Palencia es una emoción:

27 agosto 2005

Odio Agosto

Yo dimito de agosto, quiero irme, desaparecer, evaporarme. No, no es que quiera irme de vacaciones, que ya lo he hecho a pesar de que ustedes sigan leyéndome estoicamente. No, no, lo que quiero es no estar. No estar en Palencia, no estar de vacaciones, no estar en ninguna parte. No, tampoco es que quiera morirme, les juro que la muerte, contra lo que cree un mal amigo mío, nunca me ha asustado lo más mínimo, pero no quiero morirme todavía.


Simplemente lo que quiero es huir de agosto, de sus temperaturas y de los becarios. De algunos becarios o sustitutos, claro, que yo también he sido sustituto. Si no fuera poco tener que soportar temperaturas para las que uno ya no tiene edad ni ganas, además están los sustitutos. Miren, este calor no puede ser bueno para nada, abruma, es insoportable, a veces ni por la noche se está medianamente bien. Ni siquiera este agosto, en el que afortunadamente la cosa no ha llegado, como hace dos años, hasta donde nos habían anunciado los agoreros del tiempo.


Sólo hay dos buenos sitios para resistir hasta que llegue septiembre. Uno es la sección de congelados de los supermercados, que además de ser una escuela entretenidísima de sociología urbana te deja estar a una temperatura soportable todo el tiempo que quieras. El otro es la propia casa. Atrincherado, digo. Te pasas la última semana de julio proveyéndote de todo cuanto vayas a necesitar, un libro, comida preparada, papel higiénico, bebida y tabaco, básicamente. Contratas un par de pelis por día a los de la tele de pago, bajas las persianas, echas cuatro vueltas a la llave y les dices a los vecinos que te vas a Fernando Poo, por ejemplo. Y te quedas tan a gusto, solito, sin calor, sin esas abrumantes masas turísticas en camisetas de tirantes que van y vienen sin saber a dónde. Que ésa es otra.

Pero además en agosto estamos en manos de los becarios, allá donde vayamos dependemos de becarios o sustitutos. En la radio se les nota más, claro. Porque la radio es voz y ellos, algunos, no saben vocalizar, hablan monótonamente, sin entonación, sin mover los labios, con indescifrable rapidez, sin pensar en lo que están leyendo, sólo deseando, Señor, que este cáliz pase cuanto antes.


Y en el banco. Uno va a hacer una simple, elemental y sencillísima gestión y de pronto se encuentra en las manos del meritorio de turno, “uf, es que este ordenador no le conozco y... ”. Los trámites se alargan irresolublemente, repletos de rectificaciones y de “espera a ver lo que sale que no sé si..”. Al final la cola de clientes se alarga y empiezan los nervios, las toses y los picores. Y alguna frase más alta que otra. Hasta que surgiendo de su recóndita caverna aparece el director de la oficina que supuestamente debería tener algo de responsabilidad en aquel lugar, toma el mando y vuelve a rehacer, paso a paso, la última media hora. Al final, ante una íntima desconfianza, uno termina por comprobar las operaciones en el cajero automático de la puerta, que es la única persona seria de la oficina y que no toma nunca vacaciones.


Debería haber alguna ley que obligase a que alguien con suficiente conocimiento de ocio y negocio permanezca a los mandos de la nave para que no haga aguas, y uso el plural conscientemente. Debería haber un automatismo semejante también en fábricas y restaurantes, en talleres y oficinas, en despachos y cafeterías. Me extraña que cuando las ciencias adelantan que es una barbaridad nadie haya inventado el becario automático, el sustituto cibernético que reparta las vacaciones sin que se resienta el cliente.


Alguna manera debería haber de evitar que de las cincuenta cajas dispuestas en el híper sólo se atienda en dos, y por dos jovencitas sobradamente preparadas pero carentes de experiencia y habilidad para atender antes del cierre a las doscientas mil personas que esperamos salir de la sección de congelados.








