Palencia es una emoción:

12 junio 2012

Justicia, a Bankia


Para la persona que se levanta cada día para ganarse la vida es difícil comprender lo de Bankia. En todas las empresas en las que pueda desempeñarse cualquier ciudadano hay un escalafón de personas dispuestas a dar la alarma en cuantito el negocio empieza a dar señales de peligro. Hasta en las churrerías de barrio.

Que el desastre haya pasado delante de las narices del director del Banco de España sin que se le achaque responsabilidad ninguna es difícilmente comprensible. Que personalidades de la importancia de Rodrigo Rato hayan dirigido Bankia mientras ésta se arruinaba y se vayan sin responsabilidades es inadmisible. Que expertísimos expertos (la redundancia es voluntaria) hayan controlado desde diversos puestos la marcha de la entidad sin expresar una sola queja, sin un solo gritito de sorpresa, sin un desmayo, sin un sofoco, es inaceptable.

Que tantos y tan sabios consejeros (profesionales, políticos o sindicalistas) se hayan ahorrado los consejos por los que cobraban, dejando así que se hundiese la entidad, es sólo admisible en un país de locos. Que dichos expertos cobren por sus consejos no emitidos (o mal emitidos, evidentemente) la friolera de millones que cobran es inmoral e injusto; que después del desastre todavía incidan en la burla y la ofensa a la ética y al español con jubilaciones impúdicas es obligarnos a pagar la cama después de abusar de nuestra buena fe.

El gobierno del PP que tan bonito nos lo prometía está callando, desviando la mirada e impidiendo las aclaraciones de quienes deben darlas en lugar público. Los españoles vamos a pagar, de una u otra manera, más tarde o más temprano, esos cien mil millones que nos acaban de prestar. No, no es sólo la Banca quien deberá soportar las duras condiciones económicas, sino que tarde o temprano esas circunstancias serán oportunamente trasladadas a los ciudadanos. Y, no se nos olvide, también nos serán impuestas nuevas y más difíciles condiciones de vida para poder pagar, a cambio de nuestra jubilación, de nuestras vacaciones o de nuestras pensiones, la ayudita que Europa nos ha proporcionado.

Negarlo es negar la evidencia, negarlo es llamarnos tontos y creernos excesivamente crédulos. Vale que seamos cornudos o apaleados, pero ambas cosas simultáneamente… no, por favor. Necesitamos que se haga justicia, que quienes tienen poder para ello entren a saco para contarnos con letras grandes y palabras claras quiénes se han aprovechado, quienes nos han engañado o quiénes se han equivocado, siendo muy generoso en la idea, hasta el punto de ponernos en esta situación tan grave para todos.

El PP debería facilitar la comparecencia de las autoridades en vez de impedirla, debería sentir lo que está sintiendo ese electorado que le aupó hasta el poder para deshacerse del político torpe que iba a aprender Economía en un par de tardes y no lo hizo en casi ocho años. Torpedeando la claridad y la justicia el PP puede haber empezado ya a perder las próximas elecciones. El ciudadano que asiste escandalizado a esta vergonzosa situación necesita razones, aclaraciones y actuaciones rápidas, efectivas y contundentes para dejar de pensar que “todos son iguales”. Porque si no sale una lista clara y concreta de ineptos o mangantes (¿o las dos cosas?) será entonces efectivamente que todos son iguales. Que el resto de partidos, excepto UPyD, se mantenga en el alboroto parlamentario, sin emprender ninguna medida efectiva también ayuda a expandir la idea. Que la justicia entre a saco y levante las alfombras y el parqué si fuera necesario.

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