Palencia es una emoción:

02 junio 2013

Qué pactar

De pronto, como si alguien hubiese dado la señal de "tonto el último" se han puesto todos a hablar de pactos, todos quieren los pactos y nadie quiere quedarse descolgado. Eso sí, todos están de acuerdo en que el que debe de ceder es el otro, faltaría más. Pactos sí, si los diseño yo, si no...

Mala, muy mala debe ser la situación para que quienes han sido incapaces de ver esta crisis y los que no saben sacarnos de ella se pongan de acuerdo. Tantos años acostumbrados a vivir a costa de los errores de los demás, ganando elecciones por deméritos ajenos y nunca por méritos propios arrastran estas consecuencias. La razón soy yo, allá ellos.

Tiene todo el aspecto de ser una prueba, la última prueba, para evitar el desastre de una sociedad que se cae a pedazos, económica, política y socialmente. La ineficacia de un modelo social que pone todo su empeño en enriquecerse materialmente, en poseer lo que sea contra quien sea y por encima de lo que sea, se nos viene encima y este grupo de políticos que se alternan en el papelón de poli bueno y poli malo se juegan la permanencia, la propia y la de sus partidos, en este ineficaz drama que nos tiene abocados al descenso.... por el precipicio. O se las arreglan para solucionar esta crisis que nos han colgado a la espalda a obreros, funcionarios y jubilados (sí, y a pequeños empresarios) o vamos todos al desastre claramente anunciado.

Todo el empeño social parece destinado a solucionar la crisis económica sin que nadie parezca acordarse de la crisis social. Al parecer a nadie le importa que estemos sacando adelante generaciones de jóvenes sin criterios éticos o morales, para una parte de los cuales la diversión consiste en reunirse a beber sin ton ni son cada fin de semana, en llevarse a la cama cada semana a una persona distinta y en gastar hasta el último céntimo ...proporcionado por sus padres, faltaría más.

No, no hablo una ley de Educación, ésa que cambia con cada gobierno y que debería formar parte de ese gran acuerdo nacional que se prevé, sino de una moralización de la sociedad, que incluya hablar a  los niños tanto de deberes como de derechos, que les exija trabajo y esfuerzo para salir adelante, que incluya un claro mandamiento de respeto mutuo, que les enseñe que la vida es justamente lo contrario a lo que pregonan las series de televisión más conocidas, desde Aida, La que se avecina, Gran Hermano a otras marranadas semejantes. Y no, analfabetos sociales, no estoy hablando de religión, de cristianismo o de cuestiones semejantes, sino de hacer entender que el amor es una cosa y el sexo otra; que beber es una cosa y emborracharse otra; que divertirse es maravilloso pero no tiene nada que ver con el botellón. Ah, y que para salir adelante hay que currar como un negro, y permítanme esta expresión sin llamarme racista, vaya memez.


Y sí, efectivamente hay miles de jóvenes serios, responsables y laboriosos, la mitad de los cuales, según las estadísticas, tienen que irse al extranjero a trabajar. Como lo tuvieron que hacer sus abuelos. Todos ésos son los años que ha perdido España con estos gobiernos, con estos políticos, con este sistema. Es lo que hay que cambiar. Urge un pacto entre los partidos para solucionar los cimientos de una sociedad que se tambalea. Pero no, lo único que nos importa es el dinero, ése que nos ha arruinado.

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