Palencia es una emoción:

04 abril 2015

Felices Pascuas, lectores

Como muchos lectores habrán ya notado este bloguero tiene el gran defecto de ser conscientemente católico en una sociedad conscientemente laica, cuando no agnóstica o atea. Ruego a los lectores tengan a bien perdonar esta lacra que espero puedan encontrar compensada por otras virtudes. El caso es que a veces uno, sabiéndose parte de una minoría incomprendida, tiende involuntariamente a esconder sus desviaciones personales por aquello de no ser señalado con el dedo al montar en el autobús o al atravesar un paso de peatones, del mismo modo que se señala al pedófilo o al corrupto. España es una sociedad un tanto extraña pues considera injusto e indigno burlarse de un homosexual (ciertamente lo es) pero los católicos a veces tenemos que soportar miradas de comprensión por parte de aquellos ciudadanos más afortunados a quienes les ha sido concedido el acierto de ser laicos, ateos o simplemente indiferentes. Encaja adecuadamente en un país que no tolera la corrupción pero que se jacta de pagar facturas sin IVA.

El caso es que de mi criterio viciado por la religión católica tampoco escapa la Iglesia de abundantes críticas. Mi último reproche, al que no había puesto letra pero cuya música anidaba en mi interior, es el que el propio Papa Francisco ha hecho a los curas con cara de vinagre. Ser católico debería ser sinónimo de ser alegre, optimista y, perdónenme, fandanguero. Pero en esto de la tristeza, y ahí va mi reprensión, la propia Iglesia es culpable, a mi humilde, y ya digo que viciado, parecer. La Iglesia en algún momento de su largo pervivir ha errado en las ideas que nos ha trasmitido a sus fieles y ha cargado las tintas en la muerte y pasión de Cristo, acentuando que murió por nuestros pecados, por nuestra culpa y por nuestra redención, obviando sin embargo la Pascua. El carácter lúgubre español y la influencia histórica de la tenebrosa Casa de Austria (Felipe II a los mandos) han hecho lo demás.

La Pascua, a las débiles entendederas de este católico de a pie, debería haber sido el leitmotiv de la Religión Católica, quizá de todas las religiones. La resurrección, el gozo de la vida, ser salvados por Cristo, la recuperación de la esperanza, debería ser el horizonte al que todos mirásemos cada día al iniciar la jornada. Sin embargo para nosotros es más importante la Semana Santa, la celebración de la Pasión y de la muerte, que la resurrección, que la vida, que la esperanza. Que la Pascua.

La Pascua es la razón fundamental para ser católico, la Pascua debería ser el banderín de enganche para una religión de vida, de futuro, de luz. Que Jesús haya resucitado y sea símbolo de generosidad y vida debería ser definitivo en la religión católica. Sin embargo nuestra cultura, quizá no es solo cuestión de religión, siempre ha preferido celebrar la muerte. Goya, por ejemplo. A mi generación, esa generación de post-postguerra, se nos ha trasmitido la cultura del miedo, la cultura de la muerte, la celebración del dolor. Lamentablemente en España apenas tenemos cultura de Pascua, entre nosotros apenas hay conejos o huevos de pascua, tradiciones valiosísimas que perviven en otros países cristianos. Las ancestrales procesiones dolorosas, a las que por cultura no estoy dispuesto a renunciar, y los viacrucis han tirado más de nosotros, nos iba más el penar que el gozar. O eso nos han trasmitido.

En los últimos años se ha recuperado la costumbre de felicitar las Pascuas. Así quiero alegrarme con todos ustedes de que la Pascua haya llegado, de que Francisco sea un papa alegre y no con cara de vinagre, quiero alegrarme de que quizás, ojalá, las cosas estén cambiando, de que los católicos vivamos con más alegría y muy especialmente quiero desear que algún día a nadie sea comprensivo conmigo porque, pobre, sea católico en un mundo al que estas tonterías le trae al pairo. Hay una dura batalla de librar, hay quien puede presumir por salir del armario y reconocerse homosexual. Sin embargo los católicos cada vez tendemos a pasar desapercibidos, es curioso cómo las palabras se encogen, las miradas se abajan y los hombros se arrugan cuando públicamente alguien plantea estos temas en un colectivo…


Cristo resucitó, por tanto felices pascuas, muy felices pascuas a mis lectores, a varios de los cuales he tenido el placer de conocer personalmente en los últimos años, a veces con cientos de kilómetros recorridos para verme.

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