Palencia es una emoción:

31 mayo 2011

Pepinos españoles, borrachos alemanes

A mí lo que más me fastidia de Alemania son los alemanes. Desde hoy, quiero decir. Conste que tuve una amiga alemana que me caía muy bien todos los sábados por la noche pero acabo de enviarle un SMS diciéndole que le den por donde amargan los pepinos. ¡Ele! A mí siempre me han caído mal los prepotentes, los  superiores,  los perdonavidas. Una vez tuve un jefe así y terminé despidiéndole, pa chulos yo.

¡El daño que una mala información, sesgada y posiblemente interesada o descuidada puede llegar a causar! A una nación en este caso. Me duelen los despidos en la cadena de productores, envasadores, exportadores, transportistas y hasta los barrenderos de las oficinas de las empresas. Duelen los millones perdidos, el dinero derramado por las alcantarillas de la mala fama.

Y el daño causado por esa mala fama, claro. A ver quién devuelve el honor a los pepinos españoles, a ver quién devuelve el sello de calidad a la huerta española, a ver cómo se recupera en los mercados de cada ciudad, de cada pueblo, de cada barrio la venta de hortalizas españolas.
Alemania nos debe una, una muy gorda, no sólo una millonada sino una honra, nos ha violado y dice que qué esperábamos si llevábamos minifalda. Algo hay que hacer, de alguna forma deben devolvernos esta putada, esta burla al honor hortofrutícola español. No basta con pincharles las ruedas a todos los turistas que vengan, no basta con ponerles un pepino en el tubo de escape, no basta con emborracharlos con alcohol barato, no basta con reírse de sus ordinarias borracheras, de sus groseros mofletes hinchados, de sus narices rojizas.

Algo más habrá que hacer, la honra del pepino español (y del tomate y de la lechuga y las sandías) está en juego. Llamarnos marranetes no debe salirles gratis, propongo que Ángela Merkel salga en las teles alemanas arrojándose ceniza sobre la cabeza, vistiendo un cilicio en las nalgas (porfa, yo quiero comprobarlo) y que todos y cada uno de los productores perjudicados (desde el dueño de la más importante empresa hasta el último inmigrante del mar de plástico de Almería) hagan cola para darle una patada en esa misma parte.

Ah, y además que carguen con nuestra deuda pública. Ya vale de quejarse de nuestra economía, de nuestros horarios de trabajo, de nuestras vacaciones o de nuestra jubilación. ¿Dónde queda ahora la eficiencia germana, la rigurosidad y la exactitud teutonas? ¿Qué hacemos ahora nosotros con ellos? ¿Cómo nos reivindicamos, cómo nos compensan, como nos indemnizan?

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