Palencia es una emoción:

26 enero 2010

Contra la cadena perpetua, ustedes perdonen

Antes de que numerosos lectores se me arrojen encima corro a afirmar que sí, que en abundantes ocasiones, con excesiva frecuencia, echo en falta una Justicia más… justa. Y si me permiten seguir sin enviarme a los leones les diré que también, que los asesinos de Marta del Castillo se están riendo de la Policía, de la Justicia y de nosotros. Y que la existencia de tanto preso peligroso suelto antes de tiempo, con fines de semana y otros permisos, debería ser algo a revisar a las primeras de cambio. De lo de de Juana, el etarra, ya ni les cuento.

Sí, es cierto, muy cierto, que la Justicia en España es un cachondeo y que los ciudadanos de bien somos los primeros paganos de errores incomprensibles que deberían ser corregidos inmediatamente y de los que deberíamos tomar nota en letreros luminosos para no volver a cometerlos.

Pero…, pero eso no justifica la cadena perpetua. Encerrar a un asesino “hasta que se muera en la celda” es un acto de venganza, no de Justicia. Es un acto de maldad, de crueldad, y aunque tal vez sea comparable a la fiereza que el convicto arrastre ésa no es la labor del Estado y sus instituciones. Un Estado existe, ente otros miles de razones, para establecer el orden y la justicia, no el desquite ni la represalia. No el “ojo por ojo”. El Estado tiene, debe tener, unas miras más altas que todo eso. Quizá baste con que aplique justicia de manera práctica, rápida y efectiva.


Si un culpable ha pasado veinte, treinta años en prisión, si los ha pasado de manera efectiva, sin redenciones excesivas, sin permisos estrafalarios, sin salidas irregulares, cuando salga será otro hombre, otra persona sin conexión con la que cometió el delito tantísimos años atrás, tanto tiempo no pasa en balde. Habrá pagado, insisto en que digo si lo ha hecho de manera real, sin alegrías ni generosidades legales, sus culpas, purgándolas completamente, poniendo a cero el contador de su deuda con la sociedad.

Cierto que estamos excesivamente acostumbrados a que algunos presos (los casos de determinados violadores o de asesinos de niñas son muy conocidos) salgan de la cárcel a convivir en sociedad sin estar debidamente reinsertados y cometan delitos durante sus “vacaciones” carcelarias. Evitando determinadas alegrías de ese tipo se evitarían reincidencias crueles.

No es menos cierto que todos reclamamos un cumplimiento más estricto de las penas, todos hemos oído miles de veces eso de “entran por una puerta y salen por la otra” refiriéndose a detenidos que visitan fugazmente las oficinas policiales. Eso es algo muy duro de aceptar para quien acaba de ser atracado o para quien ha sufrido en su familia una violencia feroz.

Pero a ello no pone remedio una cadena perpetua, eso no nos hace más eficaces contra el crimen, ello no supone que bajen los delitos. Sí, ciertamente satisfaría infinidad de ansias personales y calmaría la tensión nerviosa de muchos ciudadanos pero no nos haría más civilizados. Para ello bastaría con un funcionamiento más adecuado de las instituciones encargadas, bastaría con revisar con detenimiento el código de Justicia y proporcionar menos alegrías a los delincuentes reincidentes.

Casos paradigmáticos de la situación de la Justicia como el de “Rafita” o la perversidad y crueldad de los presuntos asesinos de Marta del Castillo no justifican la cadena perpetua, simplemente reclaman un mejor y más estricto funcionamiento de las instituciones. No obstante recordemos que todavía no se ha inventado un sistema penal que evite por completo la delincuencia, cerrando por tanto tribunales y cárceles. Por desgracia siguen siendo imprescindibles en todos los países.




2 comentarios:

Jack Presa dijo...

