Palencia es una emoción:

21 junio 2011

Diputadillos en pantaloncillos y chancletillas

Los políticos deben ser ejemplares en todo, especialmente en su honradez, entrega, comportamiento y otras características de quien se debe entregar a la defensa de su pueblo. No sólo deben serlo, además deben aparentarlo, deben tener una apariencia digna, que señale la responsabilidad a la que se deben y la noble tarea a la que se dedican.

Pero la sociedad española hace mucho que entró en decadencia moral y desde entonces todo vale, sea en el aspecto exterior, en el comportamiento moral o en la ética profesional. Todo en nombre del progreso, del avance imparable de la modernidad. ¡Ozú!

Yo decidí no escandalizarme el día en que vi a un maestro dar clase en pantalón corto. Pensé con cuánta razón a veces los maestros han pasado a ser el hazmerreír de las familias y cuánto esfuerzo han hecho algunos para desprestigiarse. Casi como los políticos que padecemos. La caída de la valoración de cualquier colectivo no sólo se debe a los demás. Ellos mismos, sus miembros, pueden tener buena parte de la culpa.

Ahora en el Congreso, la sede del pueblo, la sede de la soberanía, la sede de la legalidad, la sede de la democracia, algunos diputadillos se han presentado en chancletas y pantalón corto. Diputadillos indignos de representar el poder que les hemos dado, diputadillos incapaces de distinguir su alta misión de la de cualquier perroflauta urbanícola. Si no se dan cuenta de la altura de su misión ¿Cómo van a representarnos?

Y en el congreso han decidido poner normas para impedir la indigencia mental de semejantes personajillos baratos que se empeñan en hacernos creer que todo vale, que el respeto no se exterioriza o que los valores sociales no tienen. Cuando algo tan elemental tiene que ser impuesto a sus señorías significa que otras tareas más pesadas les sobrepasan. Dejarles significaría que en poco tiempo se llenarían de tatuajes macarras e irían a las sesiones en su patinete infantiloide, eso que llaman skateboard en un estúpido e innecesario anglicismo.

No se trata de volver a las normas de urbanidad de principios de siglo pasado sino de estar acorde con la nobleza y la altura de su misión. Nada menos que representarnos a nosotros. Pero de misiones nobles y de altura personal no quería saber nada ni aquel maestro que daba clase en pantalón corto. País.

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