Palencia es una emoción:

29 noviembre 2006

POLÍTICOS DE OPOSICIÓN

Estos políticos producen rechazo y sin embargo España parece decidida desde hace tiempo por el bipartidismo. Salvo los partidos nacionalistas nadie ajeno al PPSOE parece pintar nada en la política nacional. Sólo ellos parecen ser los encargados de alternarse en la dirección del Gobierno de aquí a la eternidad. Nadie parece poder evitarlo, sólo las influencias sesgadas e interesadas de los nacionalistas permiten evitar que en nuestro país esté todo dicho de antemano.
Por una parte tenemos un Partido Popular que, tras mentirnos para enviar a nuestros soldados a una guerra injusta, cruel e inhumana, se debate entre la derecha dura e intratable y la ineficacia de Rajoy, de cuyo nombramiento “digital” Aznar se debe estar arrepintiendo. Con lo que le está cayendo al pobre Zapatero y el PP no sólo no termina de imponerse sino que se “autodivide” entre esperancistas y gallardonistas. La derecha lleva sin aprender desde la República.
Por otra tenemos un Gobierno, cuya posición empieza a parecer demasiado dubitativa con ETA, que está metido en un callejón sin salida clara y no acaba de concretar cuáles son las consecuencias tan traídas y llevadas del robo por ETA de las 350 pistolas, ahora que la policía francesa no ha tenido más remedio que confesar lo que todos sabíamos. No basta con que Zapatero nos diga que los ladrones tendrán que responder ante la Justicia, eso es no decir nada, es esconder la cabeza debajo del ala.
Lo más llamativo del gobierno en los últimos días ha sido creerse en la oposición. Nos ha ofrecido un vídeo criticando la labor del Gobierno de Aznar. ¿No serán conscientes de que están Gobernando? ¿Qué han estado haciendo hasta ahora? ¿Se creen que están todavía en la oposición? Porque lo del video de Pepe Blanco no es sino una forma de oponerse a la actual oposición... a través de los pasados gobiernos de José María Aznar. ¿Tendrá que recurrir el PSOE a hablarnos de la guerra de Irak durante la campaña de las próximas elecciones autonómicas y municipales?
La demagogia de unos y otros no deja resquicio a la inteligencia y crece en todas las comunidades autónomas. Meter la patas hasta el corvejón es patrimonio exclusivo de nadie: «Una buena persona sólo puede ser, con placer y provecho, bilingüe» según dice el Departamento vasco de Cultura en su última campaña a favor del eusquera. Que se preparen aquellos que sólo hablen castellano: son malas personas, a la cárcel con ellos. Claro que hace unas semanas en Mallorca decían que hablar castellano era de pobres y paletos.
En Castilla y León también tenemos políticos para llevarnos las manos a la cabeza. Dice Ángel Villalba, ese candidato socialista casi tan desconocido como..., esto... como ése que presentan a la alcaldía de Madrid, que tiene una encuesta interna del PP (¡!) en la que reconocen próximas enormes pérdidas electorales. En el PP le han llamado falsificador y se han quedado tan anchos. Unos y otros, digo. Paz y gloria repartidos a partes iguales, nadie dimite ni va al juzgado ni siquiera se sorprenden. ¿Y semejantes impresentables quieren ser nuestros representantes dentro de unos meses? ¿De veras España es así? ¿Ése es el nivel cultural medio de los españoles? ¿Deben abrirse las venas los que no conozcan otras opciones electorales?
Es triste, ¿es posible que en toda España no haya otras formas de hacer política? ¿Es posible que unos y otros nos crean estúpidos manipulables a todos los votantes? ¿Es posible que crean que todos somos espectadores incondicionales de Salsa Rosa, la máquina de la verdad y programas de este tipo y esos contenidos? ¿Es posible que no se den cuenta de que algunos tratamos de pensar y a veces hasta lo conseguimos? ¿Es posible que nos merezcamos estos políticos? Algunos de ellos parecen más peligrosos que el Polonio-210, ese radioactivo mataespías.

UN PAPA A LA TURCA

En una época en que queramos o no hay un enfrentamiento entre dos religiones que separan dos mundos las palabras que el Papa pronunció en Ratisbona fueron una profunda equivocación. Aquéllas fueron palabras que añadieron innecesariamente más leña al fuego del enfrentamiento de las civilizaciones, fueron palabras que avivaron inevitablemente las llamas de la pugna. Cabe creer al Papa cuando por cinco veces tuvo que salir a explicar que ésa no fue su intención y que nada más lejos de ella que ofender a tantos millones de musulmanes.
Y sin embargo lo hizo, les ofendió. Ante varios cientos de miles de testigos presenciales y algunos millones a través de la televisión. Usted y yo podemos opinar lo que queramos en la barra de un bar o en la intimidad de nuestro hogar. Sin embargo ante un amigo o conocido musulmán nos deberíamos de cuidar muy mucho de pronunciar cualquier palabra que pudiera ser malentendida. El Papa prepara con antelación, o se los preparan, sus discursos. Alguien tiene que leerlos y corregirlos antes de hacerlo públicos y sin embargo nadie lo hizo. ¿Cómo pueden haber sido tan ciegos para no apreciar que en el siglo XXI no se puede citar alegremente a alguien del siglo XIV que además se las traía bien tiesas con los musulmanes de su época? Un mensaje no tiene por qué ser válido más de seis siglos más tarde, el mundo cambia, las circunstancias cambian y las razones también. ¿Acaso no estamos ya bastante enfrentados con ese mundo? No basta con creer que el Papa tenía razón, no basta. Hay cosas que también usted se calla cada día por no ofender a sus próximos, sea en el trabajo, en la familia o en el bar de la esquina.
No basta con saber que en el mundo musulmán se minusvalora a la mujer, cuando no se la desprecia directamente. Y añadan aquí cualquier otro aspecto semejante de la cultura y religión de esa parte del mundo. No siempre basta con tener razón, también hay que saber decirla, cuándo decirla y cuándo callarla. Nadie puede decir siempre aquello que le pase por la cabeza, aunque esté plenamente persuadido de tener razón. Ningún diplomático, y el Papa lo es, puede ir diciendo cuantas verdades, según su criterio, le vaya pareciendo oportuno.Un Papa debe buscar siempre la conciliación y huir de la provocación, sin embargo Benedicto XVI se equivocó en Ratisbona y con ello creó tensión, atizando el odio y el enfrentamiento que algunos desalmados están deseando. Como error diplomático fue grave, no en vano ha tenido que salir repetidas ocasiones a desdecirse, a explicarse y solicitar comprensión. Un error diplomático de neófito; él, que tanta experiencia tiene en ese mundo en el que la prudencia debe imperar, no debía haberlo cometido. De momento ya acaba de provocar una manifestación multitudinaria de rechazo. A él, a todos los cristianos y de rebote a todo Occidente. No es lo único que ha provocado. En Turquía el Papa está corriendo un grave riesgo de atentado y se va a enfrentar a un gobierno suspicaz y a la hostilidad de las masas más beligerantes. ¿No sería mejor haber escogido otras palabras?

