Palencia es una emoción:

25 junio 2011

Franco batasuno

Hemos emprendido una batalla por retirar de nuestras calles los nombres franquistas, que dedicar una calle a Queipo de llano o a José Antonio resultaba antagónico con la democracia. Y nosotros éramos demócratas, muy demócratas, más demócratas que nadie. Éramos demócratas antes de la Grecia clásica, fíjeseusté.

Y hemos reinventado la Historia a nuestra conveniencia para reivindicar al abuelo de ZapaHuero, pero sólo a uno, al otro mejor lo escondemos en nombre de esa misma justicia histórica. Y como a alguien se le ocurra el más mínimo elogio a Franco, aunque sea a los pantanos, se le caerá el pelo. No hay peor insulto que llamarle a uno “franquista”. Bueno, sí, “tonto de los cojones” que viene a ser lo mismo.

Pero no hay manera de eliminar el callejero etarra, calles y plazas del País Vasco llevan el nombre de secuestradores, torturadores y asesinos. Sin que nadie consiga borrar esas afrentas a nuestro sistema más democrático que el de Atenas, a decir de los exégetas. Los asesinos son buenos si tienen denominación de origen, o tal vez sea cuestión de la orientación política o que la causa en nombre de la cual ponen bombas ennoblezca esos actos inhumanos, el caso es que, mientras la democracia ha borrado del nomenclátor no sólo a Franco sino al más gris de sus gobernadores civiles, en esa superdemocrática Euzkadi personajillos de medio pelo cuyo mayor mérito en la vida ha sido apretar un gatillo por la espalda de un médico militar o de un chavalete que hacía la mili como conductor o escolta tienen su placa en el callejero, pongamos, de Hernani o de cualquier otro lugar.

Ah, y como a demócratas de toda la vida no nos gana ni la madre que parió a Pericles hemos dejado que los representantes de la tortura y del coche bomba se hagan con los impuestos de todos los vascos (“y vascas” que diría el giliprogre lehendakari anterior) para dedicarlos a... para dedicarlos a... ¿A qué se les ocurrirá dedicar el dinero público a los representantes de ETA? Item más: también tienen conocimiento de mi dirección y mis datos personales, hasta de mis ingresos y pagos al Estado. ¿Para qué los querrán, qué se les ocurrirá hacer a esta buena gente de Bildu con esos datos privados míos? Me pregunto si quienes han apoyado la aparición de Sortu-Bildu-HB en ayuntamientos y diputaciones habrían obrado igual en el caso de que en vez de marxistas a ultranza, radicales estalinistas, hubieran asesinado en nombre de Hitler. O Franco, Primo de Rivera y demás familia. Más: ¿Nos permitiríamos el enorme lujo democrático de dejar a los nazis entrar en los parlamentos? ¿O ya lo hemos hecho?

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