Palencia es una emoción:

01 octubre 2014

El interesante caso del falso mesías

Todos los semidioses tienen los pies de barro. Nunca he entendido la vanidad de los políticos que se creen honrados porque el alcalde de turno les abra una calle con su nombre, por ejemplo. Hace falta ser engreídos y tontos. Engreídos como para creerse merecedores de ese honor cuando simplemente han cumplido con su deber de cara al pueblo, tontos como para no saber que otro alcalde vendrá que cambiará el nombre de la calle por el de otro político de su propio partido. Miren a Franco o a José Antonio, con lo que mandaban, pobricos.

A Pujol le está pasando lo mismo, alguno de aquellos a los que engañó durante más de treinta años le ha echado al suelo de una patada, quizá llevado por la rabia, quizá desengañado por la infamia que se escondía detrás de esos discursos pletóricos de llamamientos a la bondad humana, a la ética y a la honradez políticas. Es lo que tienen los ídolos, que tarde o temprano terminan por los suelos... En este caso, por la furia del mismo populacho que los encumbró.

Yo en cambio propongo levantar una gran estatua de Pujol en medio de las ramblas de Barcelona. Una estatua que agradezcan las palomas, que tenga la base bien ancha, fuerte y resistente, una estatua erigida a Jordi Pujol para recordar que el menos malo de los sistemas políticos tiene los pies de barro, para recordar que el pueblo no debe tener memoria de madera, para recordar cómo los políticos juegan con la voluntad popular, una estatua que sea permanente fuente de escándalo para la ingenuidad de los votantes, que sobre todo recuerde lo que pasa cuando los políticos tienen el control de los medios de comunicación, cuando los controlan o subvencionan. En definitiva, una estatua que nos recuerde que nos han timado, engañado y manipulado, que somos tontos del todo.


Bueno, no todos, sólo los que creyeron en el falso mesías y le votaron y mantuvieron en el trono durante muchos años.

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