24 noviembre 2006

DELENDA EST AUTORITAS

Antes de seguir adelante confirmaré al lector que soy parte directamente afectada por la situación escolar. Y lo soy por parte doble, como padre de una niña en edad escolar y como profesional de la enseñanza. Jamás me he sentido amenazado ni insultado, jamás he sido agredido. Afortunadamente, supongo. Sí que conozco personalmente menosprecio por ser miembro de una profesión seriamente devaluada, sí que conozco el “mindudeo” por parte de algunos padres que no estiman en lo que vale el trabajo de unos profesionales serios y concienzudamente preparados, duele que un “pelaborregos” rural, que apenas terminó en su tiempo la denostada EGB, sin más horizonte cultural que lo que digan determinados programas de televisión, diga “Eso es lo que dice mi hijo, ya sé qué tú tienes otra versión, pero ¿por qué te voy a creer a ti?” Advierto al lector que, aunque el padre se dirigía a mí, la polémica, a la que yo era absolutamente ajeno, era entre dos chavales. Mi único papel era el de simple oidor del ignaro padre.
Y es que ésa es la situación a la que un mal sistema educativo y social, arrastrado desde hace muchos años, nos ha llevado. Son los niños de hace veinticinco o treinta años los que hoy agraden, insultan o menosprecian a los maestros de hoy. Ése es el pecado cometido. Uno de ellos, en realidad. Hemos creído que todo lo que sonase a autoridad debía ser destruido porque era enemigo del bien supremo: la igualdad y la libertad. Nadie debía ser más que nadie, nadie debía ser superior a los demás. Viva la igualdad, viva el tuteo, viva el libertinaje, abajo las barreras. Y sobre ello hemos construido un sistema social, un sistema educativo en el que todo son derechos, todos son permisos y nadie ni nada debe poner límites a la “libertad” individual, cada uno debe poder hacer de su capa un sayo en nombre de la democracia (evidentemente con minúscula en este caso) y otras palabras altisonantes que se han repetido hasta la saciedad, aún a riesgo de quedar hueras, vacías de contenido y sin mensaje. Y en el nombre supremo de la libertad, de la democracia hemos tenido que inventar palabras nuevas para nombrar nuevas situaciones, como el “botellón”, o hemos barrido de nuestro uso particular palabras que consideramos antiguas, pasadas de moda y carcas como “usted”, “respeto” y “responsabilidad”, a las que poco falta para acusarlas de palabras fascistas.
Urge una reforma de valores sociales que sólo se pude hacer desde arriba y con el apoyo incondicional de los medios de comunicación, dado el tipo de país audiovisual que habitamos. Un país que queda perfectamente retratado por los programas que captan mayorías multitudinarias de telespectadores, empezando por aquellos infaustos del tipo de “Crónicas marranas” u otros más actuales que pueblan las noches (¡¡y las tardes!!) de nuestras variopintas cadenas de televisión. Es una labor ardua, lenta y difícil pero la única manera de salir indemnes de esta aventura aún con el paso de los años.
No, perdón, permítanme rectificar e insistir en que no es la única, no lo puede ser. Mientras tanto, mientras ese momento llega, habrá que acompañar estas medidas de otras que sean efectivamente disuasorias, que paren los pies a los delincuentes precoces dotando de autoridad a los directores de los centros docentes. La ridícula situación que se ha producido al castigar a unas niñas con cinco días de expulsión de su instituto por haber agredido y fracturado la pierna a otra deben desaparecer de nuestro panorama social. A parte de que las chavalas agresoras se estarán partiendo de risa (¡¡Encima no tenemos que ir al insti!!) dejan en muy mal lugar tres conceptos básicos en la escala social de valores: el de lo que está bien y lo que está mal, el de autoridad y el de respeto a los demás. Por lo menos, que seguro que habrá más que los lectores podrán señalar.

