Palencia es una emoción:

16 julio 2014

Zapatro se quedó corto

Supongo que en verano hacemos más vida en común y que por eso estoy irritado. Las buenas temperaturas facilitan la convivencia, al tiempo que el calor nos vuelve más irascibles, así que la mezcla lleva con facilidad, al menos a mí, a la mala leche. Ustedes perdonen.

El caso es que estoy sentado en una terraza, aliviando los calores con una cerveza con mucho limón. Hasta hace unos momentos una pareja estaba a mi lado, charlando, bebiendo y fumando. Sé que no debería decirlo pero su tabaco me molestaba. Mucho. Como la ley estaba de su parte, como hay que ceder y convivir, me callé... Bueno, que no me quedaba más remedio porque Zapatero sólo prohibió fumar en el interior de los locales.

Pero ha llegado una familia, el padre lleva barba de tres o cuatro días, melenilla descuidada y marrana. Y esos horrendos pantalones piratas a cuadros. La madre, un top que dejaba ver su sobaco y los tirantes del sujetador. El niño... El niño iba de niño... De pronto algo ha hecho la criatura, pongamos unos diez años, y el padre le ha dado una voz: "¡Para quieto, hostias...!" La terraza ha temblado, se ha detenido el aire y el sol se ha parado a ver. Nadie se ha movido, todos hemos contenido la respiración...

¿Por qué Zapatero no prohibió también la mala educación, el mal gusto, las voces, la gente sucia y harapienta? El caso es que en cinco
minutos la terraza se ha quedado medio vacía. Sólo resistimos dos parejas en la esquina opuesta y yo. Y esta familia que les digo. Qué asco. Qué asco porque su presencia lo invade todo. No, no es su presencia, son sus voces, hablan a voces, se saludan a voces, piden a voces, preguntan a voces y responden a voces. Son barriobajeros, sucios y maleducados.

No, no me llamen clasista, no hablo de dinero, por ejemplo, hablo sólo de respeto, de saber convivir, de pensar en que los demás tienen derechos, no hablo de clase social, no me sean demagogos. Hablo de educación, hablo de que Zapatero, que prohibió acertadamente fumar en sitios cerrados, podía haber prohibido hablar a voces, vestir como haraganes, salir a la calle con aspecto desaliñado. Pero no, se paró en lo del fumeque. Qué error, qué torpeza. Ya puesto a ello podía haber prohibido personajes zarrapastrosos como éstos.


Y otro día les hablaré de esas familias memas que convierten pacíficos restaurantes familiares en campos de batalla donde sus hijos o nietos campean a su libre albedrío, como si no hubiera nadie más en el mundo. Payasos.

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