Palencia es una emoción:

15 julio 2011

Garón, seda verde

Cuando se me retuerce el alma y mi pecho se llena de ofuscación o cuando los problemas ocupan mi cabeza y enturbian mi agradecimiento a la vida me encierro en la paz de Garón; cuando el sol veraniego se derrumba con su mesetaria violencia sobre Castilla, amenazando a la vida e inflamando sus campos de aire espeso y candente, me encierro en la frescura vivificante de Garón; cuando la algarabía familiar, el alboroto ciudadano o la presión profesional desafían mi estabilidad me encierro en la soledad de Garón.

Garón es sueño alfombrado de verde, sombra envuelta en las sábanas sedosas del frescor, del silencio y la serenidad. Cuando llego, a veces andando si las condiciones lo permiten, todo se templa, las penas se sosiegan y los ardores se enfrían si sus sombras me admiten en su seno y me abrazan. La calma y la serenidad dominan el arbolado campo junto a la ermita, allí los apremios sociales se ahogan en la soledad del oasis perdido en Castilla, donde el bienestar se llama silencio, donde estricto verano significa dulzura.

Todo parece dormir hasta mi llegada, pero enseguida trinos y gorjeos me rodean, alas y vientos me dan la bienvenida y hojas y ramas se alborotan felices de verme regresar. Yo saludo con un guiño y una sonrisa y me pierdo entre rumores de agua y fragancia de hierba recién cortada, me diluyo entre mesas y sombras, ocultándome de groseros rayos solares que me buscan con obstinación estival. La barbilla al horizonte y la mirada lejana, me siento en la mesa más apartada y solitaria, dejándome acariciar por el viento, escuchando el despertar de la mañana, permitiendo que las horas se sucedan remisamente, con la filosofía del que no necesita más porque lo tiene todo, con la placidez del que espera sin prisa porque nunca pasa el tiempo.

Es Garón ermita muy querida en los alrededores, embellecida con un claustro vivo, laico y abierto a la naturaleza, envuelto en sagrado silencio burbujeante sólo roto por la algarabía de sencillos gorriones y solemnes cucos, de humildes grillos y altivas chicharras, que enormes árboles custodian sin saberlo mientras acompañan mis paseos infinitos, susurrando el nombre del viento en cada vuelta, acompañando mis taciturnos soliloquios con el cascabeleo de la fuente que anima y vivifica el secreto refugio al que con mis soledades voy, del que con mis soledades vengo.
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Viernes 15 de julio
Hasta aquí mi artículo para la prensa de papel. Lamentablemente después de haberlo entregado, sobre Garón descargó una enorme tormenta que ha causado serios daños. Parece que la Naturaleza torturó este precioso lugar para hacerle confesar el secreto de su encanto y su apacibilidad. Ayer jueves lo visité y tomé varias fotos, una de las más descriptivas es la que acompaña este triste colofón para mis blogs. Seguro que el ayuntamiento sabrá rehacerlo cuanto antes, les animo a recuperar con prontitud tan precioso paisaje.

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