19 noviembre 2006

PEGAR A LOS MAESTROS NO ES UNA ENFERMEDAD SOCIAL

Antes al contrario es algo absolutamente comprensible, no hay de qué extrañarse. ¿No vemos a nuestro alrededor cuántas cosas se resuelven con un poco de violencia? Permítanme realizar la pregunta contraria: ¿Qué diferencia hay en nuestro mundo entre ser trabajador y honrado, esforzándose y luchando cada día, y todo lo contrario? Pues entonces, que sobran los maestros. Pero, coño, ¿no estamos viendo cómo el Gobierno recibe a Teodoro Obiang sólo porque tiene petróleo? Ricos (y salvajes), al poder. Pues a tomar ejemplo, leches.
Ninguna de las muchas causas con mayor o menos influencia en la actual plaga de agresiones a los maestros explica por sí sola lo que está pasando. Vivimos en una sociedad que ha avanzado infinitamente en lo cultural, si la comparamos con la España de 1966, pongamos, pero la carrera de Magisterio no parece haber acompañado a la sociedad en esa elevación cultural. Ser maestro es todavía una salida relativamente fácil de tres años más oposiciones, sin que los maestros actuales tengan aquella diferencia de nivel formativo sobre la sociedad que tenían hace cuarenta años.
Y eso cuando estamos inmersos en una sociedad en crisis. Crisis de la autoridad en varios sentidos: Cuando la Autoridad que nos gobierna no es un ejemplo de virtud o cuando se critica la autoridad del policía o juez y se les menosprecia por el simple hecho de ejercerla. ¿Cómo hablar de autoridad a unos niños que jamás la han conocido en sus casas, cómo hablar de autoridad a unos niños a los que nadie enseñó la diferencia egoísmo y altruismo, cómo hablar de autoridad a unos niños a los siempre se les ha hablado de derechos pero jamás se ha osado, faltaría más, hablarles de la otra mitad de la historia, sus deberes? Y no sólo estoy hablando de casos extremos, claro que no.
¿Cómo ejercer la autoridad ante unos estudiantes que comprueban fehacientemente que da exactamente igual ser ignorante que sabio, saber mucho que saber poco? ¿Pero hay algo que no se solucione con dinero por el medio? Ahí tienen lo de Marbella, por ejemplo. Pero si todos tienen los mismos derechos, si todos vivimos muy confortablemente sin necesidad de saber lo que es un serventesio. Y además: ¿No somos todos iguales, no tenemos todos los mismos derechos? ¿Pues entonces para qué la autoridad? Todos sabemos de todo, todos tenemos autoridad para todo. Pero si hasta hay quien entra en la consulta de la pediatra diciéndole: “Oye, maja, por qué no me recetas un...?” Lógico, en un mundo en el que algunos padres destripaterrones conceden a los niños de ocho años tanta autoridad y tanto crédito como al maestro, permítanme la confidencia personal.
Vivimos en un mundo de Gran Hermano y Salsa Rosa en el que la sabiduría y el conocimiento, y por lo tanto el esfuerzo para conseguirlos, están devaluados. Hoy más que nunca prima aquel viejo refrán que dice “Tanto tienes, tanto vales”. Y afortunadamente hay dinero a espuertas en la España actual. El maestro suele ser un incómodo personaje que rema contra la corriente social, que pretende exigir esfuerzo, que nos pide silencio y concentración, ay, en una sociedad estrepitosa y volátil. La imagen romántica del sabio y viejo profesor no existe, está sustituida por la de un pardillo que gana tres perras al mes, que se cree que sabe más que los demás y que eso sirve para algo. ¿Por qué concederle ningún prestigio si yo con mi taberna o pelando borregos, actividades por otra parte muy dignas, gano tanto como él?
Ah, y no nos olvidemos de las autoridades educativas, ésas que han puesto tanto énfasis en hablar a los padres de derechos, de comprensión, de bondad, de amistad (mentira, mentira) con los hijos, pero nunca se han atrevido a hablarles de exigencia y autoridad; ésas que han tolerado y permitido, e incluso impulsado, que en las aulas hubiera adolescentes predelincuentes porque no se les podía privar de sus derechos (¡¡), los mismos adolescentes sin desbravar que impedían el derecho de los demás alumnos al estudio, al trabajo, a la educación, a un desarrollo social armónico. Y a aprender mediante el esfuerzo. Esas autoridades que han consentido que los maestros permanecieran inermes ante aulas caóticas, en las que los peores padres y los peores alumnos hacen todavía gala de su impunidad, deberían pedir, arrodillados y humillados, perdón. Primero a los maestros y profesores, después a la sociedad entera.
En una sociedad así pegar a los maestros no es una enfermedad, es sólo un síntoma más.

