Palencia es una emoción:

04 noviembre 2011

Palencia, nubes ebrias de metamorfosis


Noviembre moroso de otoño en Palencia. La crisis llora sobre la ciudad, bufa sobre calles y parques mientras las hojas muertas abofetean las caras ciudadanas como si fuesen los irresponsables políticos. El fotógrafo de la gárgola chorrea, cumpliendo impertérrito su misión. Pausadas horas lacrimógenas vierten su desprecio sobre nosotros y apresuran nuestros pasos en busca de refugio seco. Televisiones vomitan la macarra spanish way of life sobre espectadores insulsos que no comprenden que los protagonistas de la opereta cómica que ven son ellos mismos, que en realidad están contemplando sus propias miserias reflejadas en obscenas series de mucho séxito.

Palencia flota en nubes ebrias de metamorfosis estacional. La lluvia apresurada tamborilea sobre los tejados canciones de guerra anunciando nueva batalla electoral. Las estatuas de los ancianos del salón empiezan a sentir la humedad, se levantan y se van, hartos de aguantar bromas de adolescentes semibeodos con permiso de la autoridad. Mañana tendrá que buscarlos la Policía Municipal entre jardines de lodo y esbeltos chopos de hojas abrasadas por la caída de sol.

Irritantes monstruos venidos de ultramar pululan por las calles, burlándose, ignorantes, de nuestras tradiciones, de Don Juan y Doña Inés. Si Zorrilla levantara la cabeza nunca vendría a Palencia. Engendros y espantajos surgidos de películas ajenas se apoderan de lo que fuimos, sustituyamos al Burlador por la familia Monster y lloremos, pues, el hedonismo barato que seremos. Fluye el Carrión, oscuro y en paz, bajo el puente mayor y parece querer escaparse de una ciudad que no reconoce, que convertida en imbecilidad colectiva confunde los Cuatro Cantones con Manhattan, qué americanos somos, qué modernos somos.

Al fin aparecen los abuelos del Salón, abrazados y felices, convertidos en huesos de santos, pero nadie los reconoce, que éstos son tiempos laicos que no están para dulces si son eclesiales, vade retro. Se serena la noche y el Cristo del Otero, calado hasta los huesos, aprovecha el repentino sosiego, apaga la luz y se despide pronto. Mañana ha de levantarse temprano para buscar trabajo en talleres y fábricas, oficinas y tiendas, cualquier cosa con que arribar a fin de mes. Por la tarde en el casco viejo tiene un desahucio que frenar, la pancarta más grande, los gritos más crispados serán suyos.

Noviembre moroso de otoño en Palencia. Crisis llora sobre ella los pecados de rico epulón cometidos.    

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