Palencia es una emoción:

01 agosto 2014

Hijos del futuro

Soy consciente de los graves problemas que tiene España, con tantas personas sin trabajo, con jóvenes obligados a la emigración, con desahucios y con empresas sin financiación y dificultades de futuro. Evidentemente estos problemas deben ser solucionados sin dilación, pues sin buenas condiciones económicas no hay un futuro aceptable.

Pero me asombra la inopia social ante otros problemas que empiezan a ser acuciantes pero que aún estamos a tiempo de resolver, que si no son abordados inmediatamente pueden llevarnos al colapso de la sociedad actual. Los problemas derivados de la escasa natalidad van a ser gravísimos, pero no hay conciencia social, no veo a nuestros próceres hablar de un problema que acabará con nosotros. Pensar “Que lo solucionen otros, eso a mí ya no me pilla” es esconder la cabeza bajo el ala.

No se trata tanto de un problema económico sino cultural, de manera de pensar, de vivencia social. Tener varios hijos se ha convertido en algo minoritario, trasnochado, propio de minorías sociales, étnicas o económicas. Nadie, entiéndanme bien, tiene ya cuatro hijos salvo gitanos, sudacas o fachas religiosos del Opus. Y como ustedes ven estoy dibujando el asunto con trazos muy gruesos para disimular su gravedad.

No se trata sólo de asegurar el futuro de las pensiones, en grave riesgo, sino el relevo generacional. Ya somos un país de viejos, en algunas generaciones seremos un país sin futuro y, aunque quede lejos, ninguno de nosotros lo va a vivir, quizá nuestros cerebros pensantes deberían poner algo de interés en ello.

Alguien debe promover una nueva filosofía social en la que la escala de valores recupere el aprecio que tener varios hijos tuvo una vez. Quizá sea el exceso de trabajo, o que hemos convertido el bienestar máximo en un máximo valor, o la incorporación de la mujer al trabajo (no, no propongo que la mujer regrese a la cocina) o por otras razones propias de la idiosincrasia actual, pero esto debería cambiar pronto. El envejecimiento social conlleva que una sociedad sea incapaz de mantenerse económica, laboral o culturalmente.


En los pasados años de riqueza económica, todos queríamos ganar más, el hedonismo se ha instalado entre nosotros convirtiéndose en un "aquí te pillo, aquí te mato", importando el disfrute inmediato, sin puntos de vista más amplios. 

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