12 agosto 2005

EL CAMION DE LA BASURA

Conste que mi intención era titular “El camión de la basura volverá en septiembre”, pero me ha parecido demasiado largo y para atraer al lector y animarle a acercarse a esta columna puede valer tal y como ha quedado la cosa. El asunto es que Pepe Navarro vuelve a la tele y que todo parece apuntar a que en septiembre tendremos en nuestras pantallas este gigantesco camión de basura que conduce este ¿periodista? con el nombre de “Esta noche cruzamos el Mississipi”.
Yo sé que esto no es para asustarse, sé que a algunos de ustedes hasta les parecerá bien, pues es evidente que estos programas que jamás nadie ve tienen éxito porque tienen público; otros me estarán poniendo a caer de un burro y dirán que a qué viene este escándalo cuando ya llevamos varias generaciones de Crónicas Marranas. Por cierto, ¿saben ustedes que este programa ha hecho de su presentador uno de los periodistas más ricos de España? A Javier Sardá se le calculan unos 40 millones de euros, más de lo que ganamos usted y yo juntos en un buen año.
Bueno, pues, además de que no quiero perder la capacidad de escandalizarme, Dios me libre, es que el asunto es más grave que esto... Porque resulta que si la cosa prospera será Televisión Española quien emitirá este teleengendro. O sea que como quien no quiere la cosa lo voy a sufragar yo con mis impuestos. Y ustedes, claro. Y sus vecinos de enfrente. Y la señora que llama a la radio para decir dónde iría de vacaciones “si yo podría”. O sea: nuestros impuestos al servicio de la marranería, chabacanería y gilipollez absolutas. Voy a ver si consigo declararme insumiso a efectos de impuestos.
Cómprese usted un Gobierno socialista para que le hagan esto. La televisión pública en la competencia por la hediondez de las privadas. De alguna televisión privada. Hay veces que uno echa de menos a Alfonso Guerra. Con un intelectual como él en el Gobierno no había quien perpetrara semejante inteligenticidio, lo que no acabo de entender es que no aprovechara su larga vicepresidencia para colocarnos todas las noches dos o tres “Estudio Uno”, en blanco y negro a ser posible.
Porque material para el bullicio y la batahola hay más que suficiente en todo el mundo. Asuntos de los que tirar y sacar unos comentarios jugosos y escándalos vocingleros hay por todas partes, basta con echar una mirada en cierta profundidad a los diarios. ¿A que ustedes, aunque sean tan negaos para la cosa audiovisual como yo, también sabrían sacarle el jugo al siguiente titular que ha sido reproducido por lo menos en varios medios digitales?: “Un candidato a las elecciones locales en la conservadora Provincia del Noroeste de Pakistán vendió a su hija de 11 años como esposa a un rival para que éste se retirase de los comicios, y le pagó grandes cantidades de dinero”.
Anda que no hay coña suficiente para succionar en asuntos como éste. Entrevistas a uno y a otro candidatos, a la niña, a la madre de la niña, a la maestra de la niña, a la vecina de enfrente, a la alcahueta... Incluso se podrían celebrar debates sobre la noche de bodas.... el asunto da para varias ediciones del programa hasta alcanzar el share suficiente para que Pepe Navarro reúna también cuarenta millones de basura, ... de euros, quería decir.
Con la de noticias sabrosonas que hay en los medios para llenar programas, con la de noticias chachis para hacer risas sin tener que hurgar en la podredumbre. Imaginen ustedes qué geniales programas se podrían hacer con titulares como los dos siguientes que he sacado para ustedes de periódicos reales: “Un día de cárcel para un inglés que durante años orinó en los árboles de su vecino para evitar que crecieran”. O “Varios científicos descubren por qué los hombres no escuchan a las mujeres”.
Anda que no da para cachondeo ante las cámaras de televisión. Sin tener que cruzar el Mississipi .
http://pedrodehoyos.blogspot.com

