Palencia es una emoción:

15 marzo 2010

Señores de ABC, déjense de pamplinas

Acabo de escribir otra columna a cuenta del descenso del consumo de vino y el aumento del bebercio cervecil en España. Al final me ha salido un retrato psicopatológico de España que me ha dejado mal sabor de boca, quizá porque son dos bebidas que no se pueden simultanear. El caso es que el mal sabor permanece y se me ocurre que nada mejor que dar un envite ideológico-imaginario en el “asiento” a Leire Pajín para quedarme a gusto.

Que es que en la edición digital del ABC, al menos en la digital, ofrecen un divertido juego para cambiarle el aspecto, el “look” diría un gilipuertas engominado, a la diputada planetaria del PSOE. Y ahí tienen ustedes por obra y magia del photoshop una serie de divertidas posibilidades de que Doña Leire alegre su estoico rostro de entrenadora de lucha libre, ahora con melena larga, ahora con media melena; ahora rubia platino, ahora de no sé qué extraño color, indefinido por indefinible.

Pero todo ello no sirve para nada. El lector siempre descubre debajo de los trucos informáticos el mismo rostro desmadejadamente adolescente, soso, difuso, insustancial, ñoño, inmaduro e inexpresivo, excepto cuando habla de su señorito, de Leire Pajín. ¿Y entonces para qué el invento? ¿Acaso no pervive, sea cual sea el disfraz, sea cual sea la peluca que se proponga, el cerebro obcecado, unidireccional, tenebroso, improductivo, desorientado y pasmado ante la realidad de Leire Pajín? ¿Acaso tras su mirada se puede percibir simpatía, originalidad, brillantez, ternura, afecto, armonía…? ¿O sigue manteniendo el mismo aspecto de cardo borriquero de siempre?

Miren, señores de ABC, déjense de pamplinas. Que ustedes nos propongan un juego para aligerar los contenidos de su periódico puede ser divertido, quizá alivien de gravedad la seriedad de los difíciles momentos actuales de España, quizá. Pero la próxima vez que nos sugieran cambiar de aspecto caras conocidas, aunque sea al modo intrascendente de un pasatiempo, por ejemplo, les ruego que escojan otras caras. Las de Belmez de la Moraleda, por ejemplo, caso en el que además nos ahorraríamos las críticas al cerebro de dichas caras.

Y nos íbamos a divertir más, seguro.

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