17 noviembre 2006

UN MONUMENTO PARA JESÚS GIL

Pues estoy convencido de que Jesús Gil se merece un monumento en Marbella. Es más, creo que se lo debería haber levantado él mismo, quizá impulsando una cuestación popular para que así los suyos tuvieran oportunidad de rendirle pleitesía.
Jesús Gil debería ser el ídolo de España, todos deberíamos besar por donde él pisó, cuánto mérito debemos reconocerle. Seamos honestos y agradezcámosle que crease una escuela de seguidores a su imagen y semejanza, tan zafia y grosera; agradezcámosle su prepotencia y su chabacanería, propias de una nuevo rico sin urbanizar y que tantos otros le copiaron, pues por ellas hemos conseguido descubrir la maraña de corrupción que anidó en el primer despacho de la ciudad. De no haber sido por él no estaríamos ahora hablando de enchironar a tanto chorizo de mal gusto y sin ninguna clase, ignorantes forrados de dinero a fuerza de estafar al peatón social.
Tengan ustedes muy presente en la memoria los daños colaterales de la aventura saqueadora de Gil y Gil: Pensemos cómo este comportamiento de rapiña ha ido calado en nuestro país, cómo esta actitud depredadora se ha ido extendiendo por toda España como una mancha de aceite. ¿Cuántos Gil y Gil habrá por toda nuestra geografía que por proceder con discreción, elegancia y buena educación pasan desapercibidos en su irreversible labor de rapacería?
Y no se nos olviden aquellos pobres infelices propietarios de terrenos que se habrán visto obligados a malvender contra su voluntad para que tanto desgraciado disfrazado de señorito andaluz pudiera construir esas macro urbanizaciones a quince metros del mar. Acordémonos de cuántos honrados constructores habrán tenido que salir despavoridos de los predios gilistas para no tener que pasar por el violento fielato de Don Jesús y su alcaldía marbellí.
Y él y sus sucesores, éstos multimillonarios de cuentas opacas que pasan atropelladamente de la policía al juez y de éste a la prisión, ¿cuánto habrán contribuido al astronómico encarecimiento de los pisos? ¿En cuántos casos habrán forzado la subida artificial de los impuestos municipales para compensar el déficit del ayuntamiento? ¿En cuántos casos aquellos agentes municipales complicados habrán avasallado los derechos de sus propios vecinos en la seguridad de mantenerse impunes gracias al respaldo municipal que tenían?
Y no puedo finalizar este apresurado recordatorio de la villanía sin lamentar cuántos ciudadanos se habrán dejado impresionar por el pésimo ejemplo de estos mediáticos sinvergüenzas venidos a más que paseaban imbécilmente sus millones y sus putas por todos los platós de televisión.
¿Platós de televisión? ¿Un monumento para Jesús Gil y Gil? ¡Lo que se me acaba de ocurrir! ¿Saben quiénes se lo tenían que costear? Esa jauría insaciable que está viviendo a cuerpo de rey de esta carnaza atragantante, esos pedestres seudoperiodistas que han encumbrado a tanta gentuza miserable sin ningún valor social.
Que se lo paguen ellos.

16 noviembre 2006

Las pistolas de la gendarmería francesa

Desde pequeñito mi papá me dijo que había que ser bueno y educado, ceder el asiento en los autobuses a las señoras (bueno, él me dijo “en el tren”, que estábamos en Venta de Baños), ayudar a los mayores a cruzar las calles, que no debía tirar piedras a los perros ni hacer pis en las esquinas y cosas así. Me enseñó a apreciar a mis maestros y a respetar a las fuerzas del orden público. Mi padre tenía cosas así de antiguas, tan pasadas de moda que ya no pintan nada en un mundo moderno y globalizado como el nuestro. Antiguo que era. Si sería antiguo que hasta fumaba. Bueno, fumó durante bastante tiempo unos puros enormes, pero adelantándose a su tiempo abandonó este nefando vicio bastantes años antes de su muerte, los suficientes para que nadie pudiera achacarla al tabaco, o sea que encima perdí la oportunidad de demandar a las tabaqueras y vivir como un marajá.
Pero qué quieren que les diga, esas cosas calan en una mente infantil cuando llevas oyéndolas desde que empiezas a romper cosas y te dedicas a poner zancadillas. A tus propias hermanas. Así que terminan por dejar un poso que te marca definitivamente. Yo siempre que me acuerdo cedo el asiento a las señoras en el autobús cuando cada navidad cojo la línea B para ir al centro, que es que no se puede aparcar en ninguna parte; nunca hago la broma de acelerar en vacío cuando delante de mí cruza la calle un anciano; ya no tiro piedras a los perros, tengo uno maravilloso de agua que es parte importantísima de mi vida; a maestros y profesores los respeto a tope por múltiples razones, especialmente porque son compañeros míos, y no como algún que otro desmadejado padre que se rebota porque castigan a su hijo.
Y, ¿qué quieren que les diga?, siempre he apoyado a quienes tienen la ardua misión de luchar contra los malos defendiendo a los que somos buenos. Así que comprenderán que hoy me haya levantado con el ánimo de apoyar a las Fuerzas de Seguridad del Estado en su lucha contra el terror. Es más, en un gesto de generosidad propia del hijo de mi padre estoy dispuesto a apoyar a la gendarmería francesa, que siempre he sido un tanto francófilo, ustedes me sabrán disculpar.
Porque me asombra que la policía francesa aún no tenga claro quién se llevó aquellas trescientas pistolas, qué le vamos a hacer, con lo experimentados y listos que son los policías galos. Para personalidades elementales como la mía no es fácil comprender que aún no tengamos noticia de los culpables, con la de años que llevan los gendarmes compartiendo con la policía española estos feos asuntos del terrorismo. Hasta, sólo por un instante, me siento tentado de desobedecer a mi padre cuando me decía “Piensa bien y no mires de quién” y empezar a sospechar que la policía, no sé si la francesa o la española, está terriblemente desorientada. O interesada, vaya.
Aunque quizá sea que los restantes cuarenta millones de españoles somos unos ciudadanos simplistas, seguramente guiados por la mala baba que ni padres como el mío consiguieron hacernos perder, que pensamos políticamente posicionados que no hace falta ser muy listos para saber que quien robó tantísimas armas en el sur de Francia fue ETA.
Así que voy a reducir su campo de investigaciones: YO NO HE SIDO. Lo juro. No me investiguen. Si hubiese sido lo diría enseguida, que a mí se me escapan los secretos con facilidad. Y además: ya las habría devuelto, que no sirven para escribir ni para enseñar al que no sabe, mis únicas armas en este proceloso mundo. Si no tienen más que verme: hay días que pongo más atención que otros a mi aspecto, pero en cualquier caso estoy a años luz de esa imagen afectadamente descuidada que dan los etarras que salen en los juicios pasándoselo chachi piruli, empeñados en convencernos de que no les preocupan los treinta o cuarenta años que les van a caer.Yo le aconsejaría que buscasen por el sur de Francia, piensen en alguien que las necesite para negociar o para dar mítines o ruedas de prensa. Pero convendría que los fueran encontrando ya, que vamos a pensar que a la gendarmería francesa le falta presupuesto para armas reglamentarias.

