Palencia es una emoción:

24 julio 2011

El sentido del ridículo de Zapatero

Tengo ya demasiada edad para haber atravesado la vida sin haber hecho el ridículo en considerable número de veces, creo que ya lo he escrito antes. El que esté libre de culpa que me arroje la primera piedra. Pero la sensación de ridículo es algo interno, íntimo, relativo y más propio de unas personas que de otras. No todo el que hace el ridículo lo sabe.

Zapatero debe saberlo, sin duda lo sabe. España le trasmitió en las pasadas elecciones regionales y locales que había hecho el ridículo, que él y su política eran el hazmerreír general. Los avisos de políticos internacionales, llamándole al orden para que recapacitara en su absurda política, deben haberle hecho pensar. Pero que un miembro de su partido tan elevado e influyente como Felipe González retire públicamente las simpatías hacia el partido zapateril debería haberle llevado hacia el harakiri político, la dimisión inmediata.

No sólo tiene en contra a tres cuartas partes de España, cabe pensar que el otro cuarto le apoya o pasa a partes iguales, sino a socialistas españoles tan dignos y elevados como él pero más considerados internacionalmente. No sólo España le ha levantado en mayo el dedo corazón, sino que la burla se ha generalizado dentro de su propio partido, sólo la discreción y la formalidad debidas ante la clientela electoral que está detrás de cámaras y micrófonos impiden más manifestaciones como la de González. Si medio mundo le acusa de su desgracia, si medio mundo le llama incapaz, si medio mundo le abuchea clamorosamente… ¿no se siente ridiculizado? ¿No le dan ganas de no salir a la calle, de poner a otro, tal vez un teleñeco, en su lugar cada vez que hay que hacer alguna declaración?

Cuando me encuentro por la calle con alguien que me vio en situación comprometida o cuando me saluda alguien con quien no supe estar a la altura de las circunstancias me encuentro apurado, saludo disimulando prisa y siento deseos, según lo comprometido de la situación, de que la tierra me trague. ¿No siente Zapatero deseos de meterse debajo de la mesa cada vez que se cruza con un periodista, no siente deseos de mirar a otro lado cada vez que se cruza con un ciudadano, cada vez que lee las estadísticas de paro, cada vez que un titular de periódico deja en desnudo su incapacidad? ¿No le da vergüenza ser como es y haber hecho lo que ha hecho? ¿No es consciente del ridículo pasmoso que amontona sobre su cabeza?

Cuando le veo sonreír indiferente en las ruedas de prensa, cuando le veo efusivo con algún dignatario extranjero o cuando le veo con actitudes desenfadas en las reuniones de su partido me pregunto si no se da cuenta o disimula. Si es consciente de lo que todos o casi todos, incluidos miles de militantes de su partido, estamos pensando de él y de su capacidad política.

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