Palencia es una emoción:

19 marzo 2011

He vuelto, tantos años después, a ver una peli española


Los lectores estarán de acuerdo en que por los hijos cualquiera es capaz de los mayores sacrificios. Por compartir un rato con ellos somos capaces hasta de ver una peli española actual.

Eso me pasó anoche, mirusté. Acabados exámenes trimestrales y sin nada mejor que hacer y por aquello de complacer a mi familia me puse a ver “El laberinto del fauno”, ya ven lo que tienen uno que hacer por mantener la concordia familiar. Y claro, pasó lo que tenía que pasar, lo que ustedes ya suponen.

La historia principal es sencilla y fantástica, una niña es la encarnación de un ser fabuloso, princesa de un reino subterráneo. Para volver a su mundo ha de superar tres pruebas. Ésta es la historia principal, que el autor podía haber situado en cualquier contexto histórico y en cualquier país de la tierra, podría haber ocurrido al mismo tiempo que las cruzadas, que las guerras napoleónicas o que la guerra civil española.

¿Adivinan ustedes qué época que eligieron los autores?  ¡Claro, exacto! Adivinaron, la guerra civil española. Como parece inevitable la peli sufre uno de los males del cine español actual: es adoctrinante, radicalmente maniquea, tremendamente sectaria y repleta de pequeñas trampas que a un espectador inocente o con la guardia baja le lleva inmediatamente a dividir a los protagonistas en buenos y malos, los míos y mis enemigos. Lo que no entiendo es que después de tantos años no arrasen en las urnas los “Zejadores”, que no venzan abrumadoramente en las urnas, que necesiten de coaliciones para tocar el pelo del poder.

El protagonista, cuyo nombre ignoro sin sentir un ápice de vergüenza, representa a un militar franquista, tan malo, tan malo, tan malo que basta con verle para sentir repulsión, su aspecto parece un cartel ambulante que dice “Odiadme, soy facha”. Es insufriblemente machista, asesino, despiadado incluso con su propia esposa y ostentosamente deshumanizado. La cámara nos ofrece repetidamente sus maldades, las torturas que inflinge a sus víctimas y sus asesinatos por la espalda. Es odioso.

Por el contrario está el doctor del destacamento, la criada y algunos personajes del pueblo llano que son sanos, bondadosos, solidarios y sufridos resistentes. Otros personajes secundarios como el cura o el alcalde que acuden a una cena son... son como usted puede imaginar.

El sectarismo propagandista es insufrible, tedioso, impertinente y absurda y absolutamente maniqueo. Afortunadamente en mi familia se escucharon algunos comentarios como “todos eran igual de criminales, todos eran despiadados, todos asesinaban, todos mataban a la población civil, todos se aprovechaban del más débil”. 


Y luego se extrañan de que el cine español haya perdido cinco millones de espectadores. Bueno, siempre les quedarán las subvenciones. 

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