Magnífico artículo Don Pedro, mis máximas felicitaciones.
En españa, hay tanta ansia de venganza a causa de la mano tan blanda que poseen las instituciones jurídicas a la hora de actuar. Con ello no culpo a jueces ni carceleros, que simplemente cumplen su cometido bajo las libertades que ofrecen sus obligaciones, libertades, bajo mi punto de vista, que deberían ser limadas para actuar bajo un marco más estricto y riguroso, con el fin, como bien dice usted, de que cumplan cada uno de los días de los meses de los años que se le han condenado a esos 'malos'.

Su postura etico-moral-ideológica es tan respetable como la de cada uno de nosotros, y yo debo decirle que soy uno de tantos que piden a gritos la cadena perpetua. Quizás sea pasar de blanco a negro, quizás muestre el reflejo de un Estado vengativo, pero la muerte de un inocente a manos de un asesino no se paga con una condena y X dinero a los familiares. Pienso.
Un robo, un hurto, algo ilegítimo sobre un inmueble o cosa, se paga en cárcel o/y con una indemnización; pero la vida de un ser humano es mucho mas valiosa que todo el oro del mundo. No es una cuestión de venganza, ni de aprender la lección de que matar sale caro: es una cuestión de que matar es un verbo, sinónimo de un acto que como consecuencia deja una víctima inerte.

La justicia es justa, es igualdad entre el acto de delito y la consecuencia de ello con su castigo correspondiente. Que menos pues, que pagar uan vida inocente, con la vida del asesino.

Un fuerte abrazo compañero.

Anónimo dijo...

En el antiguo reino rumano de Valaquia existió, en la baja Edad Media, un príncipe llamado Vlad Tepes. Si a alguno de ustedes no le suena el nombre, existe un artículo sobre él bastante aceptable en la Wikipedia.

El caso es que el bueno de Tepes dejó junto a un manantial solitario el cáliz más rico del Tesoro Real para que todo el que pasara por allí pudiera saciar su sed libremente. Este hombre aseguró que mientras él viviese, ningún viajero, Valaquiano o extranjero, sólo o en grupo, a pie o a caballo, de día o de noche, tendría huevos a robar el cáliz. ¿Saben qué? Acertó. Durante años. Creo que todos ustedes saben quién era Vlad Tepes. Si no, infórmense sobre el secreto de su éxito.

En Senegal, según me cuenta mi amigo Mbake, la tradición (no tocada por los franceses) era que al hambriento se le daba de comer en la mezquita existente en cada aldea, donde tambien se le proveía de vestido, y se le ayudaba frente al infortunio.

Por ello no se entendía el robo, ni mucho menos otros delitos peores. Se aplicaba la ley islámica sin remisión.

Cuando se produjo la descolonización, una de las primeras medidas del nuevo gobierno "progresista" fue abolir la ley del Corán y sustituirlo por el código civil, con juzgados de distrito.

Los pequeños delitos aumentaron dramáticamente. No sólo robos donde nunca los hubo, sino tráfico de cannabis mientras aumentaba exponencialmente su consumo, y a poco reyertas y asesinatos. En resúmen, el crímen prosperó como la legionella en una ensaladilla al sol de Julio.

Inevitablemente, la gente se organizó y empezó a tomarse comunitariamente la justicia coránica por su mano.

Hoy día, en Senegal, donde no llega el estado (es decir, el 95% de Senegal) se consiente la aplicación de la ley coránica y ello mantiene el orden en el campo.

¿A dónde quiero ir a parar? No me gustan los dogmas. Ni siquiera los de mi religión y eso que es la única verdadera... Pero desde la instauración moderna del Habeas Corpus en Inglaterra hasta hoy el sistema garantista ha demostrado funcionar sólo en aquellos países (y momentos históricos) de gran fortaleza política y cultural.

Huelga decir que nuestra sociedad occidental, sumamente liberal, no atraviesa por el mejor momento de fortaleza de sus gentes ni de sus autoridades.

Creo que los hombres y mujeres honestos pueden vivir perfectamente tranquilos en un sistema que al delincuente probado (con todas las garantías) le inspire, si no terror, un inmenso respeto.

Y en primer lugar, temor hacia la reacción no de la autoridad, sino de sus propios vecinos.

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