04 agosto 2005

Se está preparando una nueva España con el apoyo del PSOE. El nuevo Estatuto catalán, ahora estancado, más las secretistas reuniones de PSOE y PNV demuestran cómo para el partido de los “Cien años de honradez” sólo cuenta el poder, quién lo tiene y cómo conseguirlo. Así las cosas, los pobres castellanos no pintamos nada pues no tenemos nadie que nos defienda ante la negociación de los nuevos presupuestos que empezará una vez reanudado el curso político. El PSOE no quiere para los castellanos lo mismo que impulsa para vascos, catalanes... y ahora los gallegos. Todo por el poder.
Ante esa negociación presupuestaria, en la que los votos catalanistas condicionarán el reparto de los dineros de todos los españoles, los castellanos no pintamos nada, somos unos invitados de piedra que dependen enteramente de esos partidos nacionalistas que arrimarán el ascua a su sardina y de un PSOE que tras bajarse repetidamente los pantalones se está quedando con el culo al aire.
Dependemos de partidos que jamás osarían pensar en los palentinos, conquenses o segovianos y de un PSOE preso de sus necesidades de votos que se alía con quien sea. Según las encuestas los castellanos nos tenemos por los primeros españoles y/o por más españoles que nadie, pero estamos pereciendo a manos de una España insolidaria e injusta que prima a partidos plañideros que demandan más financiación para su seguridad social mientras dilapidan miles de millones de pesetas en televisiones autonómicas al servicio del señor de turno. Los castellanos somos víctimas de una España en la que se gobierna con quien no quiere ser español y desea deshacerse de ella mientras chupa incesantemente de la mamadera de la financiación autonómica. Somos víctimas de unos partidos, ahora el PSOE, antes el PP, que apoyan la discriminación positiva de las regiones más ricas, más poderosas que tienen partidos propios que colaboran con el Gobierno de España... con el fin de independizarse de ella, en algún caso.


Si, según las mismas encuestas, los castellanos se sienten primero españoles y luego de su respectiva provincia, pasando por alto la etapa intermedia, no necesitamos para nada soberanía compartida, Hacienda Foral ni siquiera una televisión autonómica a mayor gloria de un gobiernillo regional que ni siquiera gobierna en toda Castilla. Por ello debería resultarnos imprescindible luchar por una autonomía con el mismo poder y fuerza que tengan las demás: No somos más que nadie, pero tampoco debemos ser menos. Detrás de las discusiones en Cataluña sobre su “estatut”, sobre el uso del término “nación” y sobre los derechos históricos sólo hay una cosa: la financiación, los dineros y las formas de quedarse con más impuestos de todos. Democracia es también justicia distributiva y compensación económica a los territorios más atrasados, envejecidos y despoblados porque sus hombres no tuvieron más bemoles que emigrar a esas “naciones” tan maltratadas por... nosotros mismos.
Esos partidos destrozaron Castilla cuando el inicio de la España autonómica, cuando nacionalistas vascos y catalanes temían la influencia y el poder una autonomía con 17 provincias que se encargaron de torpedear. Por ellos esta mala Constitución estableció una España con regiones de dos clases, según tuviesen o no partidos nacionalistas, siempre con el consentimiento culpable de UCD y del PSOE. Qué España más distinta tendríamos en el caso contrario. Algún día los castellanos deberíamos independizarnos de tanto majadero que habla catalán en la intimidad para que no sepamos lo que negocia a nuestras espaldas. En esto hay mucho que exigir al PP y al PS de Castilla y León.
El PP valenciano ha incluido en su estatuto un artículo por el que Valencia no renuncia a ninguna posibilidad que otras regiones puedan conseguir. ¿Qué nos apostamos a que Juanvi no tiene el cuajo de sus conmilitones y nos deja a la luna de Valencia?

