Palencia es una emoción:

16 julio 2012

El de Pepa Fernández no es un programa cualquiera

No recuerdo ya los años que llevo siguiendo “No es un día cualquiera”. Me acompaña todos los fines de semana desde hace mucho tiempo, forma parte imprescindible de mi alimento espiritual tanto del sábado como del domingo cuando salgo a oxigenarme: físicamente corriendo arriba y abajo la ribera del Carrión, desde la universidad hasta San Miguel, y anímicamente con los comentarios e intervenciones de los invitados del programa, acertados, entretenidos y convincentes.


No voy a gastar una sola línea en defender la calidad profesional de cuantos intervienen en él, desde quienes dan la voz a quienes manejan los mandos, porque estoy convencido de que no es ésa la cuestión que analizan aquellos de quienes depende la presencia o no de esta emisión en las ondas.

Para mi sorpresa ésta es una de las piezas que el gobierno quiere cobrarse al hacerse cargo de la dirección de Radio Nacional. En un panorama español tristemente sombrío y enfermizamente politizado, que ha hecho del choque la manera cotidiana de sobrellevar la vida, hasta parece que un programa de entretenimiento debe ser objeto de disputa. Cabe suponer que Pepa Fernández tenga su propia ideología como todo ciudadano, pero habrá de admitirse que es extremadamente cuidadosa y discreta para no trasmitirla a los escuchantes, mostrándose siempre por encima de la batalla partidista cotidiana.

Cierto que algunos de sus invitados habituales son conocidos por su declarado credo político pero en “No es un día cualquiera” siempre se han manifestado dentro de un absoluto respeto, sin sectarismos ni críticas exageradas o desproporcionadas. En algún caso la popular presentadora ha reconducido acertadamente las circunstancias. Se trata básicamente de un programa “blanco” que seguimos miles de oyentes de todas las ideologías y maneras de pensar.

Si se suprimiera este programa del fin de semana supondría uno más de la colección de actos sectarios que jalonan la política informativa de los partidos, siempre preocupados por dirigir su programación parcial a las neuronas de los potenciales votantes. El gobierno estaría en su derecho, quizá simplemente porque todos lo hacen y porque somos así, pero sería un error que demostraría a todos los seguidores del programa (insisto: de ideología variopinta) que alguien no busca el bien de la emisora sino el bien de su bandería.

Hacer mi recorrido habitual aguas arriba y abajo del río Carrión los fines de semana del próximo curso será infinitamente más duro si no puedo contar con la reconfortante presencia de “No es un día cualquiera”

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