Palencia es una emoción:

31 marzo 2012

Homer Simpson y los presupuestos del Estado


Miren, de economía sé tan poco como Zapatero, pero tienen ustedes la ventaja de que jamás pretenderé dirigir la economía española. Dados estos conocimientos que les digo no sé si los presupuestos que acaba de aprobar el gobierno serán buenos o malos.

Pero sí hay una cosa que tengo muy clara, todas las reformas laborales y económicas, todas, han ido contra la clase obrera y media y han servido de apoyo a los más ricos. Como una vez más acabamos de ver parece que jamás podremos acabar con los defraudadores que viven a sus anchas sin la más mínima preocupación de que Hacienda caiga sobre ellos con todas sus fuerzas. A los defraudadores tarde o temprano se les amnistía, unos y otros, de derechas o de izquierdas, en un país o en otro. Ha pasado en toda Europa.

A Zapahuero, el de las declaraciones grandilocuentes, el de los 13.000 millones gastados en rotondas, carriles bici y tapias de cementerio, le aconsejaban otros grandes socialistas que no dilapidara tantos millones, que ahorrara y se preparara para las vacas flacas. Pero el leonés que nunca dudaba vio brotes verdes en pleno desierto y prefirió hacer caso a nuestros modernos sindicatos y seguir derrochando a manos llenas, subvencionando con dinero que no teníamos, endeudando a nuestros hijos. A nuestros nietos.

No, no se me olvida cómo bancos, gobiernos y otras ¿doctas? instituciones de todas las orientaciones económicas y políticas nos animaban a gastar sin continencia, ofreciéndonos casas y coches, fiestas y viajes que algunos nunca podrán pagar. Llegó la recesión y antes que ella los desahucios, las quiebras empresariales y los despidos masivos. Cuando quisimos echar el freno ya era tarde y así nos vemos, avergonzados ante nosotros mismos por los errores cometidos.

Y llegan los presupuestos del PP; puesto que el derroche zapateril no sirvió para nada, salvo para aumentar nuestras deudas, parece haber sonado la hora de cerrar el puño, echar cremallera al bolsillo y frenar las inversiones. ¿Sin gastar dinero, sin invertir, crearemos riqueza para salir adelante o aumentaremos nuestra desdicha? Toda la Europa económica nos aplaude pero ¿es ésa la Europa del ciudadano o la de los mercados? ¿Nos aplauden porque nos conviene o porque les conviene? ¿Las condiciones laborales de nuestros hijos han de ser necesariamente peores que las nuestras? ¿Otra vez? ¿Así, reforma tras reforma? ¿Nos convertiremos en esclavos laborales como los niños de algún país tercermundista?

Pero tampoco se sostiene la retórica falaz, decimonónica y de reminiscencias marxistas de Rubalcaba. Seguir empeñado en dividir a la sociedad entre malos capitalistas y buenos obreros socialistas está más pasado de moda que el charlestón. A veces me pregunto si los políticos hablan para todos los votantes o sólo para los más torpes y cerriles. Los mensajes que nos envían parecen idóneos para mentes como la de Homer Simpson. Dado que un voto vale lo mismo con independencia de las luces y cultura de su propietario todo es posible.

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