Palencia es una emoción:

03 agosto 2015

Pablo,porfi, echa una mano a Venezuela

La que se está montando en Venezuela dejará en nada lo que ha habido hasta el momento en un país que registra más muertes que Siria. Si en España tuviésemos que guardar las colas venezolanas para comprar el pan nadie prestaría atención al independentismocoñazo de Mas o al destinochollo que le han encontrado a Wert.

He pasado la mañana del sábado asomado a mi terraza, leyendo la prensa digital, tomando un café y luego una cervecita, riñendo con la vecina de arriba e intentando ligar con la de abajo. Me ha dado tiempo a enfadarme porque no me salía el crucigrama, a escuchar las noticias y a preocuparme por la programación de Telecinco de este invierno... (¿Y si no me contratan este año a Belén Esteban?) En definitiva, ha sido una mañana tranquilita y relajada.

Solo me he alterado cuando he visto, otra vez, las colas en los supermercados venezolanos. Compréndanme, esperar me molesta. Mucho. Es una pérdida de tiempo que puede con mis nervios. Me molesta esperar el tren, esperar mientras mi mujer hace la compra, esperar en la consulta del médico y, no digamos, en la del dentista. Esperar es en sí mismo un fastidio. La de cosas que se pueden hacer en vez de estar esperando.

Pues en Venezuela se hacen largas colas hasta para comprar el arroz de la paella. Bueno, el del pollo.. Las colas han sido retratadas varias veces por los medios de comunicación, no son novedad. La novedad está en que ahora la han resuelto a disparos. La culpa, según Chavecito es de un general estadounidense que en marzo dijo qué... ¡Y qué más dará! El caso es que hasta las próximas elecciones la escasez va a ir aumentando,  los líos van a crecer y allí nadie va a estar preocupado por otra cosa que no sea las colas y la escasez de materias más elementales, desde el arroz o papel higiénico.

Y en estas estaba yo cuando me he acordado de diversos vídeos en los que los los podemitas más famosos y conocidos salían apoyando al régimen venezolano, elogiando sus logros y hazañas y cantado loas a Chávez y Chavecito... Y ello siempre con la voz inflamada de patriotismo bolivariano, con los gestos más dramáticos, con los tonos más embebidos y con la retórica universitariovallekana más entregada. Su voz trasmitía pasión y devoción a espuertas.

Y entonces me planteo... ¿Y por qué no se van a echar una mano allí? ¿Y por qué, en vez de predicar en esta tierra de pecadores, no se deciden, toman un avión y se van a dar trigo a Venezuela? Pero no de asesores, no. De ministros, eh, nada de intermediarios, o de jefes de secretaría por lo menos. Decididamente enfrentados a tomar el toro por los cuernos, a solucionarlo en cuatro días. La patria bolivariana se lo agradecerá y Chavecito también. Nosotros seguiríamos sus decisiones a través de la prensa, en vez de sufrirlas directamente en carne propia. Luego de esos cuatro días se vuelven a España con un indudable éxito a sus espaldas y se lo venden a sus electores.
Dado que van a ser decisivos en la próxima historia de España todos saldríamos beneficiados.
Al menos porque nos los quitaríamos de nuestras televisiones durante esos cuatro días.

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