Palencia es una emoción:

01 diciembre 2012

Ciutadans de Catalunya



En las pasadas elecciones al parlamento catalán ha habido dos notas –entre otras más- especialmente relevantes: Que quien convocara elecciones anticipadas con un contundente y claro objetivo quedó rotundamente desautorizados a pesar de haber escogido el modo y el momento de la convocatoria y que una minúscula fuerza antinacionalista -Ciudadanos- triplicase sus escaños. Todo ello, hay que entenderlo así, en medio de un parlamento netamente secesionista. ¿O sólo aparentemente? ¿Sería tan difícil la coalición entre CiU y ERC si ambos tuviesen como meta común e irrenunciable la secesión?

La prensa ha dedicado muchísimo espacio y muchísimos minutos a glosar las desventuras de Mas, pocas líneas he visto dedicadas a Ciutadans, los parias del nacionalismo, y sus logros electorales, quizá algo comprensible en un lugar en que la prensa está tan comprometida con el poder. Con los poderes.

Sí hay sin embargo un gran acuerdo sobre la proveniencia de los votos que han recibido: los desencantados del PP y del PSC. ¿Cuántos votos han perdido los socialistas y su trayectoria nacionalista, su gobierno tripartito de infausta memoria y su repetitivo acercamiento a las tesis nacionalistas? ¿Cuántos miles de papeletas, a pesar del masivo voto, ha perdido el partido heredero de Pasqual Maragall? La política de comprensión y apoyo, de compadreo hacia CiU y Esquerra ha recibido el rechazo de miles de ciudadanos que han ido con su voto a refugiarse en brazos de quienes prestaban más atención a sus problemas, algunos derivados de la crisis pero otros muchos derivados del empeño nacionalista. La política de desencaje de Cataluña dentro de España debe mucho a unos socialistas que están recogiendo lo que han sembrado.

Otro tanto cabe decir del PP, corresponsable también con los socialistas de la crisis económica y de la falta de soluciones. “Estancamiento” es la palabra más feliz con que se puede definir su resultado. Anda también el PP poniendo paños calientes a su relación –temerosos de ser tachados de españolistas- con los partidos catalanistas. ¿Cuántos escaños que podrían ser del PP han terminado en poder de Ciudadanos de Cataluña?

Ambos grandes partidos suelen ser poco claros e indefinidos, temerosos siempre de que sus decisiones les arruinen unos posibles pactos o un acercamiento al poder. Finalmente esa falta de claridad, de concreción y de definición han llevado sus votos a quienes han propugnado políticas especificas y fácilmente perceptibles por los votantes.

En Ciutadans se da además la renovación de la espesa y poco oxigenada sangre de la política española. Que viento nuevo airee los despachos y que nuevas neuronas empiecen a tomar las decisiones que rigen nuestra vida debe ser necesariamente bueno. Debe no obstante este partido ser consciente de su semejanza de criterios y de valores con otro partido al que cabe suponer gran pujanza en el futuro: hacer la guerra individualmente sólo trae dificultades y problemas, quienes pretenden los mismos objetivos deben trabajar juntos y aunar esfuerzos. De otra manera sus resultados tardarían el doble en llegar a cambiar la maltrecha sociedad a la que se supone que ambos quieren ayudar.

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