12 noviembre 2006

UNA ALTERNATIVA PARA CASTILLA

Uno tiene muy claro que si entre nosotros hay alguna región con los máximos derechos políticos ésa es Castilla, que fue la que se entregó en sacrificio hace quinientos años para parir aquella nueva realidad política llamada España. Hasta tal punto Castilla significaba la comunión de todas las tierras que fue la gran rechazada cuando decidimos reconvertirnos en un Estado de regiones autónomas. Tal peligro debía representar que algunos se encargaron de dividirla en cinco comunidades diferentes para imposibilitar esa teórica labor. Mejor cinco autonomías de la señorita Pepis en vez de una sólida región con poder e influencia política, debieron pensar con la anuencia del poder central. Así han quedado arrinconados, ciudadanos castellanos, que no pintan nada en una España donde mandan y deciden los que se atreven a exigir al Estado cuántos cientos de millones debe invertir en ellos, millones que proceden, recuerdo, del dinero de todos.
Pero las cosas se empiezan a mover, una docena de partidos localistas, independientes y regionalistas acaban de coaligarse para que los desheredados de esta España injusta empiecen a tener voz, para que la voz de Castilla y León, y esperemos que pronto la de toda Castilla, llegue a oírse y puedan reivindicar que tantos derechos tienen los habitantes de un pequeño pueblo alejado de las grande rutas como los de las grandes megalópolis. El Estado debe hacerse presente también en estos abandonados lugares cuyos ciudadanos necesitan infraestructuras o asistencia médica, cultural y económica de la misma forma que uno... de primera autonomía. Todos somos ciudadanos de ese Estado y todos le pagamos los impuestos que nos demanda.
Estoy convencido de que si los interesados saben unir sus fuerzas, renunciar a aquello que puedan renunciar y apoyarse firmemente, ha nacido un nuevo partido que puede reventar de una vez esta situación de bipartidismo que impide a Castilla y León sacar la cabeza de la desindustrialización, de la despoblación y del abandono de las tradiciones y costumbres que nos identifican.
Y ahí está la madre del lechazo, permítanme esta licencia de la tierra, rehusar al egoísmo y a las miras a corto plazo, renunciar a cuanto de pacato, de aldeano y de mísero haya en los respectivos planteamientos individuales en pro de una aspiración mayor: que Castilla (y León, bueno) tenga una voz que los grandes dirigentes del gobierno puedan escuchar, con independencia del color político al que represente. Todos estamos hartos de que presidentes de Gobierno procedentes de nuestra tierra gobiernen para otros, de oírles “hablar en catalán en la intimidad” cuando políticamente les resultaba conveniente. Y conste que todas las concesiones políticas y económicas que se esconden detrás de esta frase de Aznar se pueden resumir igualmente en la riada de millones que Rodríguez Zapatero ha otorgado, muy graciosamente, con el nuevo estatuto catalán y que ya quisiéramos para nosotros. Los castellanos no debemos resignarnos a ser los últimos españoles en condicionar las decisiones ¡¡y las inversiones!! del gobierno central. Por dignidad.
De aquí se nos llevaron las industrias para después de instaladas en otros lugares llevarse también a los mismos ciudadanos que las ponían en marcha cada día. De nuestras minas se llevaban la energía con la que mover las industrias... de otros lugares. Que es lo que se está haciendo actualmente con la energía de nuestros pantanos o la de los nefandos molinos de viento.
Ante esta repetida situación los políticos de Castilla y León no deben permanecer callados, deben representar a los ciudadanos de a pie que no renunciamos a que Castilla ocupe el lugar que le corresponde en una España próspera. Si esperan ser la alternativa ciudadana de castellanos y leoneses mucho y muy inteligentemente han de trabajar. Algunas de sus pegas serán, sin duda, la financiación y el apoyo mediático, pero está demostrado que sin ellas y contra los medios informativos se puede trabajar con inteligencia y buena voluntad, buscando los yacimientos de votos, sabiendo dirigirse a los ciudadanos, planificando y utilizando estrategias inteligentes y convenientes, el futuro está por escribir.

10 noviembre 2006

QUE NO NOS LA TOQUEN (Y nos la están tocando)

