Palencia es una emoción:

28 enero 2013

Mecagüen la selección


Algún día tendremos un gobierno honesto y encargará un estudio sociológico sobre la influencia del deporte español en la manipulación de los ciudadanos. Algún día tendremos un gobierno honesto y encargará un estudio sociológico sobre la influencia de los triunfos del deporte español en la mansedumbre de los ciudadanos.

España acaba de proclamarse campeona del mundo de balonmano. Por segunda vez, al parecer. Estaba yo pasando la tarde en un lugar que se supone apartado del mundanal ruido y preocupado por otros intereses infinitamente más prácticos que un título honorífico. El deporte, minoritario además, debería haber quedado aislado en un rincón al que sólo los más fanáticos deberían llegar, sin embargo señoras a punto de ser ancianas, gentes con serias preocupaciones en la cabeza, que deberían estar pensando en asuntos más terrenales, salían por los pasillos y en vez de un saludo protocolario te encajaban en plena mandíbula un “Campeones de balonmano, otra vez”.

Estoy orgulloso de nuestros deportistas, claro, cómo no. Estoy orgulloso de… ¿de qué cojones sirve todo eso salvo para enmascarar la miseria y podredumbre de una sociedad enferma como la española? Mañana todos aquellos que esta tarde se han dejado los nervios ante la tele se van a levantar a la misma hora para, si tienen suerte, trabajar de sol a sol, con más responsabilidad que nunca, con más presión que nunca, con un jefe más cabreado que nunca, por un sueldo menor que nunca.

Y los que no sean afortunados se verán obligados a arrastrar su ronquera balonmanista por las calles mientras meditan los últimos cien mil noes a su petición de un empleo para poder alimentar a su familia. Sólo la estulticia es capaz de recurrir al pan y circo para, dos mil años después, consolar a un pueblo impotente, que ve más lejana su jubilación, que ve sus derechos recortados por unos partidos, el actual y el anterior, que echándose la culpa unos a otros no han sabido librarnos de las penas de este infierno capitalista en el que nos vemos sumidos.

Sólo la ceguera partidista, de éstos y de aquéllos, acompaña a la tontuna deportiva, Ronaldo y Messi por medio, para marear la perdiz social y dejar que por ceguera incapaz de aquellos la crisis haya ascendido hasta reinar en todos los hogares, sin que jamás hayan aparecido los famosos brotes verdes, y por imposibilidad manifiesta de los otros dejar que bajen los sueldos, las pensiones y los derechos mientras suben los precios, la edad de jubilación y el número de parados y empresas cerradas para satisfacción del Cuarto Reich de Herr Merkel.

Mecagüen las selecciones deportivas, mecagüen las competiciones, mecagüen los campeonatos, los jugadores y las diferentes ligas de solteros contra casados que de pueblo en pueblo salpican España todos los domingos. Mientras nos entontecemos con el color de una camiseta, en Catalunya los políticos se siguen embolsando un 3 o 4 % de cada obra… pagado con nuestros impuestos; mientras nos entontecemos con la música de un himno, un truhán del partido Popular reparte sobrecitos a sus coleguillas más queridos que extienden la mano mientras miran para otro lado; mientras discutimos por un fuera de juego, un golfo socialista paga a su esposa 3000 euros por un articulito bien apañao, que digo yo que según esa proporción los maestros deberían cobrar 50000 € y los trasportistas se deberían llevar a casa 100 euros por kilómetro recorrido.

Algún día tendremos un gobierno honesto y encargará un estudio sociológico sobre la influencia del deporte español en la manipulación de los ciudadanos. Algún día tendremos un gobierno honesto y encargará un estudio sociológico sobre la influencia de los triunfos del deporte español en la mansedumbre de los ciudadanos.

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