Palencia es una emoción:

09 mayo 2011

¡Que viene la derecha!

No sólo debía existir un límite en el número de mandatos; debería existir un límite en el número de veces que se presenta una idea en sociedad. De la misma manera que los líderes perdedores decaen y desaparecen las ideas repetidas, manidas y atrasadas deberían desaparecer.

La idea tan torpe esa de “que viene la derecha” la llevo oyendo desde que Adolfo Suárez fundó UCD. Juro que ya en aquellos prehistóricos tiempos alguien la dijo y sin embargo siempre hay alguien que la enarbola en cada convocatoria electoral. Seguro que a pesar del tiempo trascurrido sigue siendo eficaz. Dicen que los políticos nos tratan como a tontos y probablemente sea verdad porque es eficaz: somos tontos.

Personalmente me aburre sobremanera el mantra izquierdista sobre la inutilidad, la falta de ética y el radicalismo de la derecha pero sin duda alguna es eficaz y sigue arrojando numerosos votos en el capazo del PSOE. Para la España traumatizada por el franquismo no hay mayor desastre personal que ser apostrofada de fascista. Antes muerto que franquista, yo voto cualquier disparate, por muy disparate que sea, que los disparates de la derecha.

El franquismo no ha muerto, nos sobrevuela y ocupa clandestinamente nuestro cerebro, dirigiendo sin nuestro consentimiento –me refiero al de muchos ciudadanos votantes- nuestro tráfico neuronal, nuestro pensamiento y nuestros actos. A media España le parece más moral ser de izquierdas que de derechas, cualquier cosa revestida de progresista es necesariamente más valorada, aceptada y ensalzada por buena parte del pueblo llano.

Cualquier opción política que quepa en los anchos márgenes de la democracia debería ser igualmente lícita o moral, pero España post franquista no lo puede ver así. Los políticos lo saben y lo explotan. Los resultados que el PSOE va a obtener, al menos los que predicen las encuestas, lo manifiestan claramente: Somos tontos, o si no nadie nos vendería que la crisis es culpa de la oposición. O al menos no lo vendería quien negó reiterada, repetida y pertinazmente su existencia.

No sólo debía existir un límite en el número de mandatos; debería existir un límite en el número de veces que se presenta una idea en sociedad. Que viene la derecha, tengan cuidado, señores, aunque personalmente creo que no será para tanto.

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