millones de españoles.

01 septiembre 2008

La crisis importa menos

No critico al gobierno que estemos cayendo, y de qué manera, en una crisis económica. Quizá la economía mundial esté ya tan entrelazada que ni el PSOE sea culpable, totalmente, de lo que se nos viene encima ni el PP fuera culpable, totalmente, digo, de los años de abundancia que acabamos de pasar. La economía el último parado del último pueblo de España no deja de estar relacionada con la cosa esa tan extraña de las sub-prime americanas, que si su economía funciona mal todos los demás terminamos por ir de cráneo no mucho tiempo después. La libertad de acción e intervención de los gobiernos es limitada.

No, no critico a Zapa porque aumenten los parados; no le critico porque no haya dinero para su ley estrella, la Ley de Dependencia; no le critico que a muchos españoles, fundamentalmente trabajadores, no les llegue el dinero a fin de mes. No critico que un partido socialista no pueda desarrollar política social porque nos hayamos quedado sin dinero; no critico, no fundamentalmente al menos, que los problemas acogoten a los más débiles de la sociedad, a los parias de la Tierra, precisamente con el PSOE en el gobierno.

Lo que critico, lo que me duele porque es ofensivo, lo que es indignante, es que todo esto se intentara disimular abiertamente pese a los múltiples avisos generalizados de instituciones económicas neutrales, y que ello fuera así por estar sumidos en una etapa preelectoral. Aparte del tiempo perdido sin tomar medidas decisivas pero que hubieran supuesto un contundente reconocimiento de la realidad, me ofende que a una mayoría de españoles, quizá los más indefensos ante la publicidad institucional, gubernamental o simplemente socialista, se les manipulara tratando de escamotear la realidad, que ha terminado por imponerse bien cruelmente, para predeterminar su voto, manipulando indignamente la papeleta electoral de cada español y con ello el resultado electoral.

Ésta es una actitud innoble, impropia de una izquierda democrática, limpia y con altura de miras, es actitud adjudicable a quien mira con tacañería su propio interés, olvidándose interesada y culpablemente del interés general. Es la misma mísera y rastrera actitud del torpe disimulo inmoderado del PP cuando las bombas de Atocha.

Me pregunto si, míseros y rastreros todos en mayor o menor medida, no serán los mismos perros con diferentes collares.

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