Palencia es una emoción:

16 diciembre 2012

Y sin embargo, Rajoy


Tras su primer año de mandato el presidente del gobierno se siente a gusto en su puesto, se encuentra especialmente satisfecho con la reforma laboral y considera que los problemas están encarrilados. Infeliz.

Antes de que me lo recuerden algunos lectores: sí, sé que no podemos hablar del presente y del futuro sin hablar necesariamente de la herencia recibida y de la nefasta tarea del anterior presidente del gobierno, elegido simplemente por su partido porque Pasqual Maragall le prestó los votos necesarios pensando que era el más maleable, moldeable y manejable de los candidatos para sus intenciones catalanistas. Sin la pésima labor de este seudosocialista, pésima labor reconocida ya por algunos de los suyos, no estaríamos dándonos de tortas con la presente realidad.

Pero queda Rajoy. Con lo fácil que lo tenía. Cuando un nuevo entrenador sustituye a otro desacreditado por la realidad de las derrotas o del descenso basta con no parecerse al anterior para ser elogiado. Y sin embargo… y sin embargo, Rajoy.

Ha tenido delante la gran oportunidad de sacar adelante un Estado casi fallido, con lo fácil que tenía que resultar reformar las estructuras del Estado, recortar cargos, cerrar delegaciones innecesarias, unir autonomías prescindibles, evitar subvenciones parasitarias, suprimir estructuras de poder obsoletas, acordar ahorros con los rivales políticos, acordar leyes…

Y las Cajas de Ahorro ¿Cabe mayor desaguisado que el cometido en Bankia, en Caja España-Caja Duero o cualquier otro nombre presente en la mente de todos los españoles? ¿La persona que pone su firma en el BOE no podía haber hecho algo contra esas indemnizaciones millonarias a tanto directivo fraudulento, a tanto chorizo engominado? ¿Nadie podía haber perseguido el saqueo de las cuentas públicas, no se podía hacer nada por defender la decencia en la función pública?

Al fin y al cabo resultó mucho más fácil recortar el sueldo de los funcionarios como ya había hecho su predecesor, congelar pensiones como ya había hecho su predecesor, alargar la edad laboral como ya habían hecho sus predecesores, endurecer las condiciones de cotización como ya habían hecho sus predecesores, facilitar los despidos como ya habían hecho sus predecesores… pero llevándolo todo al extremo, dando un golpe más de tuerca, suprimiendo maestros, suprimiendo médicos, recortando el presupuesto de las escuelas, de los hospitales, de las universidades. Nada hizo, como sus predecesores, contra los privilegios de los diputados, nada contra los sueldos de infarto de alcalduchos pueblerinos, nada contra las prebendas de los infinitos cargos autonómicos. Nada hizo en defensa de los más débiles, ancianos “despensionados”, enfermos que ahora tienen que pagarse parte de sus recetas y de sus ambulancias, niños con menos maestros, profesionales autónomos sin profesión y sin autonomía... Y los partidos políticos y sindicatos multisubvencionados, eso sí.

Nada hizo, en fin, contra un Estado autonómico hiperdesarrollado, megalómano y manirroto, nada hizo por unificar autonomías inventadas y reducir parlamentos, presidentes, defensores y defensorillos del pueblo, ministros y ministrillos, coches y despachos, alfombras y maletines. Nada, salvo hacer daño a los más débiles. Con la mejor de sus intenciones, claro. Como su predecesor.

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