Palencia es una emoción:

11 mayo 2015

España cristofascista

Los españoles no escarmentamos. O no escarmentamos de haber escarmentado. Mi teoría es que acabamos tan hasta la coronilla de cuarenta años de franquismo que cualquier otra cosa nos parece mejor. Hasta la Venezuela podemista, hasta el gulag al que han sometido a Monedero, nos parecen confortables. Es la única explicación que encuentro a que un 16% de españoles quiera votar unas opciones que nos remiten a las libertades que “reinan” en Venezuela ¿Se imaginan un “Aló, presidente” presentado por Pablo Iglesias? Bueno, ¿se imaginan si fuese en Telecinco con Belén Esteban y sus lorzas grasientas en biquini? Solo el infierno de Dante sería peor.

El caso es que andamos bebiendo los vientos por cualquier persona, idea o aspiración que ofrezca imagen progre, de izquierdas, aunque sea vestida de andrajos. Cualquiera que diga que la culpa del terremoto de Nepal es del capitalismo, de España, del PP y del cristofascismo estará bien visto y se le ofrecerá un púlpito en cualquier televisión para regar la sociedad con sus proclamas. Los españoles de derechas viven en cambio acomplejados, escondidos en sus propias mentes, temerosos de ser descubiertos, son una casta especial en peligro de extinción porque entre el vulgo, a veces muy vulgo, subyace la estulta idea de que si eres de derechas eres tonto o culpable. A elegir.

Al español de bien le parece que la culpa de todo es de Franco, que el franquismo todavía vive y rige nuestros destinos. El PP, un partido desideologizado, equiparable a tantos otros de derechas de cualquier rincón de Europa, debe disfrazarse, disimular silbando al viento y hacerse pasar por partido centrista, ahí tienen la ley del aborto zapaterista en casi plena vigencia, para no ser apedreado por los demócratas; ahí tienen cómo se sudan estos demócratas centristas en las tertulias para no ser abucheados por un público que cree a pies juntillas el catecismo de las izquierdas pijoprogres españolas. Por cierto, en Francia, democracia de referencia y gobernada por el Partido Socialista, hay varios partidos de derechas, y no estoy hablando de los nacionalistas de Le Pen, que por cierto están rondando el poder.

Entre nosotros siguen los complejos, los miedos a manifestarse en público de derechas: ¿”yo de derechas? No, no, yo demócrata de toda la vida”. El caso es que el otro día hablando en una tertulia pública de noviazgos, matrimonios y emparejamientos alguien enunció que la suya era la visión marxista del matrimonio. En aquel instante me pregunté cómo alguien podía considerar el marxismo como algo actual y no superado por la Historia y cómo al interviniente no le daba vergüenza declararse marxista hasta para el matrimonio. Así que llegado mi turno declaré mi visión cristiana del amor, mi visión conservadora de la vida y mi visión castellana de España. Hala.


España es un país raro y acomplejado. Primero a PP y PSOE no les ha preocupado aliarse tradicionalmente con quien quiere deshacerla. En la actualidad la misma izquierda que defiende la unión de Rusia con las armas en la mano –la pobre Ucrania lo está pagando- o que porta la bandera del nacionalismo griego defiende que Cataluña tiene derecho “a decidir”. Y un grupo de españoles acomplejados los va a votar. Y si no estás de acuerdo eres de ultraderecha, cavernícola y fascista. Como poco, oiga.

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