Enseguida se ve cuando un político español es demócrata de verdad o simplemente ejerce de ello porque no tiene más remedio. A algunos, en cuantito empiezas a rascar en la superficie, les descubres que si hubiesen tenido la oportunidad habrían ingresado en el escalafón político del Régimen (franquista, evidentemente) con tal de hacer carrera y progresar en la vida. Les da igual ocho que ochenta, el caso es defender su carrera.
Cuando a un político le pones enfrente de una sentencia judicial que no le gusta suele notársele mucho. Los hay que disimulan su mala leche, fuerzan una sonrisa de circunstancias y exclaman: “Estamos en pleno desacuerdo pero la acatamos”. Lo que suele pasar es que al cerrarse micrófonos y cámaras dan rienda suelta a lo que llevan en su interior y de él salen actitudes y palabras poco repoducibles . No lo vemos, claro, pero lo sabemos. Bueno, pues contra lo que pueda parecer ésos son los buenos políticos, los que saben aguantarse y disimular. Y aceptan, aunque sea a regañadientes, las sentencias judiciales.
En los momentos presentes hay muchos políticos españoles que se han dejado el disfraz de demócratas en el armario y salen a la calle a pelo, dejando ver públicamente sus imperfecciones y exhibiendo sus limitaciones. Les hay que no se cortan un pelo y en cualquier declaración oficial se olvidan de que una de las bases de la Democracia es la separación de poderes, algo que los que ya tenemos unos añitos experimentamos con el franquismo, y piden clara y públicamente que la justicia se someta a los vaivenes de la política. Oiga, ¿y eso cómo se llama en Democracia?
Declaraciones de este tipo hemos oído ya muchas en los últimos meses sin que al parecer nadie se escandalice, nadie toque la alarma general y sus partidos sigan confiando en ellos. ¿Cómo es posible que un político demócrata, de un partido demócrata, critique la primera norma de la Democracia y no pase nada? Bueno, no sólo siguen confiando en ellos, la realidad es que les apoyan plena y contundentemente a pesar de semejantes dislates.
¿Qué cabe esperar de supuestos demócratas de toda la vida (hombre, ya bastante definidos quedan cuando se llenan la boca calificando de fascistas a los rivales que no piensan como ellos, pero no importa, déjenme preguntar sólo por preguntar) que, teniendo obligaciones de gobierno en una de las regiones autónomas más prósperas, industrializadas y vitalistas, se permiten presionar a los jueces retirándoles la casa que durante decenas de años les venía prestando? Precisamente en este momento, político, que no puede ser, ni aunque alguien se empeñara en ser excesivamente ingenuo, purita casualidad.
Si ya ridículo pero comprensible es que un estalinista como Arnaldo Otegui reclame a Zapatero que los jueces no encarcelen a un asesino en serie como De Juana (¿Qué sabrá el animalico de democracia y sus reglas?), lo que ya sólo cabe en libros de ciencia ficción es que reconocidos miembros del PSOE, de esos de una trayectoria intachablemente demócrata, se supone, pidan que los jueces adapten sus sentencias al momento político. Y quieren hacernos creer que son demócratas, oiga usté.
Por si algún lector nuevo llega a estas páginas le pido que ni se precipite ni saque conclusiones antes de tiempo, pues este columnista siempre ha mantenido, y en este blog permanece escrito, que Zapatero tenía y sigue teniendo todo el derecho a intentar lo que está intentando con ETA y que mientras se mantengan las condiciones que apoyaron las Cortes debe seguir en la labor. Eso sí, la regla básica de toda Democracia que no me la toquen.

07 noviembre 2006

QUE VIVA SADAM HUSSEIN

Ha acabado el inacabable cuento de juzgar a un tirano, sádico, asesino y genocida dictador. Y como todos sabíamos desde antes de comenzar el juicio, ha sido hallado culpable y condenado a muerte. En la horca, para mayor escarnio. A estas alturas a pocos ciudadanos conscientes le cabe la duda de los graves crímenes de los que se le acusaba y de su responsabilidad en ellos, nadie podía esperar otro resultado que su culpabilidad.
Pero ni la muerte de alguien tan repugnante como este feroz personaje resuelve ningún problema, quizá le valga a alguien para mostrar su firmeza, quizá le sirva para ganar unos votos o para acelerar su carrera hacia el prestigio y más poder. Pero las injusticias que se están viviendo día a día en Irak no se solucionarán con una crueldad más. Ni el orden ni el bienestar se van a instaurar de repente gracias a esta muerte. Y se trataba, según creo recordar, de llevar el progreso y elevar el nivel de vida, de instaurar el orden y la democracia en tan lejano país, no de dominarle, aplastarle y robarle sus recursos.
Con este asesinato legal Occidente no va a dar un paso adelante en su guerra contra el terrorismo, antes al contrario proporcionará una razón más a quienes no tienen necesidad de ella, aquellos que nos rechazan se sentirán aún más fortalecidos en sus argumentos, tendrán una razón más para apoyar la violencia y la crueldad contra un mundo que les da ejemplo de... crueldad, evidentemente. Occidente no necesita para nada tener sobre su cabeza la sangre de un perverso individuo que pasará a ser considerado como un mártir de su causa. La mayoría de los países civilizados rechaza la pena de muerte como una crueldad impropia de seres humanos y civilizados, ¿por qué añadir una infamia a la larga lista de torpezas que llevamos cometidas en esta etapa histórica?
Aún pasará tiempo antes de que se ejecute la sentencia, ni siquiera se librará este maníaco verdugo de nuevos juicios que le esperan, pero de momento ya sabe que al final de su camino está la horca, una de las más crueles formas de muerte, tan cruel que hasta en los más feroces países de occidente, aquellos, donde todavía se mantiene la pena de muerte, ha sido sustituida por más “humanizadas” (¡!) formas de quitar la vida legalmente, quedando ésta como un horrendo atraso propio de (in)civilizaciones sin Ley.
Occidente, que calló mientras le convino todas las barbaridades y tropelías cometidas durante el mandato de este déspota, consuma ahora otro error al mostrarse tan sólo discretamente en contra de tal barbaridad. Al no oponernos frontalmente estamos perdiendo una gran ocasión de enseñar a todo el Universo lo que para nuestra civilización representa la Justicia y de mostrarnos radicalmente opuestos a la venganza y a la ley del ojo por ojo. Occidente permanece culpablemente pasivo cuando el Gran Sheriff Supremo ha dicho, sin sorpresa para muchos, que esta condena a muerte “es un importante logro”.Que no maten a Sadam Hussein, que viva. En la cárcel.

