Palencia es una emoción:

06 julio 2012

Señoras buenorras


El sábado ha sido frío en Palencia y la Calle Mayor aparece semidesierta. Ilógico en el último sábado de junio. Yo mismo contra mi costumbre habitual salgo a dar un paseo y disfrutar de la ciudad.

Las terrazas están vacías y sus habituales se refugian en el interior. Las barras están muy pobladas y hasta hay cola para sentarse a las mesas. Encuentro acomodo en una esquina, pido mi consumición y de pronto oigo a mi lado una risa centelleante. A la vez veo revolotear una melena rubia que va y viene llamativamente.

Mucha carne a la vista; camisetita de tirantes perfectamente ceñida, profundo escote pregonando la mercancía, abundante maquillaje sabiamente distribuido por la cara. Airosa cintura al descubierto, bronceado cuidadosamente mimado. Y minifalda bajo la que asoman unas larguísimas piernas que finalmente desembocan en zapatos de aguja. La niña está todo lo buenorra que pretendió cuando empezó a engalanarse. Enhorabuena, objetivo cumplido.

A su lado estaba sin duda el objeto de sus desvelos: barba de tres días, sucio y gastado pantalón vaquero cortado a media pantorrilla, camiseta marrón desvaído con un incomprensible mensaje en alguna lengua bárbara, ni rastro de haber acercado un peine a su poblada coronilla. Evidentemente el descuidado aspecto es voluntariamente buscado.

Levanto la vista y veo que con ciertas variaciones el paisaje general es semejante: Ellas parecen siempre vestidas para acudir a la fiesta del palacio real mientras ellos, aquí el registro es más amplio, prefieren el aspecto descuidado, incluso ligeramente desastrado. El contraste se me hace llamativo.

Ignoro el motivo por el cual ellas deben proclamar espectacularmente su magnificencia física. ¿Qué les exige hacer obvios, en algunos casos burdamente obvios, sus encantos ¿naturales? mientras a nosotros se nos permite ir guarretes? ¿Dónde queda la revolución femenina? ¿Dónde están, porque sin duda existen, las mujeres que prefieren ser consideradas por otros valores personales que no sea el volumen de sus escotes o la longitud de sus extremidades?

Tanto progreso en igualdad social no ha logrado que nuestra sociedad considere a la mujer por su valor profesional o por su valía personal. Seguimos en el siglo XXI bajo el yugo de los anuncios con señoras preorgásmicas. Sin caer en las mujeres masculinas del feminismo de los años ochenta tiene que haber un punto medio en el que no valoremos a la mujer por lo buenorra que está.

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