01 agosto 2005

TERRORES VERANIEGOS

Ya sé que debo ser muy rarito, pero cada año, según la primavera va avanzando, empiezo a cuestionarme lo que llevo toda la vida pensando sobre el verano. Y generalmente cuando julio y agosto llegan se confirman mis temores. Tantos meses esperando las vacaciones, la holganza, la siesta, las noches fresquitas... y al cabo de los años empiezo a tener miedo de que llegue el verano, en fin...
Mi ilusión angelical por el verano me la empiezan a matar allá por junio, cuando alguien decide invitarme a la primera barbacoa, por mucho que uno avise de que las carga el diablo. Harto de buscar excusas inimaginables he de ceder, armarme de paciencia y acudir. No te preocupes, dice siempre el anfitrión, si no pasa na, si no hay peligros, si está to controlao, lo hacemos con butano y se acabó. Nada, nada, tú te vienes, que verás cómo saben las chuletillas y los chorizos, ni se nota el butano ni na.
Soy puntual, es una manía, qué le voy a hacer, y la feliz pareja de nuevos ricos, de pechos sobre la enorme barbacoa recién estrenada, me recibe con grandes alharacas, infantil algarabía y descuidado alboroto. Ella, con chándal y sandalias con tacón de esparto. Él, pantalón corto, camiseta de tirantes y zapatillas. Los nenes, con voces y lloros. ¿Por qué lloran tanto los niños ahora, por qué?
Cómo chorrea el sudor por la cara del cocinero, cómo le corre por el cuello y por los desnudos hombros y brazos, cómo resbala hasta las chuletillas. ¡Qué forma de arrastrar por los suelos el prestigio de la oveja churra! Cuando llega el momento definitivo suelo alegar algún vago problema estomacal y me busco un rincón tranquilo para pasar la tarde con un vasito de colacao bien frío. Y sin ningún disimulo aprovecho para cambiar los cuarenta subnormales por Onda Melodía. Buen gusto.
Pero el peligro del verano aumenta con el paso de las fechas y no cede hasta bien entrado el mes de octubre. Sí, octubre, porque una vez mediado el mes de julio los amigos y parientes empiezan a volver de sus vacaciones. Y tienen que contarlas, claro, que hay una especie de puja burgués-pijoteril por las vacaciones más exóticas. Lo que empezó cuando Fraga era ministro de Información y Turismo con un Pues he estao en Benidorm, oyes pasó en otro momento de pujanza económica por un Jo, tío, qué bien me lo he montao en Punta Cana, saes? y ahora nos llegamos en Quince días en Bali, qu’es que estaba mu estresao, tú. Y uno no se va quince días tan lejos, gastando una pasta gansa, pasándolo asín de mal en los aeropuertos si no lo puede contar. Estoy convencido de que se viaja para poder contarlo, porque contarlo no sólo es revivir los buenos momentos (lo de la pérdida de las maletas se omite), sino que supone sacarle mayor rendimiento al dinero empleado abochornando a las confiadas víctimas. Julio José, un amiguete bastante hortera que acaba de volver de Isla Mauricio, tiene todos los fines de semana hasta octubre completitos de visitas a las que contar el buen rollo que se montó en tan paradisíaco lugar.
Yo dividiría a los que lo cuentan en dos grupos: Los que te enseñan las fotos y los que te enseñan el vídeo. Personalmente prefiero a estos últimos. Los de las fotos son más pesaos, se tarda mucho más en ver una colección de fotos que una cinta de video. Porque no se trata sólo de las fotos, sino que además te lo cuentan todo, desde la hora a la que anochecía hasta el número de teléfono de la sueca que, este año también, casi se ligan. Y encima te hacen preguntas: Ésta es de cuando volvimos al acantilado de antes, ¿te acuerdas? Y como no te acuerdes te lo vuelven a explicar. Aaahg!
En cambio con el vídeo el tiempo está contao por la duración de la cinta, no hay más cera que la que arde y no se pasan todo el rato diciéndote que no pongas los dedos en las fotos, que se manchan. Además, como no tienes que usar las manos para pasar páginas, te suelen invitar a unas tapitas de chorizo con cerveza, algo es algo.
Para compensarte.

Seguidores del blog

Otros blogs míos.