Palencia es una emoción:

16 febrero 2012

El dolo vasco


Entre cien y doscientos mil ciudadanos vascos se han visto empujados al exilio como consecuencia de la presión terrorista. El miedo a las bombas, a las metralletas (¿No nos acordamos de cuando el populacho gritaba “ETA, ETA, ETA, más metralletas”?) y a la extorsión ha llevado a numerosas familias a abandonar su casa y su pueblo para enraizarse en otros lugares.

Algún día la sociedad entenderá que esa presión es comparable a la de los nazis contra los judíos y se hará justicia histórica. ¡Cuánto tiempo hemos empleados en memorias históricas sin querer acordarnos del pasado más, mucho más, reciente! Que la democracia haya seguido adelante sin detenerse a pensar en estos desheredados de la vida, sin amparar a los desterrados del terrorismo habla mal de nosotros y de nuestros prohombres.

De momento los desterrados trabajan y crean riqueza y puestos de trabajo en otros lugares, allá los gobiernos vascos que los han olvidado. Pero también votan en sus lugares de residencia forzosa, sustrayendo sus votos del país vasco, desequilibrando a favor del nacionalismo, ese nacionalismo que los ha excluido, los resultados electorales.

Urge recomponer esa situación; de la misma manera que algunos emigrantes tienen derecho a votar en las elecciones locales españolas, aun manteniendo su propia nacionalidad, las leyes deben facilitar que con mucho más derecho y legitimidad los amenazados por las pistolas y las bombas etarras puedan votar en los que hubieran sido sus lugares de residencia de no mediar la exclusión, la extorsión, la amenaza y el miedo.

El gobierno empieza a dar los primeros pasos en ese sentido, buscando siempre la legalidad para defender la legitimidad de ese voto vasco, propiamente vasco, y no adulterar las elecciones y sus resultados. El nacionalismo vasco no terrorista se ha visto beneficiado por esa situación, con escaños, poder y dinero, y puede entenderse que la mezquindad de algunos pretendiera mantener el dolo vasco. Pero debe llegar cuantos la hora de la recuperación de la normalidad, la hora de que los enfrentamientos electorales sean equilibrados y justos, de que todos los partidos jueguen con las mismas armas, las de la legalidad y la legitimidad.

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