Palencia es una emoción:

12 noviembre 2011

Culos

Espero que ustedes sepan disculparme si después de haber dedicado mi último trabajo a la supuesta teta de Chacón he titulado el presente trabajo de la radical forma que ustedes han visto. Pero... es que hoy voy a escribir de ellos, que están muy de moda.

Andaba yo hoy disfrutando de las primeras horas una muy agradable mañana otoñal, paseando por las orillas de mi río Carrión y jugueteando con Fermín, mi más fiel amigo, mi mascota, mi perro de agua. Cuando ya llevaba cerca de dos horas de caminata, desde la universidad hasta San Miguel, vuelta por el parque Dos Aguas y bajando el río por la Fuente de la Salud, me he encontrado con dos personas sentadas en el respaldo de un banco, uno de los muchos bancos de las riberas carrionesas. Nada extraordinario de momento aunque estas ¿personas? tuviesen sus ¿pies? sobre el asiento de dicho banco.

La senda peatonal me llevaba necesariamente a pasar inmediatamente por la espalda de estos personajes de aires un tanto siniestros, más dada la soledad del paraje, así que me fue imposible dejar de observar cómo ambos no sólo dejaban al aire fresco de la mañana mesetaria sus riñones –allá ellos y su salud- sino cómo quedaban manifiestamente visibles sus calzoncillos y algo más que el arranque de sus respectivas posaderas. El espectáculo, repulsivamente peludo y desagradable, era de visión prácticamente obligatoria para todos los que pasábamos por ahí, muchos en un área de esparcimiento próxima a la ciudad, y me proporcionó tema de pensamiento para los siguientes dos kilómetros que me quedaban de caminata.

La imagen me parece perfectamente descriptiva de lo que está pasando con parte de la sociedad española. La degeneración social, de costumbres y de educación de ciertas capas sociales, cada vez en mayor número y más influyentes, acepta estos comportamientos como normales en nuestra civilizadísima y muy democrática España, arrastrando sin esfuerzo a un gran número de ciudadanos a los que parece que estos comportamientos resultan aceptables porque son progresistas, desinhibidos y rupturistas con costumbres y tradiciones habituales, por lo que en general son bien recibidos. Me parece a mí que muchos ciudadanos aceptan encantados estas situaciones al grito de “¿Facha yo? ¡Jamás!”.

Los pocos ciudadanos que consideramos esto como un retroceso en educación, urbanidad y buen gusto –sobre todo en buen gusto- solemos callar, sabiéndonos en inferioridad de condiciones para protestar, quejarnos o comentar lo más mínimo. Bueno, o temiéndonos una contestación acorde con la elegancia de la anatomía que tan generosa como estúpidamente muestran al público. Por otra parte hablar a alguien en la España de 2011 de decencia y pudor es acumular toditas las papeletas para que le llamen a uno viejo carcamal, facha irredento y miembro cavernícola de una especie en extinción. Y no, ¡facha yo, no!

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