06 noviembre 2006

EL ESFUERZO DE ETA

La verdad es que yo quiero muy firmemente que Zapatero se salga con la suya y consiga el final de ETA. Si todo esto acaba como él quiere pronto podremos vivir sin el lastre del último grupo terrorista de Europa. Claro que si entonces me paro a pensar que ese final de ETA le valdría muy probablemente para renovar su cargo de presidente del Gobierno me pongo a temblar y a buscar la manera de que lo uno no acarreara lo otro. Es entonces cuando caigo en la alternativa. Si Zapa-Cero no, entonces... ¿Rajoy? Y en esas empiezo a morderme las uñas y me dan ganas de no parar hasta llegar al codo, lo que seguramente duele un güevo. Y es que andamos entre Málaga y Malagón, de Guatemala a Guatepeor, que uno no sabe qué temer más. Denme cinco minutos que me voy a la farmacia por un par de kilos de pastillas de Tranquilina y me hago una tortilla para cenar.
Dice ETA que va a hacer un esfuerzo, lo que es para echarse a temblar. Yo sé lo que cabe esperar cuando un albañil hace un esfuerzo, lo que debo suponer cuando un estibador se propone un esfuerzo mayor del que hace habitualmente, sé a qué debo atenerme cuando un deportista hace un esfuerzo, pero ¿qué cabe esperar cuando ETA se dispone a hacer un esfuerzo? Lo dicho, pa echarse a temblar. El problema es que cuando veo lo fuerte que el Gobierno ha apostado por esta solución no sé qué pensar sabiendo cuántos votos de las próximas elecciones dependen de que esta historia acabe bien. ¿Hasta dónde estará dispuesto a ceder Zapa-cero para convertirse en José Luis I el Pacificador?
El buenismo de Zapa-Cero ya tiene a sus espaldas una trayectoria que examinar y el observador encuentra pocas cosas sólidas cuando se detiene a comprobar qué diablos hay detrás de esa sonrisa permanente y esas cejas diabólicamente arqueadas. Su empeño en que “To er mundo e güeno” (menos la derecha extrema, claro) me produce sarpullidos vistas sus débiles posiciones ante aquellos que han decidido echarle un pulso al Estado. La situación confusa de la política en el País Vasco, incluidas las alabanzas de Zapatero a un asesino en serie como De Juana Chaos, y la más que previsible repetición del tripartito en Cataluña permiten prever la sumisión de todo el Estado a las rígidas e inmutables decisiones de los nacionalistas, algo que conviene recordar a los más desmemoriados ya sucedió con Aznar.
Porque a servidor le parece meridianamente claro que el socialista es el único animal que tropieza dos veces en el mismo tripartito. ¿Para qué convocó Zapatero las pasadas elecciones catalanas? ¿Para repetir la misma experiencia? ¿Ha servido de algo la corona de espinas que Carod ha representado durante los tres años anteriores? ¿Ha servido de algo que Zapatero quisiera librarse de él hace unos meses? ¿No se va a repetir la situación dentro de dos o tres años? Porque cabe señalar definitivamente que mal que nos pese todos los ciudadanos de este Estado traidor y matricida estamos sometidos a la dictadura de las políticas catalana y vasca.
Todos, de una manera u otra estamos políticamente afectados por cómo transcurran los asuntos públicos de estas dos comunidades autónomas. Nadie del resto de España depende de lo que ocurra en Extremadura, Andalucía o Asturias. No digamos nada de Castilla y León, donde España, la mala hija, nació. No pintamos nada en un Estado que se olvida de nosotros, que dedica sus mayores recursos a promocionar aquellas regiones más ricas, prósperas, pobladas y.... egoístamente interesadas, tal y como sus políticos actúan.

02 noviembre 2006

EL TRIPARTITO HA MUERTO, VIVA EL TRIPARTITO

“Si lo sé no convoco estas elecciones”, ha debido pensar Rodríguez Zapatero. Eso, si damos por sentado que ha sido él y no Maragall, el de la doble moral, el que las ha convocado. El caso es que el nuevo Parlament no va a resolver nada o casi nada de los problemas que aportaba el anterior. La elevada abstención y la frescura que Ciutadans pueda aportar serán las únicas novedades en unas elecciones que plantea de entrada las mismas incógnitas que las anteriores. Eso y lo que ha perdido el que las ha convocado, claro.
Se repiten en lo básico las dificultades por las que va a pasar la legislatura catalana; CiU y PSC siguen, aún con cierto trasvase, con sus votantes clásicos y tradicionales, muchos de los cuales empiezan ya a acumular determinada edad, y me pregunto si no seguirán todavía con la posguerra y sus rencillas y resquemores en la cabeza.
Ambos son rechazados por un público que no se ve defendido por ellos quizá por ser castellano parlante y que tiene intereses, trabajo, hipoteca, hijos, muy olvidados por la política nacionalista que ambos partidos representan. La abstención ha sido un refugio cómodo al que muchos de ellos, más acomodaticios o inseguros, han acudido. La alta cifra de catalanes que han decidido no ir a votar debería ser significativa para aquellos que han hecho de la política su modus vivendi.
El gran éxito ha sido el de Ciudadanos de Cataluña, los “outsiders” decididos a combatir el sistema desde dentro. Que estén dispuestos a utilizar a partes iguales los dos idiomas oficiales de la comunidad debería ser un aldabonazo para muchos insensatos que huyen como de la peste de la Cataluña plural, y que generalmente son los mismos que han defendido a capa y espada la “España plural”. Su entrada en el Parlamento será una bofetada de aire fresco, digo bien, para los adormecidos parlamentarios del PSC y PP.
Han sido llamativas las imágenes, pocas y escondidas, que se han podido ver de este nuevo partido y sus seguidores en reuniones e intervenciones públicas. Sin grandes medios, sin grandes mítines, sin grandes entrevistas, sin la cobertura desmesurada que ofrecen las cadenas públicas a los partidos consagrados, se han hecho con buena parte de la juventud, una juventud que tiene el sentido común como bandera, que entiende que todos tienen los mismos problemas y los mismos derechos, vengan de donde vengan, con independencia de lo que piensen, de lo que voten o... de lo que hablen.
Aunque algunos no entendemos que sus principales impulsores no estuvieran al frente de las listas o respaldando públicamente mítines y apariciones públicas (¿No querían perder sus acomodaticias vidas? ¿No esperaban estos resultados y se escondían por si acaso?) “Ciudadanos” ha sabido acercarse a una nueva generación de jóvenes y a sus dificultades familiares, económicas o laborales. El problema para esta capa social no está en quién venció o perdió la Guerra Civil sino en pagar el piso encontrar un colegio en el que escolarizar a sus hijos o estirar la nómina hasta final de mes. Es gente que viaja y conoce otras culturas, que no permanece encerrada en las profundidades del pensamiento nacionalista, que conoce otras maneras de vivir y de pensar. Una nueva generación culta, que viaja y se relaciona con toda España y sin ver en ello ningún problema ha enviado a las catacumbas a una generación anclada en la posguerra.
Cabe desear que con estas elecciones germine una generación más abierta e ilusionada, dispuesta a tomar las riendas de su futuro mediante la participación en el juego político en vez de abstenerse de él. Esta ocasión debería ser la última en que tantos electores se quedan en casa por no encontrar un partido al que votar, aspecto al que todos los participantes en la vida política catalana deberían prestar mayor atención en este inmediato futuro que en el momento en que escribo se muestra complicado pues el tripartito que fue el problema se muestra sagazmente como la solución que no fue.

