Palencia es una emoción:

23 diciembre 2011

Un disgusto rajoyano

La verdad es que este artículo que pongo en sus manos, amigo lector, va a ser de los que más me cueste terminar, es tal el disgusto que soporto. Resulta que Mariano tampoco había pensado en mí. No quiero meterme con él antes de los famosos cien días, pero esto ya me lo olía yo. Después de que José Luis haya estado siete años haciendo que no me conocía he aprendido a interpretar determinados silencios; no era lógico, a pesar de la tan traída y llevada discreción de Rajoy, que pasaran los días sin que me enviase un SMS ni una triste llamada perdida.

La verdad es que no le arriendo la ganancia. Dadas las circunstancias, que los reyes (los magos; a los otros mejor los dejamos como están, que bastante tienen con los yernos) te traigan un gobierno es peor que una pedrada en el ojo. Cierto que durante cuatro años no tienes que preocuparte de tu casa ni de poner gasolina al coche, ambas las pagan los ciudadanos, pero ser presidente del gobierno te priva de muchos placeres de la vida. Un personaje casi tan famoso como Kiko (Rivera o Matamoros, pongan ustedes al que quieran) se pierde la posibilidad de pasar la tarde de los sábados paseándote en chandal y deportivas por el híper de las afueras de la ciudad.

Ser el primero entre los españoles tiene mucho fastidio, no puedes ir al campo de fútbol a chillar a la madre del árbitro, todo el mundo sabe lo que ganas y donde estás en cada momento, a tu hijo le señalan con el dedo por la calle mayor y del primero al último ciudadano te hacen responsable de su sueldo y su hipoteca. Seamos sinceros y reconozcamos que el horario de trabajo tampoco es ideal, hay horas en las que los teléfonos deberían estar prohibidos aunque se hundiera la Bolsa

Además, tanto para ser presidente como para ser ministro hace falta un aguante especial para resistir a los compañeros de los asientos de enfrente. Aguantar impertinencias de compas que te ponen de chupa de dómine hagas lo que hagas y digas lo que digas no figura entre las (escasas) virtudes que Dios me ha dado. La sesión de los miércoles, con ofensas y desprecios arrojados a la cara con envalentonada displicencia, es una muestra de las limitaciones intelectivas y culturales de los que creen que vociferar y ayudar son sinónimos. En esos casos es mejor dar la espalda, sacudir el polvo de las sandalias y dejar con la palabra en la boca a los que confunden el culo con las témporas.

Miren, la única ventaja que le encuentro al asunto es que para practicar idiomas y viajar mucho es un puesto de trabajo ideal. Eso sí, con altas posibilidades de que te despidan a los cuatro años.

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