Palencia es una emoción:

10 junio 2011

Carrión, friso románico

Entra el caminante contemplando sobre la muralla el pendón tremolante que afirma la pertenencia de esta tierra a Castilla desde que el mundo es mundo. Lo que antes fuera barrera militar es ahora invitación para entrar y deleitarse con una ciudad viva y animosa.

Sin olvidar el claustro plateresco de San Zoilo es el siglo XII quien señala el encuentro de Carrión con la Historia, encuentro que procura al románico uno de sus lugares más emblemáticos. Apenas llega el peregrino Santa María le saluda y salpica sus retinas de belleza y orgullo legendarios y él se para a leer sillares y arquivoltas que describen glorias y miserias medievales. Aquí se ha detenido el arte para contarnos nuestra Historia en leyenda de piedra, que es forma perenne de fijar quiénes somos y de dónde venimos.

El andariego entra y descubre Carrión y cómo bullen sus calles vivificadas por el Camino de Santiago, autopista que antes de que España fuera España trajo el hálito de Europa a estas tierras, sembrando lo que son ahora. Lo que somos ahora. Las gentes van y vienen, saludan y se despiden, compran y venden en un fluido homenaje al comercio y a la vida activa, impulsadas por un afán de progreso mantenido en siglos de relaciones mercantiles con un tráfico constante de entregados al camino jacobeo.

Pasa el peregrino ante la iglesia de Santiago, levanta la mirada y se detiene extasiado. Tiene miedo de parpadear, no fuera fugaz y pasajera la belleza que siglos de piedra le conceden contemplar. Mientras la arquivolta describe con solemne exquisitez rústicos oficios del siglo doce el friso es una ventana celestial abierta al estupefacto rostro del visitante, trasportado del acontecer terrenal a un lugar donde el tiempo no trascurre. Fija su atención en los pliegues de la túnica del pantocrátor y contempla en ellos la mano delicada del amoroso maestro que vuelca en su obra su ternura y devoción.

El río que da nombre a la villa la ciñe y refresca y endulza y ameniza. Los jardines que acompañan su ribera son homenaje al ocio y al descanso, homenaje más etéreo y transitorio que dovelas y capiteles, pero igualmente sugerente y necesario. Quizá Don Sem Tob o el Marqués de Santillana descansaran en esta ribera buscando inspiración para sus insignes obras.

Románico y plateresco, San Zoilo espera; el peregrino afronta el puente y dice adiós. Carrión es delicado pantocrátor que lleva en el pecho para pregonar esta tierra de Castilla que le prende el alma.

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