MECAGÜEN JALOGÜIN

Lo malo que tiene estar tan liado como yo es que en cuanto me descuido vienen otros columnistas y me pisan las ideas. Que quieres escribir sobre la extranjerizante memez colectiva de cada 31 de octubre... pues un par de días antes va Antonio Martín Valbuena y ofrece un artículo olé bandera sobre Jalogüin, convirtiendo tu trabajo semanal (o sea el mío) en un artículus interruptus.
Porque conste que me he quedado con la boca entreabierta y la mano perdida a medio camino entre mi ralo cuero cabelludo y el teclado, sin saber qué hacer con ella. Hala, Pedro, todo lo que fueras a decir ya no sirve para nada, ha habido otro más rápido, con más reflejos y con más categoría que te deja boquiabierto y sin novedades que llevarte al teclado. Gracias, Antonio, ésta me la pagas.
¿Qué puedo decir yo ahora? ¿Que lo del Jalogüin (les juro por lo más sagrado que lo de escribirlo así también era brillante idea mía despiadadamente pisada el martes pasado) me parece una majadería suprema, muestra de la estulticia popular y de la degradación cultural española? Pues ya lo han dicho, majo, y tú, o sea yo, te quedas en mero repetidor. Con la de alabanzas que podrían echarme algunos de ustedes si no pensaran que soy un vulgar plagiador...
Porque estoy firmemente convencido de que somos unos gilipollas que adoptamos rápidamente y sin criterio cualquier payasada foránea que nos llegue a través de las pantallas de toda condición que nos asaltan, predisponen y manipulan en este siglo XXI que tan rápido está corriendo. Cuando veo por la calle a un soplagaitas de metro treinta vestido de drácula con una calabaza en la mano me siento tentado de echarle una cadena al cuello y llevarle una temporada a galeras mientras aprende la rica y variadísima tradición cultural española. Normalmente suelo detenerme a tiempo porque hay una duda sempiterna que todavía no he alcanzado a solventar: ¿Quienes perpetraron al jodío enano, posiblemente en una noche de alcohol barato e inconsciencia juvenil, no serán al fin y al cabo los iletrados responsables educativos de semejante majadería?
Porque aparte de perdonar a la infeliz criatura, que no hace más que imitar lo que de un modo u otro le trasmite la sociedad, hay que pensar que probablemente los casposos padres que así proceden son unos retrógrados desculturizados (No, no busquen esta palabra, no existe pero describe muy bien lo que pretendo decir) cuyo paupérrimo espíritu sólo se alimenta de telenovelas venezolanas y baratas producciones televisivas norteamericanas para después de comer. ¿Qué puedes pedir a semejantes individuos e individuas cuyo mayor éxito cultural puede haber sido culminar los estudios de la LOGSE sin repetir más de dos veces?
¿Qué respuesta cabe esperar si les hablas de la globalización cultural, de nuestra rica tradición culinaria y literaria y de que prescinden de otros referentes propios como Don Juan o el Burlador de Sevilla? “¿Y ese Don Juan cómo se apellida?” -preguntarían mientras comen hamburguesas, oyen “Los Cuarenta Subnormales” y escriben a Santa Claus una carta yena de orribles faltas de ortografia. ¿Qué puedes esperar de una nación (perdón: “Nación” o lo que finalmente resultemos ser) que renuncia a sí misma y se echa de pechos en el regazo de cualquier nuevo rico, armado, peligroso y probablemente ignorante?
El caso es que.... (Jodé, al final resulta que me he puesto serio cuando sólo pretendía reírme irónica y despectivamente de tanta incultura disfrazada de George Bush en un baile de gala.) ...el caso es, decía, que me molesta la memez creciente de una sociedad opulenta y hedonista, que cree que tiene que ser feliz como sea, aún a costa de imitar soplapolleces extranjeras para parecer más cosmopolita y divertido. Y me molesta porque si seguimos con este proceso de sajonización (No, ésta tampoco viene) aspectos tan españoles como la siesta, la partida en el bar de abajo o las judías con chorizo corren peligro.
Y con esas cosas no se juega.

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