Palencia es una emoción:

09 febrero 2017

España destruye a Castilla

Una de las cosas que más me molesta es dar la razón a nuestros dirigentes. Demostrar que quienes gobiernan están en lo cierto es lo más negativo para quienes nos dedicamos a opinar en público de aquello que sucede, no en vano lo que más repiten los lectores o los oyentes es aquello de “tienes que dar más caña”. Si los políticos acertaran, los opinadores, comentaristas y demás gente de mal vivir íbamos a desaparecer.

Pues qué quieren que les diga, Rajoy tenía razón “La electricidad está cara porque no llueve. Ya lloverá.” El pensamiento ideológico de Mariano Rajoy hecho mantra para que vayamos recitándolo mil veces al día: “No llueve, ya lloverá”. Repítanlo, repítanlo, señores, como los budistas, mil veces al día. Según vamos a la pescadería o al callista o a la peluquería… bueno, el que vaya: “Ya lloverá”. O en caso contrario: “Llueve demasiado, ya escampará”. Y arrasa en las elecciones el hombre. Definitivamente, Spain is different.

España ha tenido mala suerte con los últimos presidentes de gobierno, tal vez con todos, con unos más que con otros, pero con todos. ¿Saben ustedes cuál es la solución a la corrupción?: Esperar; esperar a que se pudra el asunto... o a que intervengan los jueces. ¿La solución política al desafío catalanista? Esperar. Esperar a que se pudra el asunto o a que intervengan los jueces, …o si hay suerte a que intervengan los catalanes no nacionalistas. Esperar, esperar.

Miles de catalanistas han apoyado a Artur Mas en su comparecencia ante los jueces (a la Pantoja y a Messi también los apoyaron muchos ciudadanos que disculpan la delincuencia según de donde provenga). Durante días todos los telediarios, todas las radios, todos los periódicos han abierto con el tema, como llevan haciendo milenios. Y los ciudadanos seguimos esperando. Protestamos de que Trump quitase el castellano de la web de la Casa Blanca. Pero con el ofensivo tratamiento al castellano en Cataluña seguimos la doctrina marianista: esperar. Con el desprecio a las leyes de los nacionalistas catalanes aplicamos la doctrina marianista: esperar. Con los papeles que nos han robado del archivo de Salamanca, seguimos esperando. Con decenas y decenas de piezas de arte castellano que están en el museu Marès de Barcelona seguimos esperando.

Pero hay cosas que no pueden esperar más, Don Mariano. Hay cosas que no salen nunca en los telediarios y no pueden esperar más: Nos morimos y esto no puede esperar más. No saldrá jamás en los telediarios, sino de refilón, pero la España interior se muere. Es decir, Castilla se muere. Y a nadie le importa. Usted no puede dejar esto para más tiempo. Sé que a usted las cosas importantes le abruman y prefiere dejarlas. Pero Castilla, desde el Cantábrico hasta Andalucía se muere, sin habitantes, sin industria. Sin futuro.

Los últimos quejidos por Castilla los dio la generación del 98, con andaluces y vascos a la cabeza. Hoy nuestros pueblos castellanos son un cero a la izquierda que no importan a los presidentes del gobierno. A los sucesivos presidentes del gobierno. Nuestros pueblos se vacían, se agotan; campos que hicieron la historia de España están hoy desocupados, desasistidos. Al final el poeta va a tener razón y hay dos Españas, la que sale en los telediarios y la que calla; La que se manifiesta con sus líderes, aún en la injusticia, y la que soporta todo sin una voz, la que desaparece en silencio, sin telediarios, sin focos, sin micrófonos, despacito, despacito. Cataluña es lo que importa. España es lo único que importa. Ya… será la España periférica la que importa. El interior es un desierto.

España es una rosquilla en cuyo centro está el vacío, es decir Castilla. Nada salvo Madrid. Viento y polvo. Tierra generosa,  desangrada en nombre de otros, discreta hasta la presente agonía. Mientras los gobiernos y la oposición, unos y otros en comandita, ponen sus miras en problemas suscitados artificialmente, empujados por intereses políticos, el último niño ha dado una patada al balón en Villarmentero de Campos, se ha cerrado otra casa en Santullán, y en el Boedo o en la Ojeda alguien más ha comprado otro billete para Bilbao. O para Frankfurt.

Pero Mariano y sus ayrgamboys de todos los partidos tienen sus ojos y sus orejas puestos en Barcelona. Esperando. A que llueva. O a que escampe. O a que nos veamos, como siempre, en el último entierro. Pero hay cosas que se mueren y no pueden esperar más: Castilla.

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